Davidoff, en buena compañía

Ya os conté el otro día, AQUI, que se me dio la oportunidad de asistir al seminario de cata que imparte José Blanco, vicepresidente de ventas de La Alianza (Ernesto Pérez Carrillo), y uno de los mejores comunicadores del mundo del tabaco. Porque la cuestión a veces no es saber mucho o poco, y él os contestará que sigue aprendiendo; aquí la historia está también en ser capaz de contarlo para que los necios, como yo, lo entendamos. Él sabe. Y fue fantástico, porque burkinizó bastante… Quiero decir que Burkina [J’Adore] The Revist y José Blanco comparten una forma muy parecida de entender el maravilloso mundo del tabaco. Me hizo pensar que, quizá, no voy por tan mal camino. No. Voy por buen camino y, además, en buena compañía.

La buena compañía es una parte esencial del disfrute de un cigarro, hasta cuando lo mejor es es estar solo que, como dice el refranero, «mejor solo que mal acompañado». «¿Qué es lo único que puede estropear un cigarro perfecto?«, preguntaba José a los asistentes al seminario. «¡El tiro!«, contestaba uno; «¡La fermentación! ¡Que queme mal!«, decía otros. «¡Que me pillen mis padres fumando!«, dije yo.

No, no, no -negaba el maestro-. He dicho PERFECTO, ¡el cigarro perfecto!

Perfecto, perfecto es mucho decir y yo no voy a ser tan osado, pero hasta donde un tabaco puede llegar, sin la ayuda de su consumidor, el nuevo Winston Churchill The Traveller E.L. 2019 se acerca bastante a la perfección.

Formato robusto: 127 mm x 50. Fortaleza medio-alta. PVP: 16’90 euros.

Porque para que un cigarro sea perfecto, no vale solo con que grandes tipos como Hendrik Kelner y Eladio Diaz pongan toda la leña en el asador; no es suficiente con que contenga unos tabacos en cuyo proceso ha intervenido el mimo de cientos de pares de manos, hoja a hoja, y la vigilancia de cientos de pares de ojos, para que secado, fermentación, despalillo, rezago, moja, torcido, añejamiento… Toda la intrincada receta de un cigarro se lleve a un punto máximo de eficacia y se reduzca el inevitable error al mínimo.

Si fuera por eso, por prestaciones digamos técnicas de sabor, tiro, combustión, aroma, consistencia, equilibrio… Davidoff fabricaría un cigarro perfecto tras otro, como la «máquina» humana increíblemente bien engrasada que es Tabadom. Pero el tabaco no es así. El tabaco es bastante más cabrón.

La responsabilidad de llevar el cigarro a un punto que roce la perfección no es sólo de Henke y de Eladio, ni de la selección de tabacos, ni del torcedor más hábil y experimentado de Davidoff. Ellos han cogido una capa dominicana preciosa, colorado oscuro, casi maduro; han recogido la tripa del cigarro en un capote San Andrés México, dulce y contenido; y han seleccionado visos altos y secos dominicanos y nicaragüenses para una ligada que, a pesar de carecer de ligero, ofrece una fortaleza de media a alta muy sabrosa y que tiene un marcado paso por nariz, bastante balsámico.

Y le han puesto un nombre: Winston Churchill. Me encanta el logo, por cierto:

Es una edición limitada a 8.000 cajas de 10 unidades para todo el mundo, con el añadido de que se trata de una caja humidora forrada de cuero azul, inspirada en los maletines de viaje del famoso premier británico, con los sellos de algunos de los lugares que marcaron su trayectoria de fumador de cigarros (y bebedor de whisky!!!), comandante en jefe, hombre de estado y artista, galardonado con el Nobel de Literatura.

Esta foto se la he mangado a Gonzalo de León. Espero que no te importe, hermano.

Una pasada. ¡Yo quiero uno! Me lo voy a pillar seguro.

El formato es robusto 5×50 (127 mm x 50) lo que en su día era uno de los cigarros con mayor presencia del mercado y hoy, con los cepos que se gastan, se ve pequeño. Es curioso como cambia la percepción. Pero de pequeño no tiene nada. Yo le dediqué una hora deliciosa porque, no hace falta ni decirlo, va perfecto de cantidad tabaco, peso y construcción. Esto es lo que quedó.

Precio en estanco: 16’90 euros por cigarro. 169 euros la caja.

José Blanco, en su seminario, asegura, y tiene más razón que un santo, que lo único que puede arruinar un cigarro perfecto, como Winston Churchill The Traveller Edición Limitada 2019, es fumarlo con un gilipollas. La compañía… La compañía es esencial para alcanzar la perfección. Por eso os decía arriba que buena parte de la responsabilidad de esa aspiración a la fumada perfecta está fuera del alcance de los maestros tabaqueros de Davidoff. Está en vuestras manos.

Yo, por fortuna, por esas cosas de la vida, tenía dos cigarros de esta edición limitada y, en fin, un poco de rebote, de manera espontánea, me surgió la posibilidad de fumarlos en muy buena compañía, con David Blasco, de Momento Humo. Un gran tipo David, Me cae muy bien. Admiro y envidio a la gente de Momento Humo, lo que hacen, cómo lo hacen, con qué mentalidad y entusiasmo. Ojalá hubiera muchos clubs de aficionados como ellos. Su único defecto: no han conseguido fichar mujeres. David, necesitáis mujeres. Centraos un poco. Date una vuelta por su web. Merece la pena. MOMENTO HUMO.

Dentro de compañía, hemos de incluir la circunstancia, es decir, que uno pueda fumar cómodo y a gusto y por eso nos citamos en Argo, en Madrid, en uno de los clubs de fumadores más espectaculares que yo he visto… Y he dado alguna vuelta por ahí. No es que sea Willy Fogg (Phileas, en verdad) pero ya he visitado unos cuantos países y os aseguro que hay pocos lugares como Argo.

Y, por último, al espacio perfecto, a la charla perfecta y al cigarro perfecto, les añadí, para mi gusto, el trago perfecto: un palo cortado. Regente. Delicioso.

Davidoff hizo su trabajo y David y yo, el nuestro, que consistió en rematar con una buena conversación el trabajo de los tabaqueros, para que Winston Churchill The Traveller E.L. 2019 se acerque al máximo a la perfección. Todo alrededor de esta fumada hace que merezca la pena dedicar un rato a la búsqueda de ese cigarro perfecto, aunque ya os digo que es mucho mejor no conseguirlo, que después del éxtasis viene el precipicio, por lo que para mantener despierta la pasión por el tabaco lo conveniente es seguir alimentando las expectativas. El cigarro perfecto está por llegar…

De todo esto, y yo lo disfruté muchísimo, lo único que lamento y, tal vez por eso, el cigarro no alcanzó la perfección, es que David se lo tuviera que fumar con un gilipollas. Lo siento, David.

2 comentarios de “Davidoff, en buena compañía

  1. Diego J. Galán dice:

    Gracias a Burkina y a Momento Humo el mundo del puro se desmitifica, se rompen los típicos tópicos, además de la honradez y objetividad con la que funcionan, funcionáis. Y algo muy bueno que hacéis es dar a conocer cigarros con una relación calidad-precio increíble y no precisamente habanos. Me gustan mucho los nicas y los dominicanos (de hecho el 95% de los puros que tengo son de esos dos países), procedencias que yo ni en mi corta experiencia sabía que existían.

    Enhorabuena y un saludo

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