Montecristo 1935 en el Club de los 100 Puros-Argo

Supongo que debería empezar por el principio, que es para lo que has entrado aquí, para que te cuenta mis proezas en el Club de los 100 Pugos, anoche, en Argo, con la presencia de los amigos de Tabacalega.

Pero, antes, dos cosas: mis disculpas por la ausencia de estos días. No es que no haya trabajado. Al contrario, he tenido lío, pero uno que me ayuda a llenar la nevera (aunque tampoco mucho). Así que, como esto (de momento) es un entretenimiento y me lleva mi rato, pues se ha tenido que esperar. Tengo muchas entradas pendientes por publicar, pero…

… supongo que lo entendéis. Y, bueno, si no lo entendéis, pues ya sabéis… 

… llamad a Trump a ver qué opina.

Dos. EL PEPINAZO 2018. Qué votéis. Que lo hagáis ya. Dejad de leer esta entrada y mándadme un email con vuestro nombre y los tres cigarros que más os han gustado en 2018. a jblancourgoiti@gmail.com 

Hacedlo que, si no, os van a estar esperando en la puerta de casa unos amigos míos, los Tagliafierro fratelli, y ellos no son mucho de hablar, ni de pedir las cosas por favor. Son más de citar a Pavese:

Per tutti la morte ha uno sguardo“. Que, como todos sabéis, en italiano significa: “Te voy a desollar vivo y usaré la piel de tu culo para forrar los asientos de mi coche“. Votad. Os lo aconsejo.

Yo soy un padre chapas. Pero chapas, chapas. No suelo gritar… Bueno, alguna vez he gritado y se me ponen las criaturas tiesas como una merluza fresca. No tienen costumbre de que su padre grite. Yo meto la chapa. En mi muy particular teoría, una buena chapa, repetida, tautológica, machacona, es más efectiva, correctiva, más pesada y coercitiva que las dos guantadas a tiempo, que están sobrevaloradas.

Y tengo una estrategia para que la chapa no pueda ser evitada. No way. El miércoles llovía y, a las 8,15 h de la mañana, dispuesto como estaba a darle un paseíco bueno a mi perro asesino…

… me ofrecí a mi Rodrigo para acercarle al instituto en coche. Y no aprende el pobre, porque entra en el coche, arranco, salgo del garaje y, cuando ya no tiene escapatoria, empiezo con mi chapa. 

Pim pam pimp pam pim pam pim pam… Y yo soy más cargante que el trapp ese que él escucha, que no hay quien lo aguante. A veces me da pena. 

Así salimos de casa: el perro, el niño, la mochila, dos bolsas de basura (la orgánica y la de  los plásticos y envases) y el chapas.

Cargamos el coche. Llovía demasiado para que se fuera andando 

Y chapa. Hasta el instituto.

Y, después, al soto, con el perro, a buscar conejos.

Esto fue el miércoles

Ayer tenía la cena del Club de los 100 Puros en Argo, en la plaza de Santa Ana, en Madrid, y aquel fumador de cigarros que no conozca ya Argo no tiene perdón. Echa un vistazo, anda.

Tarde, por una maldición que me persigue, salí de casa sin peinar ni afeitar, aunque me eché colonia. Bajé al garaje, arranqué mi coche y entonces…

Tuve que parar. Algo no iba bien con la Maison Berger. Ya os conté que es este invento mágico que mata el olor del tabaco frío del coche.

Y funciona muy bien, de verdad. Su aroma me llegaba a la pituitaria como una lucha entre el bien y el mal, mezclado con un olor fuerte imposible de clasificar. Pensé en que el perro había metido algo en el coche sin que yo me diera cuenta. Paré en el aparcamiento de fuera de mi casa, me bajé del coche y me puse a registrarlo a fondo. 

Algo había allí pudriéndose y, a saber, porque todos los días nos vamos al monte a dar una vuelta y como Woody es un asesino, podía haber hasta a un cadáver.

Soy un hombre creativo y, por tanto, en mi lado oscuro, soy caótico y en lo que se refiere al orden practico una variedad muy original que se parece bastante al desorden, pero no. Es orden a mi manera. En el registro de mi coche salieron a la luz algunas cosas que no recordaba que fueran mías, otras que no supe bien a quien adjudicar, otras cuya naturaleza no era posible identificar a ciencia cierta y un par de artilugios más que un arqueólogo habría datado, sin dudarlo, en tiempos de Cthulú.

Pero nada que pudiera emitir el olor.

