Antes de encender

Hoy iba de otra cosa el tema, pero me he enrollado como una persiana y me ha salido un básico: antes de encender. Para no iniciados. Sólo una cuestión previa: esto es lo que hago yo. No está ni bien, ni mal, es mi propio rito del encendido y para mí es parte del disfrute de un cigarro, pero una de las normas de Burkina [J’Adore] The Revist es, precisamente, saltarse la norma.

La paradoja del anarquista: «Primera ley: desobedece la ley».

Tampoco quiero llevar las cosas al extremo. Libertad responsable no significa que esto se convierta en la Tomatina, pero hay muchas normas no escritas que imponen un canon falso o que no sirve para todos los cigarros en todas las ocasiones; no creo que sea posible estandarizar el rito del encendido ni los muy personales gustos, ni que el disfrute sea posible enfajados en normas que no se comprenden bien, pero que nos hacen parecer fumadores ortodoxos… Ni, desde luego, me gustan las leyes que categorizan o que etiquetan lo que es diferente y lo señalan como «peor», sólo porque la propuesta se sale de los límites de lo que la ortodoxia prescribe.

La ortodoxia es cojonuda. Yo no estoy en contra, ojo. La respeto bastante, pero no hasta el punto de que me impida el placer.

Pero a mí me gusta.

Yo, siempre lo digo, soy mal fumador porque mordisqueo el cigarro. La saliva impregnada del sabor del tabaco por las encías y debajo de la lengua me da saborcillo. ¿Soy mal fumador? Pues sí. Un ascazo de fumador, pero a mí me gusta. Otro tigre que muerde el puro, pero que se lo mete casi hasta las muelas, es Manuel Inoa. Fijaos la próxima vez.

Y después le decís a mi pana que no sabe fumar.

Aquí me veis con un Reserva Original de Plasencia, metido hasta la glotis.

Mi primera norma básica me dice que el cigarro se acaricia antes de nada para notar la grasilla de la capa en las yemas de los dedos. Es un placer que no puedes perderte, sobre todo con esas capas que hay por el mercado que ya las quisiera Supermán. Esto no es obligatorio, como casi nada, pero a mí es fácil verme darle vueltas al cigarro en los dedos un rato largo antes de cortarlo. El problema que te puede surgir es que te guste tanto el tacto que decidas no fumarlo.

Al tacto, por encima del cañón del cigarro, apretando con delicadeza por toda la superficie del cigarro, vas a notar si le falta tabaco (está demasiado blando), si le sobra y va a dar problemas de tiro (demasiado duro), si tiene nudos (bolas de tabaco que se forman por un torcido defectuoso y que, al expandirse la tripa dentro del molde, impiden el tiro) y también si está seco.

Presiona con juicio, con tiento, que si está un poco seco, te lo puedes cargar. La prueba de la sequedad hazla, mejor, en el pie, donde si lo rompes un poco, tampoco importa demasiado. Que el cigarro esté seco no es realmente un problema… Salvo que esté más muerto que mi abuela y, en ese caso, mejor haz una fogata… Pero si está un poco seco, te lo puedes fumar. Al principio te va a dar un picante muy intenso, una falsa fortaleza, y poco más, pero, después, según vas fumando, el mismo aire que pasa por el cañón en cada aspiración va humedeciendo el cigarro y se normaliza.

En Barcelona, esto pasa rápido. En Madrid, tardas más, por el ambiente. En el desierto del Gobi… Fogata.

Olerlo en frío

Después, yo al cigarro le huelo los pies… Es en el pie, en frío, donde ya vas a notar algunas de los matices que te va a ofrecer el cigarro y seguramente la fortaleza: la madera, la tierra, el cuero, el picante… El nivel de fermentación del cigarro, por ejemplo, si huele a recién fregado, mételo en el humidor (a veces no tiene remedio). El cigarro, en principio, no se huele por la capa, porque no da ninguna información relevante, aunque el tacto de la misma en la punta de la nariz es muy gustoso.

El corte, ¡Ay el corte!

Después lo corto. Siempre poco, hacedme caso. Si tú prefieres un tajo tipo Enrique VIII, dale, que esto es muy personal, no hay ni bien hecho ni mal hecho, hay me gusta o no me gusta. Pero un corte pequeño permite dos cosas: primero, importante, rectificarlo si lo has hecho mal que a todos nos pasa (depende mucho del cortapuros que haya, que a veces es una mierda); segundo, aguanta el cierre de la capa por la cabeza. Quiero decir, que si te pasas cortando, lo fácil es que la capa se empiece a desenrollar y acabes escupiendo trozos de tabaco como en el chiste de los pelos (no lo cuento que me echan la bronca).

Tipos de corte hay muchos: el tradicional, que hago yo; el de cuña, que es muy corriente en Estados Unidos; el perforador, que le hace sólo un agujerito… Hasta una vez os conté que conocí a un francés que lo cortaba como la flauta de Bartolo.

