Bueno, pues nada. Que se acabó el ránking y me he quedado un poco vacío, la verdad. Siento como una especie de tristeza post coitum…

El sexo está sobrevalorado, amigos y amigas. Si tenéis necesidad de dar alimento a un instinto bajo, a la concupiscencia, nada como un buen cigarro.

LOS 50 MEJORES HABANOS DE 2017

No es casualidad, porque Pepe Aguirre tenía información privilegiada, que anoche en la cena del Club de los 100 Puros en el fastuoso Alabaster de la calle Montalbán de Madrid, el habano de los postres fuera Partagás 898.

Y sospecho que estuvo a la altura, aunque el listón estaba alto (y yo a régimen severo, que he perdido ya dos kilos y medio, pero sigo en 104’3 kg), por los comentarios que oí a mi alrededor. Un habano clásico, potente, sabroso, de formato elegante y muy bueno.

Como digo, el listón estaba alto. Se necesitaba un cigarro al que se le pudiera exigir equipararse con el siguiente menú. Atentos.

1.- Pieles de bacalao fritas y crujientes servidas junto a un tazón con su brandada para mojar. Nachos de mar. Si esto lo meten en bolsa los de Matutano, se hacen de oro.

2.- Tosta de sardina ahumada sobre queso arzu y tomate confitado. Un sabor del norte, de casa, una porción de ría, cremosa, untuosa, sobre un pan de centeno. Delicioso.

3.- Navaja en escabeche de algas con esférico de jalapeño. Lo que menos me dijo, pero lo más bonito de ver.

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4.- Croquetas de mejillón tigre para quedarse a rayas.

5.- Espectacular merluza al pil-pil de lima limón y espinacas. Para mi gusto, lo mejor de la noche, sencillamente espectacular.

6.- Canelones rellenos de pularda y repollo estofado. De mi plato, voló. Con perdón, ni los canelones de mi madre. Os lo juro por Puigdemont.

Y de postre, que yo indulté porque estoy a régimen severo, insisto, a pesar de que estaba rodeado de golosos masculladores (panda de cabrones), que no hacían más que murmurar y relamerse…

7.- Torrija de pan brioche con helado de arroz con leche.

No es que yo sea muy dulcero, la verdad, pero cuando a tu alrededor están todos los gochos diciendo ¡La mejor torrija que he comido en mi vida! ¡Si no la quieres tú, pásamela! Pues uno tiene que hacer un esfuerzo serio de voluntad para no probarla.

Y eso hice.

El mejor de todos, Rafael, un señor muy elegante que se sentó a mi izquierda, creo que funcionario del Ministerio de Exteriores, desde luego muy viajado y culto, que fumaba los cigarros con una boquilla sin filtro (una idea que me gustó). Su forma de tentarme a comerme la torrija fue la más discreta, como corresponde a un caballero, pero también la más convincente: “¿Sabes cómo representaban los romanos la oportunidad?“, me preguntó mientras saboreaba a poquitos el delicioso postre. “Una mujer hermosa, con el pelo largo por delante, pero sin pelo detrás… Aprovecha mientras pasa…

Ar0003 Oportunidad calvaDespués me di cuenta de que esa diosa es el origen de la expresión “La ocasión la pintan calva“.

A los cafés, fumamos el Partagás 898, de esas cajas del año 2008 de las que hablé el miércoles, y sobre el que no voy a ahondar, porque para eso le dediqué una entrada completa.

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Para maridarlo, por vía del atraco a mano armada, habíamos conseguido unas botellas de Cardhú 18 años, por gentileza de Diageo en un aquí te pillo, aquí te mato y, sobre todo, gracias a la amabilidad infinita de Jorge Pineda.

No sé si os he dicho que estoy a régimen severísimo (jaja) y que, por supuesto, además del azúcar, los dulces, los fritos y los empanados, no puedo ni acercarme al alcohol. Esto ya me fastidia más, no porque no pueda abstenerme de beber vino en la cena, que lo hice y no me importó, o renunciar a la cerveza, que también lo he hecho y no me he inmutado, sino porque, carpe dum transeat (aprovecha mientras pasa), maridar el 898 con agua de botella, aunque sea de glaciar del Ártico, es como ponerte un calzoncillo sin goma.

Presenté yo a los socios del club tanto el cigarro, porque me lío Pepe Aguirre, como el whisky, porque se lo prometí a Jorge Pineda. Tuve que confesar que no había probado el Cardhu 18 años antes, que es la verdad, y que para poder decir algo sensato sobre él había recurrido a la fuente, que es la página web de la marca.

Según la web de Cardhu, en un trago de 18 años puedes encontrar ciruelas, peras, cerezas y grosellas, así que, harto de dejar pasar a la diosa Ocasión, dije en voz alta:

Yo estoy a régimen severo y no puedo beber alcohol, pero mi nutricionista me dice que debo tomar cinco piezas de fruta al día y en este trago de Cardhu ya tengo cuatro.

Y me lo bebí DES-PA-CI-TO.

A traguitos cortos, saboreando bien la fruta de mi dieta, mientras me fumaba el 898, tan a gusto. El whisky estaba muy bueno. Le podría poner una pega pero no lo voy a hacer, porque no toca y porque es una cuestión de gusto. Además, con el whisky hay que aplicar siempre, siempre, siempre la frase de “Fort Apache”, de John Ford, cuando el coronel Thursday (Henry Fonda) invita al sargento Mulcahy (Víctor McLaglen) a probar el brebaje que, a modo de whisky, está vendiendo el encargado de la reserva a los indios. Fonda le pregunta: “¿Usted entiende de whiskies, sargento?“. “Unos dicen que sí, otros que no“, responde el sargento como si fuera de Porriño. “Pruébelo“, le ordena y McLaglen le da un trago burdo, derramándose el líquido por el uniforme, y empieza a poner caretos y hacer gargarismo variados como si hubiera bebido amoniaco, con ese careto almohadillado que tenía el tío que parecía un pavo asado antes de ayer.

¿Qué opina, sargento? – pregunta Fonda.

Que es mejor que no tener ninguno.

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