El nacimiento de Cohiba

Hace tiempo que os quería reseñar un libro que ha caído en mis manos, y que he ido leyendo a ratos, no porque requiera un gran esfuerzo, ni mucho menos. «El libro de Cohiba», de Adargelio Garrido de la Grana, cuenta la historia de una de las marcas más famosas del mundo, desde sus inicios hasta hoy, deteniéndose en todos los aspectos: desde el origen, al proceso, las anillas, los diseños, los tabacos, el vitolario…. Todo

Está muy bien y es muy ilustrativo. Si puedes hacerte con uno, no lo dudes, aunque no tiene pinta de que sea fácil.

La cosa es que yo siempre había pensado que Cohiba se había creado en 1966 como regalo de Estado de Cuba para otros dirigentes mundiales. Pero eso no es cierto del todo. Y me encanta darme cuenta de que estaba equivocado. Como siempre digo: cuando crees saber algo, el tabaco te pone en tu sitio.

Cohiba nació antes de 1966. Ese año es el del bautizo. Y se empezó a fabricar por motivos de seguridad personal de Fidel Castro. Os voy a destrozar un poco el primer capítulo del libro, pero no os preocupéis que no os voy a contar el final (jejejejjejejeje).

EL TABACO MATA

Como para darle, por fin, un significado sensato y real a la advertencia sanitaria, esa que dice que «El tabaco mata», alguien intentó asesinar a Fidel Castro usando para ello su inclinación a los habanos. Yo no sé si es verdad, porque los cubanos para las cifras son de lo más exagerado (con perdón y con cariño), pero dicen que el comandante, durante su larga vida y gobierno, sufrió 638 intentos de atentado.

Todos frustrados.

Sé que no es algo que admita demasiados chistes, independientemente de la política, en la que no entro, pero permitidme que os diga que hace falta ser malo, en el oficio de asesino, para fallar 638 veces.

¿A quién se lo encargaron? ¿A la TIA? Porque es un poco de Mortadelo y Filemón. En la foto, podéis ver al propio Mortadelo disfrazado de pichón.

Chistes aparte, dos de esos intentos de asesinato se intentaron perpetrar con tabacos: el primero, en la ONU, estaba envenenado y el segundo, era un cigarro sin riesgo de cáncer, pero que mata de risa. Cosa fina.

CHICHO

El jefe de su escolta era entonces Bienvenido Pérez Salazar, alias Chicho, hijo de tabaquero, nacido en el tabaco, y que antes de la Revolución trabajaba en la fábrica de Por Larrañaga, en la Avenida de Carlos III, en el centro de La Habana.

El libro cuenta que, antes de la Revolución, Por Larrañaga tenía una forma muy particular de fabricar tabacos porque no usaban moldes. En el proceso de torcido normal, el bonche o tirulo, el cigarro torcido con tripa y capote, pero pasa un buen rato en un molde antes de encapar. Tradicionalmente, estos moldes eran de madera, pero ahora se están imponiendo los sintéticos. Allí, bajo la presión de una prensa, el cigarro húmedo se expande y adopta su forma definitiva antes de colocar la capa.

Fábrica de Por Larrañaga, en La Habana

Tenía Chicho un sobrino tabaquero, Eduardo Rivera, que trabajaba también en Por Larrañaga y que se hacía para su fuma (los cigarros que fuman los torcedores), un tabaco largo y desgarbado, sin molde, de calibre muy fino. Eduardo seguía siendo tabaquero, aunque ya estaba en la fábrica de La Corona, cuando su tío ya era el jefe de la escolta de Fidel Castro y acostumbraba a regalarle a su pariente parte de su fuma.

No sé si vais adivinando qué mítico cigarro acabó siendo esa fuma desgarbada y sin molde. Pero a mí me parece una historia muy chula.

LA FUMA DESGARBADA

Chicho ofreció a Castro un tabaco de la desgarbada fuma de su sobrino Eduardo y a Fidel le entusiasmó y, entonces, al jefe de la escolta se le ocurrió que el Comandante fumaría, por motivos de seguridad, sólo de los cigarros torcidos por su sobrino.

Esto era el año 1963. Eduardo estaba en La Corona y Chicho acudía, cada vez con más frecuencia, a visitar a su sobrino para solicitarle más tabacos de los suyos, aunque nunca le contó cuál era el destino de aquellos cigarros que, como todos habéis supuesto ya, hoy se llaman Cohiba Lancero.

