¿Le importaría pasarme un poco más el solomillo por la plancha? Muuuuuu. Tú calla, Daisy

En lo que ya parece que vamos a declarar “La semana de la fortaleza de Burkina”, y como buen Quijote que soy (y así me va), me he propuesto combatir otro falso mito.

Uno que, además, me pone de los nerrrrrrrrvios.

Así escrito, con muchas erres. Como me llamaba mi madre cuando yo era un chaval, que ya sabía yo, por el eco del rebote de las erres en las paredes del pasillo de casa de mis padres, que me iba a caer la del pulpo:

– ¡JAVIERRRRRRRRRRRR! – esa erre que era como la mirilla telescópica de una zapatilla.

No era yo mal ciervo de pequeño.

Falso lugar común:

España es un país muy entendido en cigarros y por eso a los fumadores españoles nos gustan los puros fuertes.

Sí.

Claro.

Me dijo un día mi amigo Paco Martínez Olivas:

– ¿Sabes cómo decimos que no en Logroño? Decimos: sí, por los cojones.

Pues eso.

Sí, sí, por los cojones.

Por eso mismo, el cigarro que más vende en España es VegaFina.

Nada que decir.

VegaFina es un grandísimo cigarro, y siempre lo ha sido. No necesariamente un puro de iniciación, aunque muy bueno para gente que empieza. Su calidad es indudable, como casi todo lo que nos viene de República Dominicana; contribuye bastante a otro falso mito, el de que los cigarros dominicanos son siempre fumadas amables, cremosas, poco evolutivas, para momentos en los que uno quiere un puro sin muchos sobresaltos.

Otro falso mito, digo, porque en Dominicana hay de todo. Para empezar VegaFina se hace en La Romana, en Tabacalera de García, pero sus tabacos no son todos dominicanos. En este jardín me meto otro día.

Pero lo cierto es que un VegaFina Perla (102 mm x 40), un domingo a la hora del aperitivo, ahora que empieza el buen tiempo, es un ratico de vida sumido en la vida misma, y mejor con un vinito tinto y un rayo de sol.

Eso debería pagarlo la Seguridad Social. Con receta.

Posología: uno a la semana (mínimo).

Vía oral, ¡eh! O no, vaya, que cada uno… (no sé si hay VegaFina Perla en tubo).

Chato de vino, rayo de sol y VegaFina Perla.

Y buena compañía, que si la compañía es mala, el vino se avinagra, el sol se nubla y la perla… Bueno, que me voy… Lean a Steinbeck para saber qué pasa con la perla.

Así que tenemos un país de entendidos en cigarros que no usan la nariz para fumar, pero supuestamente con gusto por los cigarros fuertes y se lo estamos diciendo a todo chirichi. ¡Que somos todos muy machos! ¡Esa piel de toro, copón! ¡Ese gol de Iniesta! Que nos gustan los cigarros con mecha, pero luego fumamos VegaFina… Que está muy bien, insisto, pero fortaleza, hombre, lo que se dice fortaleza…. No.

Recientemente he leído un artículo sobre añejamiento de tabaco que me ha hecho pensar en lo importante que es usar la nariz para fumar cigarros  porque, ¿dónde, si no es en la nariz, va a notar un fumador que un cigarro es fuerte? El sabor, en la boca (cuatro); los aromas, en la nariz; la fortaleza, en el paso del humo por la nariz y, hacedme caso, si el cigarro os hace llorar…

…si te caen lágrimones de los ojos cuando pasa el humo entre las cejas…

…si sientes como si hubieras metido la nariz en el perico del abuelo que rezuma a restos del tratamiento contra la prostatitis…

…ese aroma espeso a hospital a las diez de la  noche…

…a las cuadras del rey Aurgias antes de que Hércules desviara el cauce de dos ríos para limpiarlas…

…que los finos dicen almizcle, pero que en Segovia siempre se ha llamado purín. Cuando yo era pequeño, íbamos de visita a la casa de la tía Rafaela en Katadiano, en Álava, que tenían la vivienda justo encima del establo de las vacas. ¡Joder! ¡Chorizo como aquel no he vuelto a comer! Pero, ¡qué peste!

Pues ese cigarro no esta fuerte.No.

Está CRUDO. Ese tabaco ha salido de fábrica antes de lo que debería.

A ver si es que a los españoles lo que nos pasa es que nos gustan los tabacos crudos. Esto es cuestión de gustos, oye. Todo se acepta en el mundo de los sentidos. No hay normas. Hay a quien le gusta el solomillo abrasado. A mí me gusta muerto pero caliente.

– Muuuuuu

¡Tú, calla, Daisy!

Pero, eso no nos haría más entendidos, sino más ignorantes.

Usad la nariz para fumar, haced el favor. Ven, Daisy, que te voy a decir una cosa…

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