En La Casa del Tabaco

Ayer estuve en Chella, Valencia, todo el día. Fui obligado, porque no tenía ninguna gana de ir, pero Aitor Zapata me había mandado una carta anónima, escrita con letras recortadas de revistas y periódicos, en la que me daba un ultimátum: “O vienes a ver esto o publicamos lo que te pasó la última vez que estuviste por aquí. Y te cagas“.

La última vez que fui a verles acabé en el hospital. No cuento más.

La Casa del Tabaco, además de propietarios de marcas como Condega, Umnum y Kraken, promocionan y distribuyen una de mis marcas preferidas nicaragüenses, que es Oliva, junto a Perdomo, Patoro y Karen Berger y, pronto, muy pronto, aunque a algunos ya se nos está haciendo un poco largo, traerán a España una marca que os aseguro que vais a ver mucho por Burkina [J’Adore] The Revist. No os voy a dar pistas:

¡Ay! Ya lo he hecho. ¿Conocéis la historia de la serpiente y el conejo? La serpiente ayuda al conejo a cruzar el río convenciéndolo de que no se lo va a comer, que sus intenciones son buenas, pero en cuanto llegan a la otra orilla, se lo zampa de un bocado:

No entiendo nada -dice el conejo aún vivo-. ¿Por qué me ayudas a cruzar y después me comes?
No puedo evitarlo -contesta el reptil-. Es mi naturaleza.

Yo soy periodista, mi naturaleza es contar las cosas que pasan. No puedo evitarlo. Más cuando son buenas noticias. Además, Ernesto Pérez Carrillo y yo tenemos algo en común: él quiere que sus cigarros triunfen en España desde hace muchos años. Yo, también.

Así les devuelvo un poco a los Zapata el maltrato recibido en su casa: me pagan el AVE a Valencia, me recoge a pie de estación Pepe Palacios, director general de La Casa del Tabaco, y me lleva Chella, me abren sus instalaciones, me sientan en la impresionante Academia del Tabaco, me presentan a su gente, me permiten entrevistar a su nuevo responsable de calidad, el fantástico Luis Magín Chavarría, me ponen un café, me dan de fumar novedades y cigarros que no han llegado aún al mercado…

Eso es algo que me revienta. Que me den novedades, cigarros nuevos que no ha fumado casi nadie, con una anilla blanca, sin diseño, sólo nombre y apellido, como los bebés de una maternidad. Y encima quieren que les dé mi opinión.

¿Qué te parece? – me pregunta Aitor.
Me parecen dos formatos de difícil venta – que en mi caso es lo mismo que decir que me gustan.

A Aitor, como a mí, le gusta el cepo fino.

Preferí la “corona” a la “panatela”, por la hora que era. Lleva una capa colorada muy bonita. Quizá no es perfecto en el acabado pero yo no soy muy exigente con esas cosas. Sin embargo, al tacto enseguida me doy cuenta de que tiene demasiado tabaco.

Y, claro, lo digo.

Tiene demasiado tabaco. No quiere decir que no vaya a tirar, pero va a haber que peleárselo y eso no es del gusto del fumador actual. Los fumadores de hoy quieren tiros fáciles.

Es una dureza tierna. El tabaco se resiste a ser apretado y a regresar a su sitio. Es distinta de la dureza del cigarro mal hecho. Si está tieso como un sarmiento, que se le nota nervudo… Olvídalo. No va a tirar hagas lo que hagas. Tiene un fallo de construcción, probablemente lo han metido retorcido en el molde. El torcedor tiene que apretar la tripa para cerrar el capote alrededor y así construir el bonche, ya sea a mano o con la bonchera. No debe quedar flojo, en plan calzoncillo sin goma, sino más bien tenso en plan el tanga de mi prima la del pueblo. Según la tripa pierde humedad dentro del capote, vuelve a su ser, ejerciendo una presión que hace que el bonche adopte la forma del molde. Pero si está retorcido, se monta un nudo que impide el paso del aire.