Personalmente, creo firmemente que Cohiba Lancero (VG Laguito nº1, 192 mm x 38) es uno de los más grandes inventos de la humanidad.

Y, claro, como lo bueno gusta, pronto aquella fuma se hizo popular entre la clase dirigente cubana. Ya no sólo era Fidel quien lo fumaba, sino que Ernesto Che Guevara se apuntó rápidamente al tabaco de Eduardo, lo que hizo que tuviera que incrementar su producción personal, haciendo horas extra, bien en su propia casa, bien en la fábrica de Partagás.

En 1965, Fidel decide que exista una producción especial de ese cigarro que tanto éxito tiene entre los prebostes de la Revolución y ordena a Chicho que su sobrino organice una escuela de torcedores… De torcedoras, en realidad, porque para mayor seguridad, eligen a cuatro mujeres que son, precisamente, las esposas de los escoltas de Fidel.

CUATRO TORCEDORAS

Todavía no tiene nombre, pero es el germen de lo que hoy conocemos como Cohiba. Estas cuatro mujeres, Nélida Hernández, Cristina Oviedo, Josefina Hernández y Margarita Delgado, fueron las primeras tabaqueras de una marca de cigarros que, un año después, se llamaría Cohiba, y su instrucción fue exigente y total, aprendieron todo el proceso secundario, pasada la fermentación: desde el despalillo hasta el encapado, mientras Eduardo Rivera mejoraba la ligada del cigarro, con una selección de las mejores hojas de Vuelta Abajo a las que, además, se les volvía a dar una fermentación extra.

Por supuesto, a lo largo de este lento proceso, nadie tenía en la cabeza que estaban creando la marca que hoy es Cohiba: sólo los cigarros personales del Comandante Castro.

La escuela de torcedoras se instaló en el reparto residencial Country Club, hoy Cubanacan, al oeste de La Habana, una zona en la que muchas de las viviendas habían sido construidas alrededor de un pequeño lago y que todo el mundo conocía como “El Laguito”. Para su ubicación, se eligió la que llamaban “La casa de los misterios”, una mansión de estilo colonial, un tanto ecléctico, construida en los años 20 por la familia Fowler y que hoy es la fábrica de El Laguito.

Fca de Habanos el Lagito

Otra cosa que yo no sabía: que a la fábrica de El Laguito se la conociera en La Habana «La Casa de los misterios». El nombre debería mantenerse. Lo digo por la cantidad de fantasmas que aseguran que sus tabacos falsos salen de ahí.

LO LLAMAREMOS COHIBA

Sólo faltaba el nombre. Lo demás, estaba ya en marcha. En 1966, fecha de nacimiento de Cohiba, como marca, la secretaria personal del líder cubano, Celia Sánchez, ante la necesidad de ponerle un nombre a la “fuma” de Fidel, recurrió a las raíces de Cuba, para vincularlo con los habitantes de la isla en los tiempos anteriores a Colón, los indios taínos y el nombre que ellos usaban para sus tabacos, que era “cojiba” o ”cohiba”.

Y este fue su primera imagen.

En realidad, es un mito que la marca fuera creada como regalo de estado para visitantes ilustres, aunque es cierto que, después de bautizar la marca, el Cohiba Lancero empezó a cumplir esa función o, más bien, la de regalo personal de Fidel Castro a otros mandatarios.

Como curiosidad final, la comercialización no comenzó hasta los años 70, y se hizo en canales muy restringidos. La demanda, sobre todo a nivel internacional, fue creciendo y, finalmente, Cubatabaco decidió abrir la marca Cohiba a los mercados internacionales. La primera presentación internacional de Cohiba, tuvo lugar en 1982, en el hotel Ritz de Madrid.

El libro sigue y sigue. Esto es sólo el primer capítulo. Os lo recomiendo. Muy interesante de verdad. No deja de ser curioso que la que es, probablemente, la marca de cigarros más conocida del mundo, y más lujosa, fueran en sus inicios la humilde fuma, sin molde, de un tabaquero cubano.

«El libro de Cohiba», de Adargelio Garrido de la Grana. Suerte en la búsqueda.

2 comentarios de “El nacimiento de Cohiba

  1. Ángel dice:

    Que curioso!
    Las grandes cosas siempre nacen sin querer, eso sí con grandes dosis de pasión y trabajo.

    Un abrazo Javier y sigue ilustrandonos.

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