Evolución

Bien, bien, bien. Seguid así. El concurso Burkina The Hate saca lo peor de vosotros porque, amigos, el tabaco tiene que fermentar para poder fumarse. Así que, fermentad. Y perdonad si no os contesto: la política de este blog es dejar al troll que se explaye, pero nunca alimentarlo. Eso sí, ya os adelanto que a alguno, la próxima vez que lo vea, le voy a dar con un palo con un clavo en la punta. Ahora vamos a hablar de un falso mito del tabaco: que la evolución es una virtud.

PUES NO SIEMPRE. A veces, sí.

¡Qué película más mala, por cierto! ¡Qué manera de cargarse una trilogía mítica! (THE HATE).

A diferencia de todos los demás productos que uno pueda adquirir para darse gusto al cuerpo en el mercado, el del tabaco es un placer personal. Es una industria de personas («This is about people«, dice Carlito Fuente), un comercio de personas y un consumo de personas. Parece una obviedad, pero es un gran valor de la industria: un master blender puede lograr un grandísimo tabaco, pero hasta que no llega a las manos del verdadero experto, el que se lo fuma, no vale nada.

Vosotros sois los expertos. Incluso aquel de vosotros que acaba de dar su primer paso en el maravilloso mundo del tabaco y empieza a darse cuenta de sus gustos.

Con esto quiero decir que, a la hora de fumar un tabaco, el consumidor no es un agente pasivo que recibe una información metida dentro de un tubo de tabaco: el consumidor la procesa, usando el cedazo de su propia experiencia y de su circunstancia y es determinante en el resultado. Esto vendrá a cuento al final de la larga misa de hoy. Paciencia.

PÓNTELO, PÓNSELO

Todo el mundo sabe que los cigarros de tripa larga son una categoría superior que la tripa media y que, no digamos, la tripa corta. Pero, ¿por qué? Dentro de una misma marca, generalmente, los tabacos de tripa corta y media se elaboran con restos y rechazos del tripa larga. El proceso es básicamente el mismo, aunque la construcción y la estructura es diferente, pero el tabaco es el mismo y si el de la tripa larga es excelente, el de los subproductos debería ser igualmente excelente. ¿Dónde está la diferencia?

Veréis qué rollo os voy a meter.

La función de cualquier ser vivo, desde el punto de vista natural, es la reproducción, la supervivencia de la especie. Eso explica muchos de vuestros comportamientos (y los vídeos que compartís por wassap). El fin natural de la planta del tabaco, como ser vivo, es el mismo. Con este objetivo, la planta del tabaco usa sus órganos reproductivos que son…

… las flores. Una planta de tabaco, dependiendo de la semilla, viene a dar entre 100 y 150 flores. Más o menos. Entre mil y mil quinientas semillas por flor. Unas cien mil semillas por planta, como los hijos de San Luis.

Lo que pasa es que a nosotros no nos importan los apetitos sexuales del tabaco. No queremos que ande de jarana con las abejas ni de fiesta toga ni de estudias o trabajas, ni a tontas y a locas. Lo queremos concentrado en las hojas, que es lo que nos importa. La flor no se fuma. Dentro de un campo de tabaco, es normal que las plantas más fuertes se seleccionen para dar semilla. Esa plantas se distinguen porque, por lo general, son más altas, porque tienen la flor aunque se cubre con una bolsa para evitar cruces.

Digamos que se les pone un condón para evitar cruces indeseables y mantener la pureza de la variedad. No queremos embarazos no deseados.

EL DESBOTONE

El resto de las plantas directamente se castran. Se les corta los genitales, es decir, se arranca la flor. El proceso se llama «desbotone» y eso hace que a la planta le suceda lo mismo que a los bueyes: engorda. El vigor de la planta ya no se dirige hacia la reproducción, que es la flor, sino hacia la hoja. Es más, las plantas se desbotonan y se «deshijan», es decir, se le arrancan todos los pequeños brotes de futuras hojas que no interesan. Si una planta va a dar 14 hojas, por ejemplo, se le dejan sólo esas 14 hojas y no se le permite repartir sus nutrientes entre hojas que no van a servir.

Una planta con flor tira más hacia arriba. Tiene necesidad de competir con las demás para reproducirse. Una sin flor, se queda en casa mohína, comiendo palomitas y viendo series de televisión y el masterchof, la peladilla en la cocina, operación tufo, maestros de la tortura y esas mierdas.

Todo eso que sí que engorda.

Porque la planta sigue chupando nutrientes de la tierra y haciendo la fotosíntesis, pero no gasta la energía: la acumula. ¿Dónde?

En la hoja.

PACIENCIA QUE LLEGO

La hoja de tabaco tiene venas que van desplazando y ordenando en su estructura los nutrientes y el resultado de la fotosíntesis gracias a la savia. Esto es de primero de básica. Esa hoja funciona como una especie de almacén, digamos, que va acumulando energía que no gasta como cuando tú haces una mudanza y ya no sabes dónde poner las cosas y le dices al propio que trae la enésima caja: «Déjamela en el fondo hay sitio«.

Después, ya veré lo que hago yo con todo esto.

Por eso, la fuerza de las hojas está en las puntas. Es más, cuando la hoja ya cosechada se cuelga en el secadero, se pone con las puntas hacia abajo.

Las venas de la hoja se van secando y reduciendo, pero… ¿Hacia dónde van los nutrientes que aún estaban en la savia en el momento de separar la hoja del tallo? A las puntas.

