Ceporrones

En Burkina, “el muerto se paga”. Es una expresión cubana, al parecer. Me la enseñó Jesús Bernad, que ha vivido alli tiempo. Ustedes, que saben más de Cuba que yo, sabrán si es cierto o no. A mí tres cojones me importa. Si no es cierto, viene a cuento.

En Burkina lo que se sostiene se mantiene con razones.

No hay mucho que discutir en el mundo de los gustos porque, según parece, sobre “gustos no hay nada escrito“. Está el mal gusto manifiesto y el buen gusto, que es algo que todavía una élite selecta puede distinguir aunque, con la debida pátina de tiempo, el acuerdo puede llegar a ser universal. Esto me hace ser optimista. En el mal gusto manifiesto tenemos el éxito explicable de la saga cinematográfica “Torrente“.  En el otro lado, el acuerdo universal sobre la genialidad de Gila.

Sobre el gusto hay mucho más escrito de lo que la gente se cree.

Decía Bil Hicks en uno de sus monólogos (están todos en Youtube con subtítulos): “Vivimos en un mundo en el que John Lennon fue asesinado, mientras Barry Manilow continúa sacando discos. ¡Maldita sea! Si vas a matar a alguien, ten un poco de buen gusto: yo te llevo a casa de Kenny Rogers“.

Nado contracorriente, lo sé, pero ya no admito nada en mi boca que supere el cepo 48 (a no ser que lo exija el guión). Trato de huir de los absolutos como terapia, pero en esta contínua renovación de mis valores he decidido desterrar la “desidia del fumador”. ¡El tabaco exige tu atención! Cuando leo en una cata que el tiro del cigarro es perfecto siempre me pregunto a qué se refiere el catador, ¿a que se fuma solo? Eso es lo que parece que buscan los nuevos fumadores: cigarros que se fuman solos, cigarros fáciles, cigarros que te ahúman la boca antes, incluso, de llegar a besarlos.

Pero la esencia del buen tabaco está en los calibres finos; la maestría del torcedor, su habilidad a la hora de disponer las hojas en el cañón y de equilibrar la liga, está en los calibres finos; la calidad está en los calibres finos; la elegancia al fumar está en los calibres finos y la comodidad en la boca, sin duda, está en los calibres finos.

Ya sabemos que fumar un lancero requiere de más esfuerzo que fumarse un tabaco de cepo 60, pero es que merece la pena. ¡MERECE LA PENA! Cito a Álvaro Muñoz Robledano quien, tras fumarse un Rey del Mundo Grandes de España (192 mm x 38), parafrasea a su vez a Jean Cocteau: “Lo fumé porque no sabía que era imposible“.

Anuncios

Un comentario sobre “Ceporrones

Agrega el tuyo

  1. Completamente de acuerdo con usted.Tengo para mí que lo de los cepos enormes ni siquiera es un asunto fálico, sino que se nutre del afán de ostentación social que, en mi opinión, es el peor enemigo del cigarro (aunque el mejor aliado del estanquero).
    Un saludo
    Fdo..Johannes Van O´Vienen, entre Holanda e Irlanda.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

BURKINA J'ADORE

Some roads you shouldn't go down

A %d blogueros les gusta esto: