La miel del trabajo

Dicen, dicen, dicen“, me decía uno de mis maestros  ZEN… “Mientras no hazan“.

Uno está acostumbrado a que se afirmen las cosas más serias sobre un cigarro sin ninguna base, ¡gente de la más alta reputación internacional!, y que vaya a misa ante una asombrada audiencia que, sobre todo, no tiene armas para contestar, sólo porque a lo que se afirma se le imprime el aplomo necesario para que parezca verdad y viene soportado sobre una sólida fuente. La teoría de la percepción selectiva, en estos tiempos de Internet, nunca más cierta, nunca más desconsoladora.

Por favor, desenchufen Google. Si quieren saber algo, mejor experiméntenlo. Saquen su propia conclusión que será muy verdad.

Para fumar, dicen, valen todos los sentidos, y uno no puede dejar de imaginarse al fumador alerta, como un recluta en su garita, con todos sus sentidos afinados para que nada se le escape, y con el esfínter más tenso que la cuerda de tender trajes antirradiación de Fukushima.

¡Relax!

No pasa nada si se te escapa una nota tostada. Mírala. Por ahí va. Se ha hecho amiga de las especiadas. Ese nivel de exigencia está muy por encima del disfrute. Relájate. Disfruta. Afina los sentidos para comprender como un ejercicio introspectivo de lo que te da placer, pero no para pasar un examen de reválida.

Mira se te acaba de fugar una nota a frutos secos. ¡Qué mona! Almendras tostadas eran. Con retrogusto de cuero de Marruecos (se le nota en la estela verdosa).

Vista, tacto, olfato y gusto (el oído no tiene uso, se pongan como se pongan, en el mundo del cigarro, como no sea para escuchar tontunas) importan tres cojones si no tienen una aplicación práctica, si los sentidos se usan para constreñirte como fumador.

Renato Descartes nos lo dijo hace la fufa de años y aún no lo hemos asumido: “Los sentidos pueden engañarnos“. Y el que más, el oído. Sobre todo cuando te lo regalan. !Uh! Timeo danaos et dona ferentes.Tú que sabes tanto, fúmate este puro que es la leche en bote” y luego ni es la leche ni está bote. Eso pasa mucho.

¡TIMEO DANAO ET DONA FERENTES! Teme a los griegos que vienen con sus regalos.

Por ejempo, y así voy al tomate de hoy: una capa oscurita no significa fortaleza. Ni al contrario.

Un cigarro con una capa bien madura puede ser un torpedo sexual de candemor infumable que te deje hablando como el Ronquillo tres días o que te deje los huevos pequeños y pegados al culo como los tigres  (y si a usted le gusta, ahí lo tiene) o puede ser una muñeca hinchable modelo Diosa de Ébano, que tire bien, se deje fumar, se consuma como la vida misma, atento al tic tac del reloj, pero que no le muerda a usted la oreja. Si a usted es de los que les gusta que le muerdan la oreja, pues tampoco vale.

El color de la capa no nos va a dar ese tipo de información porque, además, hay algunos fabricantes que se dedican a darle una mano de tintanlux a la capa. Sí, sí. Como lo leen. Iguálamelo por aquí y que no se note mucho.

Madurar la capa hasta conseguir un tono oscuro casi negro supone un proceso caro y no sólo por el tiempo que el fabricante tiene la hoja en su poder transformándola, sino porque el nivel de merma de la hoja en su proceso, que sigue siendo manual y natural al cien por cien, es más elevado. Piensen que la hoja madura se lleva a su punto extremo de fragilidad. ¿Saben ustedes esa lechuga que se queda en el fondo de la bolsa de un color como negruzca y con una pinta asquerosa, como podrida? Sé que es una palabra fea, pero es así. Queda tan fina y tan delicada, que se tiene que trabajar con niveles muy altos de humedad para evitar ya no que se quiebre, sino que se deshaga, y por eso conseguir capa madura natural es muy, muy caro.

La hoja más cara llevada a su proceso extremo más caro.

En el otro lado del segmento, está la capa tipo candela, que aún se fabrica y que tiene sus seguidores. La capa candela es de color verde, tono que se fija en el rancho de secado. Su aporte de sabor es más bien amargo, herbáceo, como punto de partida del recorrido de sabores que culmina en el dulce de una capa bien madurada, bien fermentada. Y en todo esto, sigue sin tener nada que ver con la fortaleza del cigarro. De hecho, las espinacas de Popeye eran más candela que madura y se ponía el tío hecho un toro.