Ahora, si el puro está bien construido y tiene la cantidad justa de tabaco, el tacto sobre el cuerpo del cigarro es duro, pero como hueco, y el tiro perfecto.

Ya me he enrollado. Y no quería.

En verdad, sólo quería decir que considero un privilegio que alguien me ofrezca un cigarro para probar, en cualquiera de sus estadios anteriores a la comercialización, para que diga libremente lo que me parece. Además, todos los presentes estaban de acuerdo conmigo y a tiempo de rectificar. Los pesamos y todo: a esa “corona” le sobraban tres gramos de tabaco. Según la fórmula matemática de Luis Magín, que no fui capaz de copiar, pero me habría gustado, un 5×42 parejo redondo debe pesar, aproximadamente, 8’5 gramos. Pesaba más de once.

Luis Magin ha sido gerente de la fábrica de Rocky Patel durante más de una década. Sabe lo que dice. Este es Luis.

Y, después, seguir con la broma de lo mal que me trataron ayer en la Casa del Tabaco. Me llevaron a la fuerza a comerme un kilo de carne de vaca vieja gallega, muerta pero caliente. ¡A mí! Que como todos sabéis soy luterano. Fueron estos dos, con la complicidad de Honorio y Pepe.

Después de comer, otra vez a la Academia del Tabaco a probar unas ligas de Luis Magín, hechas con, al menos, tabaco hondureño y nicaragüense. Algo más había allí, pero Luis es sabio, no como yo, y se calla.

Yo soy periodista, por eso lo cuento.

Era un tabaco dulce y floral, el tipo de dulzura melosa que yo rápidamente identifico con Piloto Cubano, así que me mojé:

¿Piloto cubano? – pregunté. Pero, Luis negó con la cabeza. Y ya me jode, aunque debería estar acostumbrado porque no es la primera vez que el tabaco me pone en mi sitio. Ni será la última.

Me acercaron a una botella de ron Flor de Caña 25 años propiedad personal de Ramón Zapata. En vano les supliqué que no lo hicieran, que no me obligaran a beber alcohol. Sobre todo porque no es necesario que me obliguen: me tomé dos.

Me fumé ese Condega Serie S Robusto, que tiene una fortaleza media muy ponderada, a pesar de su aspecto algo fiero. Sabores dulces y cremosos, un leve picorcillo vivo y sabroso, especiado, amaderado y muy buenas hechuras. Un tabaco excelente.

Formato 127 mm x 52. Fortaleza media. Pvp 5’40 euros – en tubo 5’90 euros

Condega tenía algo muy característico, de los tiempos anteriores a la Casa del Tabaco, que me impedía hablar de él, pero Pepe Palacios ya me dijo en su día que iban a dar pasos poco a poco para cambiarlo y doy fe de que están en ello. Me alegra mucho, además, porque el cigarro me gusta y considero que no tiene necesidad de compararse con ningún otro. Es lo suficientemente bueno como para defender su calidad y su marca frente al consumidor. De hecho, en la serie S ya se nota el cambio, y más que van a llegar, pero estoy de acuerdo con ellos: cuando tienes un volumen de ventas como el de Condega tampoco puedes andar mareando a tu consumidor.

En fin, que me sentí muy maltratado ayer en la Casa del Tabaco y que no pienso volver por allí a que me regalen otro mágnum de tinto Valduero, de Ribera de Duero. ¡Que va!

Aitor, mándame otro anónimo.

¡Muchas gracias!

3 comentarios de “En La Casa del Tabaco

  1. Pingback: Recomendamos hoy… | Contra la ley "antitabaco"

  2. Pedro dice:

    Me alegra saber que estás bien nutrido y bien hidratado como decía el viejo dicho: “Bien comío y bien bebío, ¿qué más quieres cuerpo mío?” Pues un cigarro y listo.
    Y que no se me enfade Begoña, pero de suerte nada, mucho trabajo y del bueno.
    Dicho esto, si alguna vez necesitas intérprete español-español o alguien que te lleve la mochila (si no pesa mucho), cuenta conmigo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *