¿Cuánto tiempo dura un tabaco?

En cierto modo, voy a volver a un básico: ¿cuánto dura un tabaco? Pero no voy a cometer la imprudencia de contestar a esa pregunta. Mala, mala respuesta tiene. He oído a más de uno, personas verdaderamente expertas (sin ironía), a las que tengo respeto porque llevan mucho tiempo en el tabaco y saben lo que dicen, cometer el error de mojarse sólo porque el ego, tan malo, les impide dar un paso atrás, reconocer que hay algo que no saben, un dato que se te escapa, y lanzarse a dar un número concreto de años, un plazo fijo pasado el cual el tabaco pierde sus propiedades.

Como si esto fuera una ciencia exacta y los cigarros, yogures desnatados.

Con lo fácil que es decir «depende». «Depende» es la respuesta correcta a cualquier pregunta que uno se pueda hacer con respecto al tabaco.

Nos movemos en el maravilloso mundo de lo relativo, de lo cambiante, de lo vivo, de lo subjetivo, de lo que nunca es igual porque no existe una fórmula matemática que pueda calibrar ni medir de ninguna manera la inmensa cantidad de condicionantes y factores que influyen en el resultado.

Dunhill Cabinet 1972

Hace unos años, tuve la oportunidad de fumar un Dunhill de 1972.

No era exactamente este, pero ahora no encuentro la foto.

Me lo brindó mi amigo Jesús Llano, estanquero de la calle Cardenal Cisneros, de Madrid, un hombre que si no existiera habría que diseñarlo, que fue Hombre Habano del Año a la venta al detalle, es decir, mejor tienda de Habanos del mundo, en el Festival del Habano de 2004.

Creo que cometimos un error. Aquel cigarro, que entiendo que fue un gran tabaco en su momento, hace 47 años, estaba ya más muerto que San Sebastián asaeteado. Cuando nosotros lo fumamos, tenía treinta y tantos años. Fumar ese cigarro tiene un componente más morboso que sabroso, por la expectativa de disfrutar de una joya del pasado.

Una expectativa que, por supuesto, no se satisface.

No importa cuánto tiempo tuviera el puro ni en qué condiciones se había guardado la caja. Está claro que un tabaco, por bueno que hubiera sido en su día, deja de cumplir su función vital, la básica, que es proporcionar sabor, con más de treinta años. Si no ha estado guardado en buenas condiciones, se deteriora demasiado; si ha estado bien guardado, en parámetros ideales de humedad y temperatura, el tabaco ha seguido trabajando, trabajando y trabajando hasta quedarse sin chicha. Plano. Tieso.

DAVIDOFF CUBANO Y DOMINICANO

Hay una parte importante de esa mitomanía morbosa a la que me he referido en las subastas de cigarros antiguos, en las que algunos llegan a pagar millonadas por una caja de Habanos anterior a la Revolución, pero, bueno, todos sabemos que en el mundo hay un puñado de gente que tiene el dinero por castigo.

Esta caja de Davidoff Chateau Yquem de 1980, cubano, una panetela larga de 152 mm x 42, en caja cabinet de 50 unidades, se vendió por 10.000 libras esterlinas… 11.200 euros… Casi dos millones de pelas por 50 puros (para los que, como yo, necesitáis pasar euros a pesetas para ser conscientes de lo que supone). El aspecto, al menos en la foto, es intachable.

Yo he tenido la suerte de probar algún Davidoff cubano de los 80… Regalado, claro… Y conozco a quien tiene en su casa guardadas cajas y más cajas de Davidoff Dom Perignon (cubano), no porque coleccione, ni porque las quiera vender, sino porque acumula de lo que le gusta para que nunca le falte. Pero como no se dé prisa, cuando se lo quiera fumar…

En las dos ocasiones que he tenido ese privilegio, propiciadas por Fran González Nieto y por Pepe Martínez Franco, el cigarro, con alrededor de 20 años de vida, estaba bueno, pero domado. El sabor que predominaba era el del cedro, la madera, que es muy tabaquero, y poco más.

Fueron grandes tabacos, sin duda, pero quizá veinte años es demasiado tiempo para mantener toda su estructura aromática. Cuando se dice que el tabaco es muy higroscópico, se refiere a la capacidad que tiene de adquirir y soltar la humedad relativa del ambiente rápidamente y, con la humedad, entran los aromas… A veces, aromas extraños, ojo… En un cigarro que permanece tantos años dentro de su caja de cedro, inevitablemente, tiene que dominar la madera.