EL TABACO NO ES UNA CAJA DE BOMBONES

Con toda esta mielda que os he soltado, ya he respondido a la primera pregunta. Teniendo en cuenta que la hoja tiene su estructura y que no es lo mismo la punta que el filete, que un cigarro sea tripa larga, es decir, que vaya la hoja entera, causará que no sea igual de principio a fin. Un cigarro de tripa corta, tabaco picado, no tiene estructura, todo está mezclado y, por tanto, no ofrecerá diferencias de principio a fin.

Por eso, os decía ayer que es más difícil construir un cigarro tripa larga constante que uno que evolucione. Para que un cigarro evolucione, basta con torcerlo tal cual y que vaya por donde quiera. Pero el tabaco no es, como decía la mamá de Forest Gump, una caja de bombones. Los tabacos han de ir de principio a fin por una línea definida previamente por el máster blender.

Y aquí es donde entras tú con tu manera de fumar, tus gustos, aquello a lo que estés más acostumbrado, tu circunstancia, tu sitio para echar humo, tu maridaje, tu estómago vacío, tu comida copiosa… Tú, que con tu muy libre y respetable forma de fumar, influyes en el resultado final.

A ver, no vas a hacer de un pepino un pimiento. Si el tabaco es serio, habrá variación de una persona a otra, pero no puede ser que la misma marca con el mismo formato, a José Luis le parezca un pepino y a Jose Luisa, un pimiento. Eso no pasa.

SIENDO SERIOS

Esto es así si se pretende ser serio. Un maestro torcedor, siguiendo las indicaciones de fabricación, debe ser capaz de disponer las hojas dentro, en el interior del cigarro, para que se respete esa línea, porque no será lo mismo si las puntas del cigarro se ponen en el pie (al principio de la fumada) o en la cabeza (al final). Es más, si os fijáis en vídeos de torcedores, en muchas ocasiones, arrancan las puntas de las hojas y se disponen arriba, al medio o abajo, dependiendo de la ligada y del resultado que se quiera dar.

Las puntas son, por su fortaleza, las causantes del picante más intenso del tabaco. Cuando tú enciendes un cigarro y el picante está muy subido, pero a las cuatro o cinco caladas se le pasa, ya sabes por qué es. Esa fortaleza no se volatiliza sin más cuando lo quemas. Atraviesa el cañón hasta tu boca impregnando el resto del cigarro y dando sabor al resto de la ligada.

Así, teniendo en cuenta que el tabaco manda siempre, se consigue equilibrar la fortaleza del puro y que el cigarro mantenga el balance y el sabor constantes. Por supuesto, eso no está escrito en letras de oro de ningún mármol: será el maestro de ligas, el que mejor conoce el tabaco, el que decida la forma en que se torcerá una ligada para equilibrar el sabor y en eso influirán mil factores, como pasa siempre, desde la semilla, el piso foliar, el tipo de fermentación, el tiempo de añejamiento, la calidad…

Las combinaciones son tantas que no hay inteligencia artificial capaz de procesarlas. Sólo la experiencia de años y años trabajando y conociendo el tabaco y su idioma es capaz de conseguir esa consistencia.

Y, después, está la otra opción: meto el tabaco en el bonche y que sea lo que el tabaco quiera.

LA PUNTA ES LO IMPORTANTE…

Y, después de este rollo, ya lo siento, si queréis discutimos sobre evolución o consistencia. A mí, me vais a perdonar, pero a mí me gusta que el cigarro evolucione… a veces. Otras, me da mucho por el culo. Y en esto, de nuevo, lo que interviene es el gusto personal de cada uno. Sin duda.

Hay cigarros que, en el último tercio, se caen clamorosamente. Hay cigarros que empiezan sabrosos y cuando vas por la mitad, como decía David, estás bostezando y que, al final, resucitan… Y esto también es evolución. Por eso, a mí un cigarro que me da un buen sabor, equilibrado y constante, de principio a fin, con la mínima variación de mi intervención en la fumada, me parece una puta obra de arte.

Y es muy difícil de conseguir.

Pero espero haberos demostrado que la evolución de un cigarro no es siempre señal de una buena confección, sino de la falta de control. Una marca de cigarros, con la salvedad de que es un producto artesano y que trabaja con un ser vivo que hace lo que quiere, debe presentarse año tras año con una misma fortaleza y un mismo sabor.

Y, si no, no está bien hecho.

Hoy os he dado material para discrepar. Os estoy esperando.

11 comentarios de “Evolución

  1. david dice:

    Te salva que llevo media botella del colheita 2ooo Niepoort con un Hoyo San Juan, y me queda media más para el cohiba sVI de Pedro, pero arremeteré. I promesa!

  2. LUIS MUÑIZ dice:

    Iba darte como pal zorro, pero con tu madre aquí … me quedan unos mínimos de elegancia y otros tantos de vergüenza. Las que le han faltado a usted, Señor Blanco Urgoiti, con esta bazofia de concurso que nos ha metido. Además me encuentro entre la caterva de modernas y ciclistas que le siguen a usted compulsivamente entrando en los fangos del snobismo que es una charca impropia para el cultivo …. Vamos que voy a compra un farias ahora mismo y voy ahogar el teléfono este de los cojones entre escupitajos y humo antiguo JODER!!!!

  3. Pedro Merino dice:

    Como habanista que sabes que soy entiendo la evolución del cigarro como la que se produce en casi todos los habanos: concentración de sabores, cambio de matices y subida (más o menos exagerada) de la fortaleza.
    Hacer un cigarro que no evolucione durante la fumada será muy difícil, no digo yo que no, pero me resulta igual de atractivo que resolver una ecuación diferencial en derivadas parciales o traducir el Ulises al esperanto. Muy difícil y muy coñazo.
    Los cigarros que no evolucionan si no que se desmoronan, aunque estemos en Burkina, deberían estar prohibidos. No creo que nadie los defienda.

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