Jaime de Juana, Regius y la rebelión contra tiranos

Uno, que tiene sus recursos, se mueve todavía con cierta soltura por la clandestinidad. Mola, no se crean; tiene ese gustillo un poco… Cómo diría yo… Procaz, golfo, canalla que tanto se aplaude en este país. Aunque después hay quien no sabe distinguir el mátiz pícaro que hace al caballero del cohecho puro y duro. Son cosas distintas. No estoy hablando de robar, ni de pagar dos millones de euros de fianza. Clandestinidad y rebelión romántica, de la que da sentido a una causa, mientras la causa dure, que ya lo dice Jesús Urceloy en su ovillejo:

Desde que acabó la traca
de las galaxias, oh espacio,
no hay quien aguante en palacio
a Leia, Han Solo y Chewbaca“.

Sí, amigos. una alcantarilla, un último refugio para pequeñas revoluciones sin sentido.

En Mandrilia, ese país sin presidente, mataron en su día a Voltaire y ahora están desollando a Rousseau y luego quieren decirnos que lo que defienden es la democracia, pero ellos no tienen ni idea de lo que es democracia. Sin Voltaire, sin Rousseau, sin el espíritu de la Revolución Francesa, que Napoleón se encargó de propagar por toda Europa contra los regímenes totalitarios, incluido el borbónico hispánico, no existe la democracia.

El gran corso, con su élan y su batterie des hommes sans pear.

Así que lo que nos queda es esa alcantarilla. La rebelión contra tiranos, siguiendo la clasificación de las leyes que son justas, y que se deben cumplir, frente a las injustas y que, por tanto, deben pasarse por el arco de triunfo en función de los criterios de Balmes:

  • Leyes contrarias al bien común.
  • Leyes que no tienen por objeto el bien común.
  • Leyes que, aunque sí tengan por objeto el bien común y emanen de la autoridad competente, no sean equitativas, es decir, privilegien a unos en detrimento de otros.
  • Leyes que exceden las facultades reconocidas al legislador.
  • Leyes impuestas sin ajustarse a su procedimiento establecido.

Como por ejemplo, la ley antitabaco de Mandrilia.

Solución: rebelión pura y dura. Buscar un restaurante donde nos dejen fumar (me podía haber ahorrado el rollo previo, pero entonces ¿para qué cojones madrugo? No sería yo).

Y los hay. Hay restaurantes que lo permiten. ¡Ya está bien de obeeeeeeeeediencia!

Corderos (y corderas, por si hay alguien del PNV leyendo). Que hay mucho lobo en esto, se lo digo yo, que he sido pastor.

A mí, si no me van a dejar fumar, generalmente, no voy. Hago mis excepciones, por supuesto: no voy a condicionar a todo un grupo de amigos por fumar (yo sí sé lo que es la tolerancia), ni voy a renunciar a su grata compañía, como ellos han aguantado años mi tabaco en las cenas.

Pero, para una comida en la que el objetivo es fumarse un cigarro, busco un sitio en que me dejen, que los hay. Y el otro espacio, el libre de humo (y de mí), se lo cedo gustoso a Ana Pastor, Trinidad Jiménez, Elena Salgado, a sus voceros, pesebreros y a todo el lobby farmacéutico. Salud para todos. A meterse chutes de nicotina en forma de parche.

Que eso es muy sano. Y muy rico. Marida de puta madre con una inyección subcutánea de Sinedín Sidán 500 mg.

Dicho esto, quedo para comer con Jaime de Juana, costumbre que mantenemos de forma regular desde hace tiempo con la única y malsana intención de compartir un rato y un cigarro y, por supuesto, busco ese restaurante en el que nos permiten fumar.

Esa alcantarilla infecta. Libre.

¿Dónde? ¡Ah! En Burkina, donde hay libertad. Y todos los que allí estaban, querían fumar y fumaron.

Comimos, charlamos, tuvimos nuestro rato de lo más gustoso con una copa de vino y un Regius Robusto (123 mm x 50), un cigarro de buena factura nicaragüense, elaborado 100% con tabaco nica, que comienza muy punzante, casi demasiado, pero que después se va suavizando hasta llegar a una fumada más tranquila, muy rica y aromática con puntas dulces muy agradables.

¡Hasta vinieron a preguntarnos qué estábamos fumando porque olía muy bien!

Y no, no era Elena Salgado, que fuma acelgas, ni Ana Pastor que sólo come grelos.

Con Jaime de Juana tengo muchas cosas en común, entre las que está, desde luego, la mutua admiración por su patrón Manuel Quesada, que en varias ocasiones me ha abierto su fábrica en Santiago y me ha dado la oportunidad de compartir un tabaco y de charlar largo rato con él, incluso cenar, y aprender de este mundillo loco y apasionado. Lástima que aún no se haya decidido a traer a España el que para mí es su mejor cigarro. Manolo sabe a cuál me refiero.

Buen cigarro Regius, de nombre tan solemne que, además, viene al pelo para el tema de esta entrada que es el tiranicidio. Porque allí, fumando y disfrutando de esa parcelita de libertad, con mi amigo Jaime, entre el humo y las risas, las anécdotas del pasado y una mirada optimista hacia el futuro, se podían leer las palabras de John Wilkes Booth: “Sic semper tyrannis”.

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2 comentarios sobre “Jaime de Juana, Regius y la rebelión contra tiranos

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