Apocalipsis mental

¡El horror! ¡El horror!
Joseph Conrad.
El corazón de las tinieblas“.

[MODO IRONÍA ON]

Me encanta la nieve. Vamos, vamos. Veo nevar y me vuelvo loco.

[MODO IRONÍA OFF]

Y cuando se pone a nevar, me cago en todo lo que se menea. Así que el sábado, cuando nos disponíamos a salir al baile de carnaval…

[MODO IRONÍA ON]

Me encanta el carnaval. Lo que más me gusta del mundo: disfrazarme y volverme loco.

[MODO IRONÍA OFF]

…y se arrancó a nevar como si no hubiera mañana estuve a punto de disfrazarme de Juan Carlos Onetti.

Nevaba tanto que la gente bramaba por las calles del pueblo:

¡El clima se ha vuelto loco! – como yo en carnaval -. ¡Ahora está nevando!

Que uno no puede dejar de pensar que estamos en febrero, en pleno invierno, y que lo normal es que haga frío. Pero la crisis de fe y el bombardeo mediático, entre el cambio climático y el virus Zika, hacen que la peña de verdad se crea que el Apocalipsis es inminente. ¡Y estos son sus cuatro jinetes! ¡Pero nadie hace nada! Están ustedes entregados a una especie de existencialismo huevón: discuten de fútbol en los bares o, lo que es peor, de la indumentaria de Pablo Iglesias en los Premios Goya, entregados a su inexorable destino en vez de dedicarse a lo que debería entregarse todo reo en el corredor de la muerte, todo aquel que sabe que sus horas están contadas: a disfrutar de cada instante. Recuerden a Pascal: compartimos una celda a la espera del momento en que digan nuestro nombre para salir de ella y sólo sabemos que llegará, pero no cuándo ni quién saldrá antes. Dirán nuestro nombre, saldremos de la celda y ya no volveremos a entrar.

Pero ¿qué hay fuera de la celda?

Pues los fumadores, coño, echando un trujilla en un apocalipsis de nieve.

Un cigarrito y nos vamos.

Salí el sábado, finalmente. Me calcé las raquetas, armé el trineo y atravesé la tundra helada para encontrarme, y eso ya hizo que el esfuerzo mereciera la pena, con mi amigo Fernando [Sastre] aunque me obligara a fumar en la calle. Bajo cero:

No vamos a fumar dentro. Igual hay alguien al que le molesta.
Pues que se joda – decía yo.

Quiero decir: estaba nevando, hacía un frío de narices y, por una vez, en un pueblo diminuto de Castilla, que no sale ni en los mapas, en el que el baile de carnaval es en el local de la asociación (que es privado) se puede hacer una excepción.

¿No? ¿O somos ya tan intransigentes?

No. Es verdad. No se puede: se debe hacer una excepción.

Si me dijeras: hay cinco mil personas dentro. Vale. Pero seríamos, no sé, ochenta. El local es un cine, muy amplio y con los techos altos. En la calle, los fumadores asistíamos atónitos al desfile ordenado de los pingüinos emperadores en peregrinación de pasito corto, con los huevos entre los pies.

¿Puede ser que un día, uno, la gente no tenga que salirse a fumar a la calle? ¿Dónde ha quedado la amistad? ¿En un puto vídeo de Facebook? ¿Y la tolerancia?

Fer, si a alguien le molesta, que se joda.

Estas cosas no las podía decir antes, pero ahora sí, porque es lo que pienso: ésa es la base de la convivencia. Párense a pensar con cuántas costumbres ajenas ustedes transigen sólo por la paz mundial. Ese terreno de su libertad, que engrasa la convencia, se llama tolerancia y no significa otra cosa que: “Me fastidia, pero hazlo“.

El otro día, algún vecino mío de los pisos de arriba hizo una fiesta. Hubo ruido hasta altas horas. Si fuera todos los días, le diría algo, pero por una vez… Me aguanté. A punto estuve de subir a unirme a la fiesta. ¿Quién ha sentado la base de que mi derecho a descansar es sacrosanto e inviolable y prima siempre y cada ocasión sobre su derecho a pasarlo bien?

La libertad de uno nunca acaba donde comienza la libertad de los demás. Eso es mentira. Se lo dicen a los niños en el cole y salen con el cerebro bien lavado con la chorrada hasta el punto de producirles una frustración más darse de bruces con la realidad diaria porque se creen con derecho a todo y no es verdad. Los derechos y libertades en la vida real se solapan constantemente y sólo la renuncia y los tribunales pueden resolver los conflictos que surgen a diario.

Llegado el domingo, con los huevos como un pingüino emperador, las nieves se derritieron y mi suegra alejó al cuarto jinete, el hambre, con un menú de celebración del 75 cumpleaños del tío Isaías que era digno de uno de los mayores profetas del Viejo Testamento.

Isaias

Este besugo, el que escribe estas líneas, se pasó toda su infancia despreciando el mayor manjar de los mares: la de horas que he echado delante de un plato de besugo, mirándolo con ojos blandos, intentando llegar a un pacto de no agresión con él mientras mi madre me empujaba por detrás para que me lo comiera como si fuera obligatorio invadir Polonia.

¡Qué tonto era!

Hoy no hay pescado que más me guste. Al horno, con un chorrete de aceite, su poquito de ajo y su puntita de guindilla. Da ese sabor intenso y penetrante a mar que tanto le gustaba a mi abuelo César, que me transporta a Navidad en familia en Murguía, a mi abuela Mari comiéndose el ojo ciego, blanqueado, grimoso… Delicioso, Pilar. Muy rico.

Después de ese besugo… ¡Apocalipsis! Ya se puede acabar el mundo.

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4 comentarios sobre “Apocalipsis mental

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  1. La expresión :” existencialismo huevón” como “filosofía de la vida” es un retrato perfecto del hombre de hoy.
    Pero Javier, aquí va una idea que a lo mejor puede investigarse:Quién comienza el proceso de ataque a las minorías de fumadores en la UE?.Puritanos holandeses?Liberales Suecos? Qué lobby intervino?.
    Sería intereseante un libro que desmontase toda la patraña en contra del tabaco.

    1. Yo tengo mucha documentación pero mucha pereza. Además es una cuestión ya de fe. La gente no quiere datos ni demostraciones fehacientes ni teorías de la conspiración sino proclamas. La vida es cada vez más como un concurso de belleza.

      ¿Te animas a escribir?

      Abrazos

  2. Joder Javi, con esa prosa tan entendible, tan fácil de leer casi me convences. Cómo quizás sepas yo soy fumador “social”, seguro que no te gusta esa denominación, puedo estar sin fumar toda la semana y el sábado fumarme un paquete, pero estoy muy a favor de que no se fume en sitios públicos, incluido un local grande y con techos altos.
    Pero sí estoy contigo en que siendo un local privado se podría fumar, siempre que los socios votasen a favor de esa propuesta.

    Ahhh, y en lo del besugo también estoy contigo.

    Un abrazo.

    P. D. en algún mapa si aparece ese pueblo diminuto de Castilla.

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