Pero no siempre es así.

DOS JOYAS

El viernes, en un restaurante madrileño decente en el que, a partir de una hora razonable, se cierran las puertas y se permite fumar, engullí unos callos picantitos y untuosos que nadie diría que estoy a régimen otra vez.

Pues lo estoy, pero soy débil.

Nos juntamos unos amigos para celebrar el cumpleaños de Pedro Merino, 40 años, una juventud insultante, y Pedro nos invitó a un Montecristo Sublime Edición Limitada 2008 (VG Sublime: 164 mm x 54), la séptima mejor edición limitada de Habanos de la historia del universo

LA MEJOR EDICIÓN LIMITADA DE HABANOS DE LA HISTORIA

(por cierto, que tengo que hacer el sorteo de la caja de Propios).

Como podéis ver en la foto, esas capas con dos años extra de añejamiento, más los once años desde que el cigarro salió al mercado, han adquirido cierto aspecto avejentado. Es normal, porque, quieras o no, el tabaco se contrae y se expande con los cambios de humedad, aunque sean levemente, y eso pasa factura a una hoja tan elástica como la capa que, para quedar bien colocada, tiene que estirarse hasta donde sólo llega, sin que se rompa, un maestro tabaquero. Esa habilidad del torcedor sólo comparable a la del cirujano plástico de Isabel Preysler. Pero, con los años, se afloja, pierde tensión y tiende a arrugarse.

Me refiero a la capa, no a la Preysler.

La construcción, sin embargo, era perfecta. Se le notaba que estaba bien lleno de tabaco. En frío, con once años, el aroma predominante era lógicamente, la madera, pero con toques dulces. Picante, cero. De hecho, al principio de la fumada, el cigarro se presentó un poco tieso, como si el tiempo le hubiera pasado un poco por encima, con una fortaleza más bien baja que parecía indicar que el puro se iba a quedar plano.

Pero el tabaco siempre te pone en tu sitio. Aún estaba en el primer tercio, cuando el cigarro empezó a abrirse, como un vino reserva bien oreado, y a dar más sabores y fortaleza, hasta acabar en rotundo tabacazo. De hecho, después de pensarlo mucho, llegué a la conclusión de que la única nota de cata válida para el Montecristo Sublime EL 2008 que podía hacer era…

Tremendo tabaco me he apretado. Viva la vida.

Con una copita de Oporto Tawny que le realzaba buena parte del dulzor perdido en el tiempo.

PERO HE DICHO DOS JOYAS

Dos joyas, no una, porque tengo amigos generosos que no creo merecer. Pepe Aguirre, secretario del Club de los 100 Puros, se presentó en la comida del viernes con este Montecristo Double Coronas Edición Limitada 2001… Y me lo regaló.

Trigésimo séptima mejor edición limitada de todos los tiempos, según el ránking de Burkina [J’Adore] The Revist, según el mío personal, merecía un puesto más alto pero han pasado dieciocho años desde que salió al mercado y muchos de los jóvenes lectores de este blog (la media de edad según Google Analytics es 34 años), que votaron a las limitadas, prácticamente no habían nacido… ¡Qué mayor te has hecho, Pepe!

Vitola de galera Prominente (194 mm x 49), como veis el tiempo no le ha perdonado, como no perdona a nadie. La foto la he hecho yo y es una porquería. Quizá lo veáis mejor en esta otra.

Ha estado bien guardado, en buenas condiciones. Se nota en la forma en que la humedad se va comiendo los colores de las anillas, pero tiene 18 años, más los dos años de añejamiento que le dan en Cuba… 20 años.

La pregunta es: ¿me lo fumo o lo enmarco y lo colocó en el salón de mi casa junto a la foto de mi boda?

O, mejor, en lugar de la foto de mi boda…

4 comentarios de “¿Cuánto tiempo dura un tabaco?

  1. Ángel dice:

    Fumateló! Soy de los que piensan que son piezas únicas que se crearon para ser disfrutadas no almacenadas hasta que pierdan todo su contenido. Al final se convierten en un envoltorio sin regalo.
    Un saludote, Javier.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *