Corte por aquí, Lorena

Siempre lo digo, pero voy a insistir: Burkina es la libertad para el mundo del cigarro. La filosofía que defiende este blog es la de liberarle a usted de las rigideces de la ortodoxia para llegar a un disfrute personal, que es, al fin y al cabo de lo que se trata.

De que fumar un cigarro sea una experiencia personal.

Nadie se lo va a fumar por usted y nadie, mejor que usted sabe lo que le gusta.

Es como si usted le pide a su partener que le rasque la espalda, pero entre que tiene sólo medias uñas y que se harta de dar indicaciones como si estuviera aparcando el coche, “un poco más arriba”, “dale, dale, dale”, “no, a la derecha”, “no, ahí, ahí sí, no, un poco más abajo”, al final se levanta, busca el marco de la puerta más cercano, se lo hace solito como los osos y sanseacabó.

En la gloria.

Pues un cigarro y un fumador son una simbiosis como un oso y el tronco de un árbol: sin librito de instrucciones. Ellos saben cómo les gusta y no se deberían plantear, mientras se lo pasan bien, si el frotis tiene que ser en círculos en el sentido de las agujas del reloj o al contrario.

Sin embargo, la ortodoxia existe y está “escrita” con una lógica cuya aplicación, aunque no sea obligatoria (que es a lo que me refiero), tiende a la optimización del cigarro. Una cosa es que usted disfrute de su cigarro como a usted le dé la gana y otra que, tal vez, si usted voluntariamente hiciera caso a algunos consejos medidos y moderados de los expertos quizá podría llegar a apreciar más su puro.

Entonces llegamoa al tema del corte.

Aquí sí, en el corte, les aconsejo que se sean delicados y precisos, como Lorena Bobbit, porque puede cambiar mucho la fumada y se puede llegar a hacer incómoda si no se corta bien y resulta un auténtico coñazo.

Que igual a usted le gustan los coñazos.

Conocí a un franchute en una ocasión, en una cata de Montecristo Double Corona Edición Limitada 2001, que con una navaja le hacía un corte en cuña al cigarro en el cañón, cerca de la cabeza, como si fuera un silbato. Explicaba el buen hombre que así se le acumulaba menos la nicotina. Claro que, para fumar, se tenía que meter dos dedos de cigarro en la boca… Era una doble corona. Si lo hace con Montecristo Media Corona se quema los labios a la primera calada.

Vale. Con dos cojones, Lorena. A él le gustaba rascarse la espalda así. ¿Está bien o está mal? Respuesta: él paga el cigarro, como si lo corta en filetes.

(Nacho Álvarez: el pie del cigarro es por donde se enciende, la cabeza es por donde se fuma y el cañón es el cigarro desde la cabeza al pie).

En el corte me voy a atrever a dar un consejo. Creo que es la primera vez desde que escribo Burkina.

Primero: a mí me gustan los cortapuros de doble hoja como el de la foto.

Después, personalmente, a los cigarros parejos les hago un corte pequeño, que sólo levante la tapa que pone el torcedor para rematar la capa cuando rola los cigarros. Con ese pequeño corte, si el cigarro está bien hecho, tira de sobra y te ahorras que el puro te haga el efecto mojito: si lo cortas demasiado, se desprende el tabaco por la cabeza y te pasas la fumada sacándote trozos de tabaco de la lengua.

Ya saben. Como el chiste de cómo suenan los pelos del coño.

También procuro que el corte sea paralelo al pie del cigarro, lo que ayuda a que la combustión sea pareja, aunque mi corte es de charcutero fino, de “¡cómo se lo corto señora!”, y tampoco hace falta sacar una escuadra y un cartabón ni aplicar el Teorema de Thales para cortar un cigarro.

Esto es para cigarros parejos (que no acaban en punta, Nacho).

Para figurados (es decir, Nacho, que acaban en punta como los que salen en los tebeos de Mortadelo), hago lo mismo: corte pequeño y paralelo al pie. La diferencia está en que al tener forma de embudo, la cabeza acumula mucho sabor y la tendencia del cigarro será siempre a subir su fortaleza. Cuando esto sucede, a media fumada se le puede dar un segundo corte que renueva completamente el cigarro y lo libera bastante. Es una buena opción que se tiene siempre que con el primer corte no haya usted operado de fimosis al cigarro. Si ya en el primer tajo, se ha apoderado de usted el espíritu de Carpanta y se ha llevado por delante media longaniza, no tendrá espacio de reacción.

Pero, vuelvo a lo de siempre. Conocí a alguien que se fumaba los cigarros alrevés. Así, decía, no tenía que cortarlos. ¿Está bien? ¿Está mal? Pues a él le gustaba, ¿quién soy yo?

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