El día de la elegancia

Se me ocurre que hace falta celebrar el Día Mundial de la Elegancia. Ahora que hay tantos días del año dedicados a buenas causas (y me parece bien, no lo critico), quien sea que los decide debería considerar la necesidad de señalar una fecha en el calendario en el que la gente aprenda la importancia de la elegancia, no como vestido, sino como manera de entender la vida.

La elegancia, tan necesaria y, sin embargo, tan ausente en todos los ámbitos de nuestro día a día, empezando por la política.

Es una cuestión de actitud que no tiene nada que ver ni con el servilismo ni con ser flojo ni, desde luego, con lo ampuloso ni con la exhibición de la opulencia. La elegancia no lleva necesariamente corbata ni un reloj caro. Puede ir en zapatillas de tenis y llamarse Rafa Nadal.

No es incompatible con la verdad ni con ser firme en las propias convicciones, pero sí con algunas formas de expresarlas. La elegancia es discreta y respetuosa; es medida y contenida; conoce la grandeza de la renuncia en favor de otros y acepta la contrariedad con diplomacia y espíritu positivo; infunde confianza y serenidad y, sobre todo, es templada y ajena a todo exceso.

Hay gente que parece que ha nacido con ese halo de elegancia que le hace brillar con luz propia allá donde esté y es que, aunque la elegancia es discreta (o no es elegancia), a una persona que es elegante se la identifica rápidamente y siempre deja buen sabor de boca.

Pero nadie nace elegante. Podrá haber más predisposición, porque la elegancia necesita de la inteligencia, pero se puede aprender y se puede infundir. Es una actitud.

Y realmente creo que hay una carencia absoluta de estilo, sobre todo, insisto, en la política, que nos condiciona tanto a todos… No digamos ya en el fútbol, de donde desapareció el día en que se retiró Michael Laudrup.

Como estoy convencido de que todo iría mucho mejor con un poco más de elegancia y que es posible inculcarla, dado que fue el leitmotiv de mi día de ayer, voy a declarar el 3 de diciembre el Día Mundial de la Elegancia.

DAVIDOFF SIGNATURE Nº2

Ayer, y no por ser San Francisco Javier, aunque en parte sí, fue un día dedicado a la elegancia por muchos motivos. Primero, quedé a comer con David Blasco, de Momento Humo, que es un caballero, más allá de su manera de vestir, siempre tan correcta, tan pulcra y atinada… Nada que ver con mi aspecto, siempre ruinoso… Pero, como digo, esto no es una cuestión de encendedores S.T. Dupont sino de enfoque vital.

Después de comer nos fumamos un Davifoff nº2. No lo llamo Signature, porque es anterior a la reforma, lógica y racional, que ha hecho Davidoff en su vitolario. Hoy sería Davidoff Signature nº2.

El cigarro de Zino Davidoff, como bien apunta Asier Abad en los comentarios de la foto que colgó David en su Instagram. Zino Davidoff, el creador la marca, es precisamente un icono de la elegancia, del hombre de maneras gentiles, siempre cordial, siempre inteligente, siempre con una respuesta conciliadora y sorprendente. Y hasta con un punto de picardía, una cualidad que proporciona cercanía y accesibilidad a la persona elegante.

Ser elegante no significa ser un tieso.

Y con eso que acabo de decir, en verdad, ya os he descrito el cigarro.

El tabaco de Zino: una panatela de 152 mm x 38, que no es al que me refería en la entrada del lunes sobre lanceros

UNOS LANCEROS PARA RENDIR BREDA

porque el que sale en esa selección lleva la capa habano ecuador 702, mientras que este, que es el de toda la vida, se ofrece con la capa Connecticut Shade de la línea clásica de la marca. Capote Ecuador y tripa cien por cien dominicana, Olor, San Vicente y Piloto.

Está bien añejado, más porque lo compré en el estanco de Miguel Ángel Barreda, en Clara del Rey, de las petacas que tiene allí desde hace unos cuantos años. Todavía le quedan, por si te interesa.

El tiempo no ha borrado, ni mucho menos, su fortaleza media sino que le ha dado equilibrio a su sabor floreado, pero muy tabaquero. La madera, siempre presente en un cigarro tan añejado, con un tono dulce que resalta junto a un punto especiado, un picante muy vibrante que se retira para dejar un sabor largo y balanceado. Un cigarro discreto del que yo siempre he pensado que es, sin duda, un signo de elegancia. Como su creador.

Y como David.

Mejor maridaje, imposible.

FIRMADO MONTFORT

Y como la entrada hoy no va de tabaco, sino de elegancia, os contaré que por la tarde me fui al estreno de una obra de teatro, «Firmado Lejárraga», escrita por una de las personas más elegantes que yo conozco, y admiro, que es mi amiga Vanessa Montfort.

No os quiero contar gran cosa del argumento, pero sí invitaros a ir a verla, en el Teatro Valle-Inclán de Lavapiés, porque la protagonista, María Lejárraga, da durante toda la representación una lección de elegancia.

Me da la sensación, y no creo que sólo me pase a mí, de que todos los que conocemos bien a Vanessa hemos visto cómo su ánimo se contagia sobre todo el escenario y se asoma en cada una de las palabras de sus actores, en sus guiños y hasta en el dinamismo sorprendente de la puesta en escena, que es obra del director de la obra, Miguel Ángel Lamata.

LA PALABRA PRECISA

Lo importante, creo yo, aparte de la causa justa que mueve la obra, teñida de un feminismo sensato y racional del que todo hombre puede y debe ser partícipe, porque es de justicia, es que durante el buen y entretenido rato que pasé en el teatro, me sentí, en parte, imbuido de la elegancia de Vanessa Montfort, que no está en los grandes gestos, sino en los pequeños detalles.

En la palabra precisa dicha en un momento clave en el que lo esencial es el silencio.

Como el detalle de acordarse de mí de vez en cuando. Gracias Vanessa. No hay mejor remate para el día de la elegancia que compartir un minuto contigo. La próxima vez que nos veamos, te llevo un Davidoff Nº2.

Id a ver la obra. Es una orden. «Firmado: Lejárraga», Vanessa Montfort y Miguel Ángel Lamata. La actriz principal, Cristina Gallego, está fantástica, además. Teatro Valle-Inclán. Plaza de Lavapiés. Todo el mes de diciembre.

6 comentarios de “El día de la elegancia

  1. LUIS MUÑIZ dice:

    Día de Francisco Javier y de Navarra! mi padre diría que has estado imperial!
    Me ha tirado el textazo del hilo de la memoria como pistonazo.
    El padre de mi padre y abuelo mio, siempre me decía que lo primero que tenía que hacer un hombre por la mañana era lavarse y afeitarse para estar listo para lo que sea. Era labrador. Se llamaba José Muñiz. Nunca le hice caso, maldita sea!
    Ningún no elegante puede escribir con esa elegancia! Todo lo que nos deja su impronta es a través de ese destello del que hablas. Eso creo.
    Por qué carajos sino leemos este blog
    Declarado queda

    • JAVIER BLANCO URGOITI dice:

      Muchas gracias, Luis. Yo también tengo en mi abuelo materno, César Urgoiti Izarzugaza, una idea de hombre elegante y señor por los cuatro costados, que me ha llegado más bien a través de mi madre, porque yo ya lo recuerdo anciano y enfermo y, por desgracia, murió cuando yo tenía 10 años. Pero es cierto que era otra clase de elegancia que, antaño, era más corriente y que hoy se ha perdido mucho. UN abrazo

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