Desde Galicia, con Nodal y Abdel, H.Upmann y las Bellas Artes

El gran Rafael Nodal ha estado unos días por Madrid y ha ido dejando su huella en forma de H.Upmann (no el cubano, un desarrollo nicaragüense para Tabacalera USA) por donde ha pasado. Ha sido una pena que no hayamos podido vernos, me habría gustado. Siempre es un placer fumarse un cigarro con él. La próxima vez será.

Recordad lo importante que es elegir una buena compañía para fumar

Con Rafael coincidí bastante en Santiago de los Caballeros en el tiempo en que yo trabajaba en La Aurora. Cuando venía a Santiago, se alojaba en el mismo hotel que yo y alguna mañana coincidíamos en el desayuno. Fui de los primeros en saber que estaba colaborando con Tabacalera USA (Altadis, entonces) para desarrollo de nuevos productos. Y, la verdad, no me extraña nada porque Nodal es un grande del sector y Tabacalera USA es, hoy por hoy, la gran máquina de fabricar bueno y diverso.

Tienen la Tabacalera de García, ya sabéis, en La Romana, la fábrica de cigarros premium más grande del mundo, donde se elaboran esos VegaFina que tantas alegrías nos están dando últimamente. Pero, aparte, al igual que hacen otros grandes fabricantes, como STG, de vez en cuando tiran de otro autor para el desarrollo de líneas nicaragüense de marcas de habanos: el cubano Abdel Fernández.

Las marcas propias de AJ se venden en España desde hace algún tiempo y os aseguro que no hay una sola que sea medio regular: la calidad está garantizada, aunque la mayoría de ellos no son puros para gente no iniciada. Aquí recomendé no hace tanto el San Lotano, un cigarro maravilloso…

San Lotano, así, separado, robusto

Ya no lo busquéis con esa anilla… Sé de buena tinta que se han agotado. La anilla nueva es ésta… Aunque a mí me gustaba más la vieja y, de hecho, si entras en un estanco y ves unos San Lotano con el diseño antiguo, no te lo pienses.

Ahora me cuentan que se ha empezado a comercializar el Bellas Artes Maduro. Lo anunció Burkina [J’Adore] The Revist en el mes de febrero

Bellas Artes Maduro, de AJ

y tal y como se dice en esa entrada, en el mes de abril, de forma muy limitada, mucho, y en muy pocos estancos, se puede encontrar esta maravilla.

Sólo 600 cigarros, treinta cajas de 20 unidades, de este robusto box pressed largo 140 mm x 52, un tabaco con una fortaleza de media a fuerte, muy rico en sabores oscuros, cacao, cremoso, puntas dulces y canela, largo de sabor y de bocanada muy untuosa. Es una maravilla que yo si he tenido la oportunidad de fumar y os lo recomiendo… Si lo encuentras, claro, porque, como digo, llega muy limitado y a un precio de 14’50 euros.

Sobreviví a un cocido gallego

Yo me he venido a Galicia, huyendo de la sequedad de Madrid, a darme unos baños y me los estoy dando, pero bien, porque agarro a mi perro asesino y nos plantamos en la playa a primera hora de la mañana y regresamos convertidos en sopa (pero el que apesta a perro mojado es él). Cae en todas las direcciones, a ratos racheada, a ratos en forma de esa niebla meona y siniestra que marca el límite de los pinos, que aquí llaman brétema (me encanta esta palabra) y, entre rayo de sol y rayo de sol, un orballo sin fin que te hace recordar que la vida es agua, que el argé fue agua, que todo es agua que decía Tales de Mileto y que la muerte es seca.

Hay que mojarse, es un principio de Burkina, pero guardando el equilibrio de humedad interna y externa. Para eso mismo fui convocado ayer a un cocido gallego al que no me pude resistir, porque soy gordo sin complejos, y al que me entregué en cuerpo y alma, no sólo porque uno es educado y se come todo lo que le ponen en el plato, sino también porque aquí a la que te despistas, te vuelven a llenar el plato. Son poco exagerados para comer. Muy poco. Te dicen cantando a voces: «¡Ah, ho, eh! ¿Tes fame ti?» Y tú contestas que no, que no, que la tuviste un día, hace tiempo, pero que ya no has vuelto a tener hambre ni sombra de ella… Porque aquí sucede que se ha pasado hambre, y no hace tanto, y ya no quieren volver a pasarla, así que tragan a modo para espantarla: volverá el hambre, es posible, pero les pillará siempre con el estómago lleno.

Siempre, siempre y por varios días:

El cocido gallego es una de las pruebas más exigentes del «iron-man» de la obesidad mórbida. Puedes pasar del caldo, que es opcional, pero no de las patatas (patacas do país das patacas), enteras y en número suficiente como para extinguirlas; los deliciosos grelos encierran un sabor dulce y amargo en su aspecto de alga marina lanzada a la arena por la marea, que quien no los ha probado, no sabe lo que es bueno; y los fabons, una alubia blanca bien gorda. Acompaña a esa alineación más o menos saludable y equilibrada, el pollo, que da rico sabor al caldo; la costilla de cerdo, el espinazo que siempre se pasa de sal, la oreja cartilaginosa y suave y un morro de cerdo que dan ganas de besarlo; a su lado, esa generosa pieza de zancarrón o morcillo de ternera, que aquí llaman xarrete, que se desahce en hebras cuando lo cortas y que tiene ese sabor a comer tan untuoso; una tira larga e inacabable de tocino, tocinaco, todo amor, todo ternura; el chorizo, por supuesto, que le da un toque de color al cocido y, si no andas listo, todavía te caen encima los «osos«, el hueso de caña y el de rodilla, que tiene su carne gelatinosa pegada al calcio y ese tuétano tan primario y delicioso.

Creo que no se me olvida nada. Bueno sí, claro, la caña. La de casa. Me hace gracia porque tú ves que viene embotellada en un recipiente estrafalario, como, por ejemplo, en una botella de algo que en su día se llamó Tolón-tolón con cencerro y todo, y ya dices: ésta es la buena, seguro. Al loro con la botella.

El mejor edulcorante para el café: unas gotas (jotas, en jallejo jastrapo) de caña de casa. Yo soy más de chorrete que de «jotas», la verdad, pero eso aquí lo miran mucho: de hecho, te llenan la taza de café casi hasta el borde para que sean más bien «jotas» que «chorretes». La caña de casa, que es ilegal, tiene el valor inmenso de todo lo clandestino.

Después, aparece una botella de whisky que, al parecer hay que terminar porque se necesita vacía para llenarla de caña. Y eso que este Glenrothes llevaba en la cola para convertirse en envase de caña casera unos años. Le mandé la foto a la brand ambassador de la marca, Carolina Gómez, y me lo confirmó: «¡Anda que no tiene años!«.

Pues eso es lo bueno: tendrá años, pero el whisky estaba intacto, delicioso, frutal, con ese tono amarillo pálido que es el genuino de un whisky honesto y nada ampuloso.

Y para rematar, la huella de Nodal en forma de H.Upmann Nicaragua por AJ Fernández

Los ha ido sembrando Rafael Nodal a su paso por Madrid y, aunque no he podido verle, he rastreado sus huellas y me ha caído, sin pedirlo, uno para que lo pruebe. La combinación de un artista como Nodal con un fabricante serio como AJ, dan de resultado un cigarro de fortaleza media, no más, con una construcción perfecta, una presentación moderna y atractiva y un enorme equilibrio de sabores. Al Glenrothes le iba de perlas y, así, ahuyentando el fantasma da fame, y con miedo a subirme a la báscula a mi regreso a Madrid, he pasado estos días que, lástima, ya se acaban.

2 comentarios de “Desde Galicia, con Nodal y Abdel, H.Upmann y las Bellas Artes

  1. José E. AGUIRRE dice:

    Vaya ideas me has dado. Visita al ESTANCO Y Caldo Gallego con su Pote, que buena definición de todas sus componendas. Y de final GLENROTHES actualizado.

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