Donde habita el sabor

El viernes me fumé un Montecristo Especial (192 mm x 38, vitola de galera Laguito nº1) que maridaba que ni elegido con mis Converse, mis vaqueros y mi camiseta de Ko Lanta.

Mirad la foto de arriba.

Burkina busca un poco ese choque.

Como decía aquel panadero de Zaragoza, “Sacar al pan del Padre Nuestro“.

Ese formato, que es un reto, con sus 192 mm y su cepo 38 que hace que la peña se te quede mirando con cara de muñeca hinchable, ¡pero no una muñeca hinchable cualquiera!

Una muñeca hinchable modelo Marilyn que sea consciente de que acaban de pellizcarle el culo con tanta fuerza que la han pinchado.

¡OOOOOH!

monte especial

– Vaya puro ¿no? – te dicen los que más te conocen.

Porque llama la atención aunque no sea ésa la idea.

Al contrario.

A mí me parece un formato elegante, y lo que es elegante pretende ser discreto. Pero llama la atención igual que un hombre con smoking, como casi todo lo que está en desuso, porque en Mandrilia la elegancia está demodé. Es una pena, pero es así.

En Mandrilia lo que gusta ahora es el Cristiano Ronaldo, que es un bronce de jaula de monos.

Hoy, lo que es discreto, lo sencillo, como los cigarros de calibre fino, como de Clint Eastwood en “El jinete pálido“, no se lleva.

Vuelvo a traer a Álvaro Muñoz Robledano cuando dice aquello de que se fumó un El Rey del Mundo Grandes de España (192 mm x 38, vitola de galera Delicados) porque no sabía que era imposible, citando, evidentemente, a Jean Cocteau, que para los plagios y las transliteraciones, mi Álvaro es muy mirado.

¡OOOOOH!

grandesdeespaña

Y no sería una entrada burkinera si me quedara en un análisis superficial del cómo me queda el cigarro, de lo bien que marida un calibre fino y largo con mis Converse (que es que me quedaba de puta madre). Si no fuera más allá.

Porque imaginad meter la misma proporción de tabaco, para garantizar el mismo equilibrio sabor-fortaleza, con las mismas tres hojas enteras, en un calbre 38  con 192 mm y en un calibre 60 del tamaño del pito de un niño de cuatro años operado de fimosis.

Es en el calibre 38 donde se ve la maestría del tabaquero y, todavía más, es en los calibres finos y largos donde, cuando están bien confeccionados y equilibrados, uno puede saborear con toda intensidad el tabaco: a ver si va a resultar lo mismo aspirar la vida de un tubo fino que de un tubo gordo. Sólo por la cantidad de aire con el que se mezcla el humo del tabaco al inhalar de un cepo 60 ya puedes imaginar que es como echarle mucho hielo al whisky.

Y a mí me encanta el ron con coca-cola, claro que sí, y estoy a favor, absolutamente a favor, de que cada uno se tome el ron como le dé la gana, incluso el ron más caro. Cuando te dicen que es pecado mezclar ron Zacapa 23 años con cocacola siempre pienso en la frase de Lord Byron: “Sólo me arrepiento de los pecados que no he cometido“.

Con lo que mejora la coca-cola con un ron cojonudo.

Pero eso no quita para que reconozca que si quiero saborear el ron en su plenitud, lo mejor es tomarlo solo en un catavinos.

Solo. Como Han.

Sin hielo y sin Chubaca.

Ese Monte Especial tiene, además, la ventaja indudable de que, como no hay casi demanda, no hay apenas producción, así que lo que queda en los estancos especialistas lleva años y años añejándose, pero de verdad, en excelentes condiciones, como en brazos de su madre, como en un resort todo incluido.

Y todo eso por 14 miserables euros.

Pocos puros dan hora y media de satisfacción por ese precio.

No sé a qué estáis esperando. Yo correría a por ellos.

Es donde de verdad habita el sabor cubano.

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BURKINA J'ADORE

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