Tiré a la cena de los 100 miembros, en Argo, porque si ya había salido  de casa para llegar puntualmente tarde, esto me había retrasado aún más y estaba convencido, además, de que Carmena no me iba a facilitar de ninguna manera recuperar un poco de tiempo. El tráfico en Madrid está peor que nunca.

 Abrí ventanas, me encendí un Lucky y salí con aquel fondo de olor en el que se notaba que la Maison Berger estaba haciendo su trabajo, pero con enorme esfuerzo.

La cena en Argo estuvo muy bien. Fumamos dos habanos (yo, en verdad, sólo uno): un Montecristo Media Corona, una felicidad de aperitivo de vitola de galera Media Corona, 90 mm x 44, muy rico, sabroso, con la fortaleza que se espera de un gran, gran Montecristo.

A la hora de los parlamentos, Ángel García Muñoz, como siempre, presentó el cigarro principal a los socios del club: Montecristo 1935 Maltés, un pepinaco que Habanos lanzó el año pasado en un refiestón por todo lo alto que se celebró en el hipódromo de Madrid. Hace referencia al año de fundación de la marca, 1935, y viene en tres vitolas: Leyendas (VG: Maravilla nº2, 165 mm x 55); Dumas (VG: Prominente corto, 130 mm 49), que en mi humilde opinión es el mejor de los tres, y el citado y exitosísimo Maltés (VG: Sobresalientes, 153 mm x 53).

Esta maravilla

Montecristo 1935 Maltés, vitola de galera Sobresalientes (153 mm x 53).

Es tan bonito que da pena fumárselo, muy sencillo como tienen que ser las cosas elegantes. Hubo quien preguntó por el nombre “Maltés”, no sé quién fue, pero allí nadie supo responder por qué los cubanos han decidido llamarlo así. Siempre hay, entre el público, un listo capullo que todo lo sabe, pero en esta ocasión eligió cerrar la boca y no dárselas de listillo, pero llegada la ocasión, como el listo capullo que todo lo sabe tiene un blog, aprovecha para resolver la duda en la entrada del día siguiente.

Y es que no sólo me leí el libro, en su día, sino que, además, este año he escrito el prólogo para una edición de “Los tres mosqueteros”, supuestamente del mismo autor, para lo que anduve investigando y documentándome sobre Alejandro Dumas.

Lo voy a contar en pocas líneas. Cuando Dantés consigue fugarse de la prisión de la isla de If, es recogido por un barco de contrabandistas y como está pensando en vengarse y sólo en eso, porque es un rencoroso, oculta su verdadero nombre. En el barco lo conocen como “El Maltés”.

Ese era fácil. Más difícil es averiguar por qué el otro cigarro se llama Dumas, ya que es más que sabido que Alejandro Dumas NO escribió “El Conde de Montecristo”. Dumas, que, por cierto, era mulato, hijo de una haitiana, tenía un ejército de negros y era hasta tal punto conocido por todos que se dice que una vez preguntó a su hijo, el otro Alejandro Dumas, el que sí escribió “La dama de las camelias”:

– Hijo mío, ¿has leído mi última novela?

– No, padre – le respondió-. ¿Y tú la has leído?

Se sospecha que el “colaborador” que escribió el “Conde de Montecristo” con Dumas fue Auguste Maquet. El de Ana Rosa Quintana no se ha descubierto aún.

En la cena, vino Pepe Aguirre a pedirme que presentara yo el whisky, un Glenfiddich 15 años muy rico, cosa que hice más o menos así: 

“Club de los 100 miembros… Os presento a Glenfiddich 15 años… Por cierto, votad para el Pepinazo 2018 que os rajo”.

Os contaría lo que dije, pero no lo recuerdo. Sé que no me fumé el Maltés, porque, a  la velocidad que yo fumo, que es lenta, se me iba a hacer muy tarde o, lo que es peor, tendría que dejarlo morir justo en lo mejor, así que aquí lo tengo, guardado para una buena ocasión. 

Y es que intenté pirarme a la francesa, como hizo alguno, pero me enredé a hablar con unos y otros y me dieron las mil. Bajé al aparcamiento de la plaza de Santa Ana, entré en mi coche y la peste seguía allí, mezclada con el aroma de la Maison Berger que de verdad que funciona bien, pero lo que fuera que hubiera en el coche, el muerto en descomposición que hubiera metido mi perro en algún sitio, era intenso en aromas y no precisamente ni amaderado ni especias ni cuero de Marruecos. 

Ventanilla abierta, Lucky Strike, la Maison Berger… Cuando llego a casa, se me encendió la bombilla: la basura llevaba dos días en el maletero. 

La madre que me parió. Hala. Buen finde a todos.

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