Un habano para viajar en el tiempo

Artículo publicado en el blog Entreactos, de la web del Club Pasión Habanos

ENTREACTOS – PASIÓN HABANOS

Nada más lejos de mi intención que fantasear aquí con la posibilidad de los viajes en el tiempo. En mi opinión, el pasado es ceniza y no hay forma física de recuperarlo, por lo que todas aquellas odiseas desde el Anacronópete de Gaspar, pasando por HG Wells, hasta el “Regreso al futuro” de Michael J. Fox no pasan de ser, para mí, más que una ficción con muy poca ciencia.

El tiempo es ese incesante goteo de fotogramas que acaba arrastrando la vida de uno por un sumidero de forma inexorable. No hay vuelta atrás. Saturno, o Cronos, como bien reflejó Goya en los muros de la Quinta del Sordo, devora a sus hijos y nosotros somos hijos de nuestro tiempo.

Sin embargo, estoy convencido de que lo más parecido que se puede encontrar hoy a una máquina del tiempo es, sin duda, un habano, porque una cosa es el paulatino avance del segundero y otra la sensación, que es siempre relativa, de una tarde que se consume sin prisa, ajena al tiempo que pasa.

Fumar un habano es una forma maravillosa de alargar el instante, de aprovechar la forma convexa de las horas, marcada no por el tic tac de un reloj, sino por el lento avance de la combustión, por el pausado y sinuoso baile del humo ante nuestros ojos y, sobre todo, por la intensidad con que se llena el momento.

Un buen habano siempre alarga el tiempo, lo dobla y lo desdobla como si fuera una hoja, lo hace dúctil, lo inflama de paciencia, lo convierte en un rato de vida que se recrea en la vida misma y, en ese círculo, el reloj se para y graba el instante para siempre.

Entonces comienza el viaje en el tiempo.

Así, a mí un Partagás Serie D nº4 me transporta, inmediatamente, a Estocolmo, a la boda de mi amigo Peter Ström; el Cohiba Siglo VI me coloca en Isla Saona, República Dominicana, con mi amigo Sergio, fumando y charlando sin prisas a la sombra de una palmera; un Epicure de H. Upmann, me lleva a Barcelona a cenar con mi mujer en una celebración especial; Romeo y Julieta Belicoso me devuelve las risas de David Torres y Jesús Llano en la plaza de Olavide de Madrid; y el Montecristo Petit Edmundo me trae de vuelta a mi amigo Rafa Martínez Simancas.

Casi se podría decir que cuando entras en una cava a escoger un cigarro, en verdad, estás eligiendo un trayecto de ida y vuelta en el tiempo. Cada habano te transportará a otra situación, a otro momento, y es por eso que los maestros torcedores cubanos, en realidad, son artesanos dedicados a la elaboración de cápsulas del tiempo, gente de dedos rápidos y sarmentosos que envuelven instantes pasados entre las hojas de tabaco para que el fumador los vuelva a disfrutar, mientras alarga las horas de la tarde con el placer de llenarlas de sentido.

Serán ceniza, dijo Quevedo, mas tendrán sentido.  

¿Dónde te lleva a ti un habano?

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