Si no eres cubano, como yo, puedes distinguir cinco o seis tonos distintos en las capas y es inútil que te esmeres demasiado en definirlo sin una guía pantone. Mi mujer es capaz de definir 32 tonos distintos de verde con su nombre y sus características. Verde limón, por ejemplo. Yo, ni puta idea de qué es el verde más allá de claro, oscuro y ¿qué más hay? De hecho, me pongo una chaqueta verde y resulta que cuando llego a casa me entero de que llevo todo el día vestido de gris.

– ¿Por qué te pones esa chaqueta gris con ese pantalón? No pega.

Bueno. A mí me gustaba la combinación.

Cuando usted vea un cigarro en el estanco, déjese de colores. Maduro claro, carmelita, colorado, el pintalabios, toque de rimel, bronceador como una artista de cine y antes muerta que sencilla.

Una capa candela es verde; una madura, negra. Una de tipo Connecticut, como las que usa Davidoff, para su línea clásica (cosechadas en Ecuador) suele ser MARRÓN claro y de una calidad extraordinaria. Cuba usa capas de Vuelta Abajo y de Partido, todas de la misma semilla, con una variedad cromática difícil de defender sino es por la idiosincrasia propia de los cigarros habanos: sólo usan tabaco cubano y eso es lo que hay. Tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Uno de ellos es que las capas, en ocasiones, no están a la altura de sus cigarros. No les sucede con las ediciones limitadas, cuyas capas son especialmente cuidadas y añejadas. Cuba siempre ha defendido que el aporte de la capa al sabor del cigarro es mínimo. Claro: cuando todo el cigarro está elaborado con la misma semilla de tabaco es posible que así sea. Cuando un cigarro es un coupage de tabacos de hasta seis procedencias, la capa es esencial en la ligada. Cambia radicalmente el cigarro si cambias la capa.

De ese marrón claro, que usted lo tiene en Partagás Short (normalmente) puede ir añadiendo paulatinamente tonos rojos, hasta el colorado o carmelita y finalmente llegar al maduro, y le pone el nombre que le salga de los cojones, del Cohiba Maduro 5, por seguir con el ejemplo cubano. Creo que si ponen ambos cigarros en perfiles de fortaleza, nunca un Partagás saldrá por debajo de un Cohiba.

Por el medio, infinitos tonos. La vida es un mundo de colores. Ya lo decía la abeja Maya, “Willy déjate de mágico mundo de colores y ponte a currar que hay que traer el jornal a casa“.

El color es lo de menos, de verdad, lo que tienen que ver sus ojos y sus dedos (tacto) es la grasa de la hoja.

Hoy me he enrollado mucho, pero ya acabo.

A ver cómo se lo explico.

Cuentan que un día don Eduardo León Jimenes, fundador de La Aurora y del Grupo León Jimenes (grupo empresarial nacido de La Aurora y que llegó a significar el 10% del PIB dominicano) llevó al campo a sus dos hijos mayores, Eduardo y Fernando, padre del actual presidente de La Aurora, Guillermo León. Los chicos iban vestidos con su mejor traje de dril blanco y según llegaron a la plantación de tabaco, bien pronto por la mañana, Eduardo León Jimenes les ordenó que penetrasen entre las plantas. Los chavales, que no son como los de ahora, obedecieron. Si yo hago esto, mi mujer me mata, pero eso eran hombres, claro. Al salir de entre el tabaco, los trajes de dril blanco estaban hasta la higa de una viscosa grasa pegajosa que es la que exuda la hoja del tabaco, más por la mañana, con el rocío.

Eduardo León Jimenes señaló a los trajes perdidos de sus hijos y les dijo:

Esa es la miel del trabajo. No ensucia; enaltece. Ámenla como lo hago yo. No es mucho lo que les dejo, pero si trabajan unidos, con seriedad, y con el favor de Dios, triunfarán. Pero, sobre todo, quiero me prometan que serán siempre unidos.

Busquen esa grasa. Déjense de Mistoles. Déjense de colores. Pónganse el dril blanco para fumar y busquen la grasita. Esa es la miel del tabaco. Willy, macho, busca la miel.

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