Bueno, bueno. Eso está mejor… Ya está enmendado. Y que no vuelva a pasar.

La entrada “Haz tu momento” ha alcanzado ya las 335 visitas de rigor, aunque no haya sido por mi amenaza, o no del todo, de cortaros los cojones sino más bien por el efecto José Martínez Franco, que generosamente me ha citado en su Facebook. Muchas gracias, Pepe.

A mí eso me ayuda, y no poco, que en lugar de comentar en Facebook la entrada, la compartáis, siempre que os haya gustado, claro.

Pero me ha venido bien, además, porque de esto iba hoy precisamente la cosa: de la generosidad que, en mi opinión, debe ser una de las características del fumador de cigarros e iba a poner de ejemplo a Don José Martínez Franco, un hombre que ya no tiene necesidad de demostrar que ésa es una de las virtudes que le adornan.

Citando a un amigo suyo, también campeón de la generosidad, Raimundo de los Reyes, maestro de periodistas y gran jefe, a quien yo debo tanto: “Nunca te arrepentirás de ser generoso“. Es verdad y, además, ¡qué coño! ¡Qué triste es ser cutre!

Hace unas semanas, comí con Pepe y con Pablo Montorio y me regalaron unos cuantos cigarros, algunos muy antiguos (entre ellos un Davidoff Nº2 cubano, ojo), por algo que, como dije, en verdad no podía aceptar, pero yo no tengo remedio para algunas cosas: si me hubiera llegado alguien con dinero, me habría negado rotundamente a cogerlo, pero me vienen con unos cuantos puros (de gran valor, eso sí) y, mira, a la salud de ambos.

Este fin de semana se había dado la circunstancia especial para darle yesca de la buena a uno de ellos: un Espléndido de Cohiba de una caja que yo sé que es muy especial para Pepe. Esa Julieta nº2 fantástica que ha dado 178 mm de felicidad (cepo 47) a tantos fumadores del mundo. Es un formato que no debería caer en el olvido: el Espléndido, el Sir Winston de H. Upmann, el Churchill de Romeo y Julieta…

La cuestión es que tengo un amigo, del que os he hablado alguna vez, con el que me fumo un cigarro casi todos los viernes: Eduardo Mateos. El pobre ha pasado un mal trago (¡ánimo Eduardo!), sin bromas, ha visto durante 48 horas pasar su vida en diapositivas por una MACRO INFECCIÓN de orina de esas que, incluso, llevan consigo un riesgo elevado de septicemia y, joder, vas al hoyo (no precisamente de Monterrey) ¡con todos los cigarros que le quedan a Eduardo por probar!

Es en serio: miraos la próstata que es una hija de puta y ya ha cambiado mucho la historia. Ya no hacen falta guantes de látex ni hay necesidad de que el médico se quite el reloj para hurgar.

El sábado ya apareció el pobre. Caminaba con gravedad agazapado bajo su gorra, arrastrando una pérdida evidente de peso, de esa clase que se ve que no ha sido sana. Me senté con él, sin cigarros (no contaba con verle), a tomarme una Mahou, él se conformó con agua, para que me hiciera un relato pormenorizado, generoso en detalles, de lo ocurrido. Es algo que, además, le gusta hacer porque le encanta escandalizar a sus interlocutores (yo me descojono, no me escandalizo) regodeándose en lo nimio y en lo burdo, como, por ejemplo, de qué manera le pusieron la sonda y lo que siente con ella puesta.

Daban ganas de citarle a Lorca cuando dice que es “un pulso herido que sonda las cosas del otro lado“.

Total que va a estar con sonda y bolsita cuatro semanas, cuando le operen de la próstata para que no se le vuelva a repetir la infección.

Eduardo, que es así, ya se ha informado de todo lo que le van a hacer, como y por dónde y te lo cuenta también, abundando en detalles, y yo, que cuando voy al médico siempre digo todo lo contrario,”hazme lo que tengas que hacer, pero no me lo cuentes”, cuando terminó el relato de la intervención, me quedé mirándole y le dije:

Oye, Eduardo, y ya que vas tan dispuesto a dejarte hurgar ahí, ¿por qué no aprovechas y te sometes a un agrandamiento?

Y conseguí que se echara una risa.

Te lo digo en serio –le insistí-. Y, mira, joder, yo te dono 10 cm, que para eso están los amigos.

Chistecito del patriarcado, claro; no espero que lo compartan, aunque también podía haber dicho “Te dono yo lo mío que, total…

Al día siguiente comimos juntos e hice efectiva la donación, lo que pasa es que en vez de 10 centímetros, como ando sobrado, le doné 17’8 centímetros, una Julieta nº2 especial que me regaló un amigo especial para otro amigo especial que, espero, no me dé más sustos.

Sé que Pepe lo entenderá. Ese Espléndido de Cohiba sí que es una generosa donación, porque es el habano ideal darle una hora de sentido y dirección al hecho de que seguimos aquí, que no es poco, para seguir disfrutando de los amigos. Ánimo Eduardo.

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