Regalar tabaco

Hace más de un mes que no puntúo un cigarro y no se crean que no es porque no me he fumado ninguno en estos días. Alguno ha caído. Más de uno.

Lo que pasa es que o no están en el mercado español, con lo que me lo ahorro, o no me han despertado un gran interés como para llegar a decir algo distinto de ellos. Algo que no se haya dicho ya.

O que sí se haya dicho. No importa.Pero que sea interesante. Porque para decir que lo encuentro cremoso con notas achocolatadas y un fondo dulce y que ustedes no sepan si estoy fumando o mojando el churro, con perdón, pues prefiero callar y parecer ausente.

Para esta semana, sin embargo, tenía preparado un cigarro muy especial, al que probablemente le iba a poner una nota alta. Estaba muy predispuesto a hacerlo. Lo tenía ahí, en mi humidor, regándolo como un hortera cultiva sus tomates. Nos mirábamos de vez en cuando, como dos desconocidos en el metro, y como el tabaco habla, él me decía: “¡Norrrrrrllll!“, que ustedes van a pensar que era un torpedo, pero no: es que era Chiquito. Y me decía: “No seas finstro, que no ha llegado mi momento“.

Anoche pensé que efectivamente podía ser que hubiera llegado su momento y lo agarré. Pero, después, reflexionando hasta el esguince cerebral, llegué a la conclusión de que para ser catalogado de “Cigarro muy especial” en Burkina hay que ganárselo.

¡Hay que ganárselo MUCHO!

No me vale sólo con la literatura que venga abrazando al cigarro, que si las hojas seleccionadas de la Vega del Tío Ramón, que si el torcedor de las manos sarmentosas, que si la tradición del abuelo y de la madre que lo parió, ni el muslo derecho, ni el izquierdo ni las alitas ni las pechugas ni ya tú sabes, mi hermano.

Todo eso es genial… ¡Y verdad! Verdad, verdad… En la mayoría de los casos. No en todos.

No me vale con el añejamiento.

No me vale con la construcción perfecta.

Ni con que los sabores y los aromas del cigarro sean el recopete.

El tabaco, además, tiene que ser un símbolo de amistad. Y si no lo es, a la mierda con él.

Ayer, Fran González Nieto, con quien cené (entre otros díscolos fumadores), repartió Davidoff Ambassadrice 2Davidoff Ambassadrice de 1990, ¡cubanos! Generosidad impagable de aperitivo que incide en que la respuesta correcta en el mundo del tabaco siempre es depende. ¿Quién ha dicho que la vida “útil” de un cigarro son 10 años? A tomar por el culo la teoría. Veintiséis años de cigarro y tenía más fortaleza, sabor y aroma que muchos cigarros hechos el año pasado. El final del cigarro, como se suele decir, sabía a uña. Impresionante, Fran. Un privilegio. Muchas gracias.

Después, Ángel García Muñoz, repartió generosamente entre los comensales Partagás del 170 Aniversario, tranca tipo cañonazo largo que yo decliné porque tengo boquita de pitiminí y no me había traído las tijeritas. Todos los que lo fumaron se deshicieron en elogios con él.

Yo cogí mi cigarro especial, el que me estaba guardando para mí, y se lo regalé a Ángel. Es un cigarrazo. Estoy convencido de que él lo va saber a apreciar por lo que vale.

Y me fumé otra cosa. Algo de lo que hablaré, que me gustó mucho y que me trajo buenos recuerdos.

Esta vez han sido ellos, pero en anteriores cenas han sido otros los que han aportado cigarros. Todavía guardo la anilla del que fumamos cuando se jubiló Rafa Bernardo. Es la que adorna el inicio de esta entrada. Ese H.Upmann Sir Winston en aquella especie de almacén no lo voy a olvidar nunca. Como tampoco olvidaré los Dunhill Cabineta de 1972 que fumé con Jesús Llano.

Es en estas cenas de fumadores generosos, donde hablamos de tabaco y nada más que de tabaco, donde cobra sentido de verdad lo que digo. Cada uno de nosotros pone encima de la mesa lo que tiene y lo ofrece y los demás se sirven y todo es bueno, todo tiene la más alta calificación, porque si el tabaco no es un símbolo de amistad, entonces…

Entonces es una puta mierda. Da igual la anilla.

Y quien no ha comprendido esto, no sabe nada de tabaco.

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5 comentarios sobre “Regalar tabaco

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  1. Supongo que habrás guardado la anilla del Ambassadrice de ayer. Si no es así, no te preocupes, que la he guardado yo y te la paso. Así podrás conservarla junto a la del Sir Winstos que abre tu comentario de hoy.

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