Serán ceniza, mas tendrán sentido

Esta semana ha cumplido quince años mi hijo Rodrigo.

¡Tela! ¡Lo viejos que os estáis haciendo!

Los años os están machacando.

Cada vez que lo veo, y ya tengo que mirar hacia arriba; cada vez que me planta su pinrel del 44 encima de la mesa baja del salón; cada vez que vemos juntos un partido de fútbol y oigo sus comentarios; cada partido de balónmano al que voy; cada momento que comparto con él, noto cómo se ha ido separando de mí pero, al mismo tiempo, cómo somos más uno. Se ha hecho una persona independientemente íntima, radicalmente igual a mí, erróneamente divergente y acertadamente equivocada.XSIU3784

No sé si esto resume bien lo orgulloso que me siento de él, pero también dice de mí mismo y de mi mujer, y de la capacidad que hemos demostrado estos años de refrenar, muchas noches, las ganas de ahogarlo en la bañera.

Entre risas.

O ahogarme a mí mismo.

Quince años y ustedes con esos pelos.

A mí los que de verdad me joden son los pelos que me están saliendo en las orejas. “Antenas“, las llama el capullo. “Son para oírte mejor“, pienso yo. Porque si la edad nos da algo, y eso es algo que a los quince años uno se cree que tiene pero no es verdad, es esa capacidad de ser lobo disfrazado de abuelita.

Hay cigarros que son para las ocasiones, ocasiones que son para los cigarros y cigarros que hacen las ocasiones y no hay nada peor, para mi gusto, que guardarte un cigarro para una ocasión y que esa guinda resulte no estar a la altura.

Así que no me la jugué. Aquí lo tienen: el cigarro de Eladio Díaz, Master Blender de Davidoff. Le dije, cuando le di las gracias por hacérmelo llIMG_9357egar (vía Raúl Rodríguez de Alba, director de “La Cava de Cigarros”) que su cigarro haría la ocasión, pero entonces no pensé que en tan poco tiempo mi hijo Rodrigo cumpliría 15 años.

Como pueden ver, el cigarro no tiene anilla, porque no es de ninguna marca. Es un Eladio Diaz y eso significa que en el futuro, probablemente, o no, puede ser un Davidoff, o no. La foto no da fe de la grasa de la capa (para eso ya estoy yo), que os digo que es un corte alto, porque el formato era una pirámide larga, figurado, cepo 50 ó 52 (no más) y 177 mm. de largo… Calculo. Que dirán ustedes, ¡qué calculo aproximado más exacto! Pareces cubano. Son 7 pulgadas.

Estaba en una barbacoa con amigos del colegio, gente a la que conozco, a muchos de ellos, desde hace casi 40 años, gente a la que los 15 años de mi hijo les está dejando una cara de frikis que no pueden con ella, y que fuman cigarros, porque les gustan, si los llevo yo (no todos), cosa que hago encantado porque creo firmemente en que parte de la condición del buen fumador de cigarros es compartir su pasión. Allí llevé de todo, cubano, dominicano, nicaragua, honduras. Todo bueno, pero me aferré a mi Eladio. Me senté en un banco al sol, me serví un cubata, UNO, poco cargado, fresco, con su esencia dulce de pasado, esa reminiscencia entre cítrica y de caramelo que me lleva, inevitablemente a mis propios quince años…

No sé en qué estarán pensando, pero yo a los quince años comía muchos caramelos de cuba libre. Aún me gustan mucho.IMG_9358

Y con mi amigo Manolo y Jumy fumábamos Montecristo robados del humidor de mi padre.

No sabíamos lo que hacíamos, claro. Éramos estúpidamente divergentes, nuestros padres nos tenían que haber ahogado en la bañera varias noches, abuelitas disfrazadas de lobo sin pelos en las orejas y sin antenas. De haber tenido antenas, habríamos visto a la madre de Manolo aparecer cada vez que nos escondimos para hacer creer al mundo que éramos la leche.

Y, así, rodeado de los niños de mis amigos y por los recuerdos de mis propios quince años, que se resumen en ese hilo azul que adorna mi cara, pasó una fantástica tarde de sábado. En mi opinión, siempre lo he dicho, fumar un cigarro tiene mucho que ver con recordar. En cierto modo, un buen puro es una cápsula del tiempo y su fumada, la conversión del buen tabaco fermentado en ceniza, da validez al verso de Quevedo que he usado como título para la entrada, aunque es del soneto del amor después de la muerte viene a colación como metáfora de la vida que pasa, que se consume, poco a poco, pero que se disfruta.

“Serán ceniza, mas tendrán sentido”.

Esto no lo van a leer ustedes en las advertencias sanitarias.

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