OTRA MUESCA EN MI COLT

Y en esta otra ocasión, os solté un rollo importante sobre cómo el corte puede influir en la fortaleza del cigarro.

CORTE, FORTALEZA Y EMBUDO

Si eres nuevo en esto de fumar puros, bienvenido y no te agobies. Poco a poco irás cogiendo destreza y, sobre todo, afinando y afirmando tus gustos, el «yo lo hago así porque me gusta y punto».

Fumar en frío

El siguiente paso, para mí, es la fumada en frío. Antes de encenderlo, yo me llevo el cigarro a la boca y aspiro, a veces poco, a veces más rato, y alimento así mi expectativa. También aquí, por si el tacto te ha dado alguna duda, te va a quedar claro si el cigarro tiene problemas de tiro. Sin duda. En frío es fácil saber si el cigarro tendrá matices cítricos, puntas salinas, la pimienta sale siempre (si la tiene), la madera… La fumada en frío también proporciona información importante para la cata.

Si te das cuenta, llevas un rato largo disfrutando del cigarro sin llegar a encenderlo, mientras los ansias ya van por la mitad de la fumada. Alimentar la expectativa, alargar el camino, da mucho placer y sólo se trata de aguantar un poco más antes del éxtasis que es la primera calada.

Encendido

Antes de nada, que me lo vais a preguntar, que ya lo sé: ¿se corta y se enciende o se enciende y se corta? Mi amigo Eduardo Mateos, con quien fumo muchos viernes, lo enciende y lo corta; yo lo corto y lo enciendo, porque si lo hago al revés, no puedo aspirar en frío y, para mí, ese paso es importante. Tú, hazlo como prefieras.

Estará bien hecho.

Para encender el cigarro, déjate de historias: un mechero tipo torch. Ni cerillas, ni cedros, ni darle vueltas ni pollas en vinagre. Ese show es precioso para los que lo saben hacer. Yo no lo hago porque no sé hacerlo ni tengo habilidad en las manos para darle vueltas mientras lo prendo y cuando lo he intentado he achicharrado la capa.

Los sumilleres lo hacen muy bien, es fantástico verlo, muy visual y espectacular y le dan el encendido perfecto, pero, si eres un gañán, como yo, te recomiendo un torch. Yo los prefiero de una llama. De dos, como mucho, porque no me gusta correr el riesgo de abrasarlo. Dale distancia y lo vas acercando de manera que veas que el pie se prende bien en toda su circunferencia. Esta norma sí es esencial. Si no, quemará mal. Enciende todo el pie y sóplalo antes de dar la primera calada para asegurarte de que tiene brasa en toda su superficie. Si no, dale un poco más de candela.

Si te pasas y carbonizas un poco la capa, tampoco es para fusilarte al amanecer. Puede dar sabores desagradables, pero se pasa enseguida. No tengas miedo, ten cuidado, pero no miedo. Y, mucho menos, miedo a que el tipo de al lado te diga que no tienes ni puta idea de encender un cigarro. Todo se aprende con la práctica, todo. Rafa Nadal cogía la raqueta al revés cuando empezó.

A mí me gusta meter la nariz sobre el humo que sale en el encendido. No siempre se puede hacer, pero si tengo la oportunidad, lo hago y me encantan esos primeros aromas del cigarro. Una vez prendido, repanchíngate en el asiento y, entonces, con el momento cenital suficientemente alargado, disfruta de la primera calada.

Y a gozar

Esa primera bocanada de humo que te llena la boca del placer del momento y de lo que está por llegar… Un buen tabaco es como una promesa cumplida y, además, como otra que está a punto de cumplirse.

Yo hago esto, pero no lo hago siempre. A veces, me dejo llevar, corto y, hala, a fumar… Depende. Ese es el verdadero básico: comprar, corta, encender y disfrutar, porque, en verdad, lo único que necesitas saber para fumar cigarros es que te gusta fumar cigarros.

Lo demás son gilipolleces. Demasiado gurú. Decía Don Imeldo Rodríguez, maestro tabaquero de Condal: «Todo el mundo habla del tabaco, pero, ¡ay!, si el tabaco hablara«.

6 comentarios de “Antes de encender

  1. Ángel dice:

    Hola Javier.
    Totalmente de acuerdo. Yo disfruto mucho de la fumada en frío y te puedo decir que con el cigarro que más la he disfrutado ha sido con E.Pérez Carrilo Encore. Este cigarro y otro de la Rosa de Sandiego me dejaron una sensación en los labios como pegajosillos, como cuando tomas el caldito de unos buenos callos o manitas de cordero, que me encanta. El sabor y el aroma en frío de estos cigarros es maravilloso. El Encore es puro cacao. Sobre la ortodoxia como bien dices sin agobios y sometida a los gustos de cada uno.
    Gracias, por tus artículos y recomendacines nos ayudas mucho a los nóveles en este gran y magnifico mundo del tabaco. Sigues hanciendo Legión.

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