San Valentín, un mierda

No quiero que piensen que en Burkina no aceptamos la crítica.

Que no se piense eso. Aunque sea verdad.

De hecho, todo el equipo que conforma Burkina, compuesto por un tío con barba y barriga, se ha apuntado a un cursillo de crítica constructiva en Trotaconventos, el bar del barrio, impartido por el dr. en Mundología y Vermut con exquisito golpe de muñeca, Excmo. Sr. D. Celes (un pedazo de profesional).

El cursillo era una puta mierda.

El vermut, la hostia. Los chistes son para que dimita de camarero, porque no hay ni uno correcto y como en Mandrilia nos hemos vuelto todos gilipollas. Yo me iba a presentar a presidente de mi comunidad, pero estoy repasando mi timeline de Twitter porque seguro que me sacan un chiste de gitanos o algo. O machista. O racista. O pedófilo. O del Holocausto. Soy capaz.

¿Sólo vamos a poder hacer chistes contra el PP? Eso es muy fácil.

Sr. Rus, hace mucho que no veo a su mujer. ¿Qué es de ella?
– Ahí está. En el jardín.
– Coño, pues no la veo.
– Cava, cava…

Ayer me dijeron, dos amigos, que escribo demasiado.

Tienen razón.

Pues lean más. Es un plan de fomento de la lectura. ¡Que no leen ustedes ni el “tirar” de las puertas y se van a dar de narices con la realidad! De hecho, ustedes dos, listos, para el lunes me traen leída la “Tragicomedia de Calixto y Melibea“, pero la de Fernando de Rojas, no me anden con las adaptaciones para retarded e infantontas que leen ahora los niños de la ESO. Se leen la de verdad. Que se lo voy a preguntar.

Anoche había motivos para celebrar la amistad, más que el amor, y por eso hoy escribo tarde y no sobre lo que había prometido, que es San Valentín. Al final, la entrada que tenía preparada venía a decir que si tu pareja fuma puros, pues qué mejor para celebrar el amor que un Partagás Serie P nº2 en tubo. Por ejemplo. Ahí lo dejo. Para el año que viene.

Como digo, veo hoy más motivos para celebrar la amistad que, en el fondo, es una versión del amor incondicional también, pero sin pelos, en la que uno está dispuesto a cualquier cosa… Cualquiera… O por lo menos yo soy así con mis amigos, por el bien de esa persona. Ojo, con mis amigos. Los que lo son.

De hecho, hace dos días llamé a un buen amigo, que prefiere quedar en el anonimato (el canalla) y, como le noté tristón, le pregunté si se encontraba bien:

Estoy un poco de bajón – me dijo.
Joder. Lo siento, tío. ¿Qué puedo hacer por ti? – me ofrecí sinceramente.
Ponte tetas y vente para acá – me contestó.

Lo siguiente no es de su interés. ¿Han visto “Rocknrolla“?

Un amigo es un amigo. Y yo las tetas ya las tengo.

Dos.

Ayer el amigo importante, el homenajeado, fue Eduardo Mencía, en las cercanías de su cumpleaños, que hemos celebrado en Cuba unas cuantas veces, porque solía coincidir con el Festival del Habano.

Tranquilo, Eduardo, que no voy a contar que cumples 18.

Eduardo es un grande para mí y hace ya una pila de años que nos conocemos. Me ha llevado tantas veces de la mano por el mundo del tabaco, cuando él tenía poder para hacerlo, me ha ayudado tanto, tan desinteresadamente, incluso más allá de lo que le permitía su cargo, que desde el primer minuto me demostró que es una persona especial, íntegra, honesta, que se viste por los pies. En las compañías hoy no es fácil encontrar a un “alto” ejecutivo para el que las personas cuenten más que los números, las ventas, las cifras, los resultados, ¡su propio bonus!…

Y lo quiero y punto. Es mi amigo y me lo ha demostrado en muchas ocasiones y yo estoy aquí, Eduardo, para lo que necesites. Hasta si quieres, me pongo tetas y voy.  Eso sí, tú te calzas el tanga que te regalamos en Cuba.

Si me meto en la parte más banal, todavía recuerdo a Jorge Padrón diciéndole: “Eduardo, grábate un vídeo contando chistes y me lo mandas“, aquel día en Estelí, Nicaragua, en casa de los Padrón, que contó el chiste del manco y un retahíla más. La gente se agolpó en nuestra mesa esperando el siguiente “cuento” y ya nos dolía la tripa de reirnos. Para remate, salieron unos mariachis a cantar “El rey” de José Alfredo y resultó que era Pepe Aguirre, pero después del incendio.

De Eduardo Mencía tengo tantas cosas copiadas que muchas veces os será difícil saber dónde acabo yo y dónde empieza él, pero hay un espíritu inolvidable en su personalidad que envidio y que un día, me gustaría poder copiar, de verdad, para decir que soy como él: un tesón inabarcable por hacerle a los demás la vida mejor, incluso, en la dificultad.

¿San Valentín? Un mierda. San Valentón, el 11 de febrero. porto

Sigue sonriendo, Eduardo, que te queremos.

(No os voy a contar lo que fumé, porque no ha salido aún al mercado. Es primicia. Si os lo contara, tendría que mataros. Era un doble figurado muy especial, dominicano, con un inicio amargo muy rico y elegante, fortaleza media, al que le iba de lujo el Oporto que le aportaba notas dulces y lo complementaba perfectamente).

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