Ese valiente cambio de acera

Eugenio Barrientos – La Cava de la Plaza del Perú [ó Cava Chamartín]
Plaza del Perú 5
Madrid

LOCALIZACIÓN EN GOOGLE MAPS

Aquí le tienen ustedes: Eugenio Barrientos, de la plaza del Perú (Madrid), calladito, prudente, muy buena gente. Pues va el tío, a su edad (que es la mía, poco más o menos) y se lleva el estanco al otro lado de la plaza. Lo hizo hace dos años, es cierto, pero ha sido ahora que he ido a preguntarle qué tal le ha ido con ese valiente cambio de acera.

Que no hay edad para ser valiente, ni época mala, sino oportunidades. Hace dos años, Eugenio Barrientos tuvo la suya, la de cambiar de acera, que escrito así suena raro, pero en estos tiempos que corren…

– Lo importante para mí –  me dice el bueno de Eugenio – era seguir en la plaza del Perú.

Y con razón, porque en los apellidos de todo estanquero siempre está su localización: Eugenio de la Plaza del Perú. Me vienen muchos otros ejemplos a la cabeza, de todas las ciudades de España, pero citar a unos y no citar a otros es la clásica injusticia que no voy a cometer. Amigos todos.

De ahí, el cambio de acera. De la Plaza del Perú 1 al número 5, al otro lado de la glorieta. El traslado fue hace dos años, cuando aún estaban cayendo chuzos de punta, y no es que haya dejado de llover (al menos no en el mundo del tabaco), pero invertir para mejorar en 2014 fue una decisión valiente.

Me salió la oportunidad, como te digo, de quedarme en la plaza y yo tenía ganas de mejorar pero sin marcharme de aquí. No es que ahora el local sea mucho más grande, pero aparentemente sí porque he ganado en espacio, sobre todo, para atender al público. También es más cómodo. Antes para mostrar el producto al consumidor perdía mucho tiempo y ahora tengo mi exposición, que en el mundo del cigarro es fundamental. Pero de todo, lo mejor para mí, que yo soy un apasionado de los puros, es que he satisfecho una gran ilusión que yo tenía, que es abrir por fin mi propia cava.

Los que hemos conocido el estanco de la plaza del Perú, el de la acera de enfrente, sabemos a qué se refiere Eugenio. No es que fuera pequeño: es que estaba bien aprovechado. Cuando uno entraba de visita a aquel embudo, festoneado a derecha e izquierda de artículos, Eugenio y su cuñada, María Antonia, casi se tenían que turnar para asomarse a saludar.

Uno está cansado de ver cavas desiertas, desaprovechadas, fruto de una apuesta mal entendida y, en el lado opuesto, a buenos profesionales que trabajan bien el mundo del cigarro, como Eugenio Barrientos, cuya dedicación y esmero eran tan grandes que ya su mostrador se había quedado pequeño. Una cava, aunque no sea demasiado amplia, es lo mínimo que el estanco de la Plaza del Perú, o ya Cava Chamartín [para mí, Eugenio, que te vas a quedar con lo de la plaza del Perú para siempre], venía necesitando desde hace tiempo.

Habanos Point

Ahora, dos años después de cambiar la ubicación del estanco, y de haberlo hecho en el momento en que el mercado de cigarros en España más flojeaba, Eugenio se muestra satisfecho. La apuesta le ha salido bien: tiene su cava, tiene más espacio, puede atender mejor a sus clientes y, además, le ha llegado un reconocimiento esperado: “Me han otorgado la credencial de Habanos Point, que para mí es un premio y se lo he agradecido mucho a la gente de Tabacalera porque creo que, de alguna manera, demuestran que confían en mi profesionalidad. Es una responsabilidad, también, pero estoy satisfecho porque creo que me lo merezco. He trabajado mucho para esto”.

De esto, damos fe los que le conocemos. Se lo ha currado mucho. Eugenio Barrientos es un hombre discreto y prudente, hijo de un histórico del estanco madrileño, otro gran Eugenio Barrientos de la plaza del Perú, que también trabajó mucho y de forma altruista para su estanco y para la Asociación de Madrid. Su pequeña expendeduría en el número 1 de la plaza, hoy Cava Chamartín en el 5, arrancó en 1958 cuando aquel era un barrio nuevo de Madrid, nada que ver con el tránsito de ahora, en una rotonda que, además, no podía tener nombre más tabaquero.

La Plaza del Perú

Aunque los europeos Luis de Torres y Rodrigo de Jérez trajeron el tabaco a Europa desde el Caribe, desde la Española (República Dominicana), que es donde se lo regalaron a Cristóbal Colón como muestra de bienvenida, los historiadores han rastreado el origen de la NIcotiana Tabacum y su cultivo domesticado bastante más al sur, en el antiguo Imperio Inca. En el Perú.

En cierto modo, podemos decir que tienes la cava, además, en la plaza del origen del tabaco – le digo.

Es verdad – contesta con cierto entusiasmo –. Además, te voy a decir una cosa. Un año vino Hendrik Kelner a España a presentar un cigarro nuevo y nos contó que Davidoff estaba cultivando tabaco en Perú y, puede parecer una tontería, pero me hizo ilusión.

De hecho, en Perú se sigue cultivando tabaco de calidad y Davidoff no es el único fabricante que lo declara en sus ligas. La Aurora usa también tabaco peruano en algunos de los cigarros que tiene a la venta en España.

Me está yendo mejor, qué duda cabe – y siempre da gusto oír a un estanquero decir estas palabras, más con los tiempos que corren. – Estoy contento.

Pero ahora tendrás que pagar el canon al Comisionado… – le pregunto de broma.

¡El canon! Puede que yo sea el primer estanquero de España que empezó a pagarlo, si no uno de los primeros, porque mi padre me transmitió el estanco inter vivos al poco de aprobarse la ley, así que no.

Se lo he soltado, porque no estoy acostumbrado a que un estanquero me lance una visión tan optimista del futuro. Busco el lado malo, pero no hay manera. Claro que, mientras hablamos, Eugenio hace cuentas de los días que le quedan para marcharse al Festival Procigar a República Dominicana.

Has cambiado de acera y la vida es rosa.

¡Al final vas a poner lo del cambio de acera! – me dice riéndose.

Pues claro.

– La vida no es rosa. Hay problemas, hay dificultades, como todos mis compañeros estanqueros. Pero cuando me viene un cliente nuevo que me dice que viene de parte de un amigo del club de Tenis de Chamartín, al que le ha preguntado por unos cigarros en concreto y que su amigo le ha dicho: “Vete donde Eugenio, a la plaza del Perú, que sabe mucho de puros y te va a aconsejar muy bien”, a mí se me hincha el pecho. Entonces es cuando sé que estoy haciendo las cosas bien. Y que ha merecido la pena.

TEXTO PUBLICADO EN LA BOUTIQUE DEL FUMADOR. Edición 285. Marzo de 2016.

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