Fortaleza sin sabor, una autopista vacía: otro básico

Sigue teniendo razón mi hijo, y no me viene mal, volver a los básicos de vez en cuando, pero os lo digo en serio: no soy el consultorio de la señorita Pepis. Me halaga mucho vuestra fe en mí, pero no puedo adoptar ese roll ni por tiempo ni por adquirir un compromiso a cuya altura no voy a estar, porque hay muchas cosas que yo no sé y, además, me gusta seguir teniendo derecho a decir que no sé. No obstante, hoy vuestro amigo Coco os va a meter un rollo que te cagas sobre fuerte y suave y por qué fortaleza sin sabor es una autopista vacía.

Esta entrada os la vais a leer en tres días. Pero llevo todo el día con ella, y no debo, así que os jodéis y os la leéis.

200 PARES DE MANOS

Antes otra cosa, me preguntan desde Aruba, en el caribe Holandés, que cuántas personas intervienen en la fabricación de un puro. Ésta es fácil: pregúntale a un cubano. Te va a dar la cifra exacta, aproximadamente. Don Eumelio Espino, una institución sobre todo en la creación de semilla nueva y en genética de tabaco, ex director del Instituto del Tabaco Cubano en San Antonio de los Baños, Partido, y que sabe, por supuesto, un huevo de cultivo de tabaco, escribió un libro en el que ordenaba y clasificaba 539 pasos distintos, con su nombre y su valor en la cadena, para fabricar un cigarro premium.

Yo lo tengo y, por si lo preguntas, no, no lo presto, que estoy hasta los huevos de perder libros. Otros me dan más lo mismo, pero este está firmado por Eumelio mismo y no lo presto. Creo que todavía se puede encontrar si buscas por internet.

Después, Néstor Plasencia, el mayor cultivador de tabaco del mundo, también cubano, pero afincado en Nicaragua y Honduras, le enseñó a su amigo Eumelio un paso que ellos hacen, mientras la hojas cuelgan ensartadas en los ranchos para el secado, destinado a facilitar, una a una, la circulación de aire entre las sartas. Resultado: 540 pasos.

En Dominicana, en La Aurora, con un poco más de prudencia que los cubanos, que son muy exagerados para sus cosas (dicho sea desde el cariño y la admiración), se habla de 200 pares de manos. Y ya está bien. Y es una cifra que, por lo que yo he visto, es plausible.

Espero haberte contestado, Charles.

FORTALEZA Y SABOR

Saúl, desde Madrid, a pesar de no haber votado todavía en el concurso de las limitadas de habanos… Con el riesgo que eso conlleva para su integridad física…

VOTA SAÚL EN JUSTA CORRESPONDENCIA

… me pregunta lo siguiente:

«Al grano, siempre se me presenta la duda de la fortaleza del puro. Primero a ver si he entendido bien que lo que llamamos fortaleza es el “picor” o “amargor” que se encuentra a veces en las fumadas. Segundo es que a veces no se si comulgo con la fortaleza que tiene etiquetada el puro. Por ejemplo, el partagas short lo llaman fuerte pero, aunque le veo algo de fortaleza nunca me enmascara su buen sabor y siempre me agrada, sin embargo probé dos veces el Vegafina Nicaragua Vulcano y no fui capaz a sacarle sabor alguno de lo que me picaba. Sí he encontrado el HdM Epicure 2 muy suave (como decían que era, tanto que me pareció “hueco”) pero por ejemplo tengo un Montecristo N2 en el humidor, un puro que nunca probé y dicen que es fuerte, y no sé a que atenerme para escoger el mejor momento para fumarlo, no se si lo encontraré fuerte o no, y con los que no he probado siempre me asalta esa duda«.

SABOR Y FORTALEZA EN EQUILIBRIO

Una de las grandes dudas del fumador, sin duda, es la diferencia entre fortaleza y sabor, lo que el maestro (pero maestro de verdad, Saúl) Ángel García Muñoz llama «pujanza», y la fortaleza de la fumada que, normalmente, las casas clasifican en cinco estadios que van de suave a suave/medio, medio, medio/fuerte y fuerte.

Incluso, como los cigarros de tripa larga evolucionan, hay cigarros que empiezan en media y acaban en medio/fuerte, por ejemplo, de los que se dice que «van de medio a medio/fuerte».

DISTINTO, PERO CORRELATIVO

Fortaleza y sabor son variables distintas, pero correlativas, van en paralelo y se tienen que complementar para que el cigarro ofrezca algo que es esencial: equilibrio, es decir, que la fortaleza sirva de camino para el sabor y que cuanto más ancho sea el camino, más complejo sea el sabor. Por eso digo que cuando un cigarro tiene mucha fortaleza pero poco sabor, ofrece la desolación de una autopista vacía.

Y aún así, hay gente a la que le gusta eso. Mucha pegada y poca chicha. Porque, también en esto, el mundo del puro es absolutamente subjetivo.

LOS CORTES O «PRIMINGS»

Tengo que volver a los pisos foliares para explicarlo y, así, de paso, contesto a Álvaro. Una cosa son los pisos foliares y esos nombres que todos conocemos (volado, seco, viso, ligero…) y otra cosa, parecida pero no igual, los cortes de la planta, cuyo número y nombre varían en función del tipo de tabaco que sea y el país en que se coseche. Hay plantas que tienen nueve cortes, nueve pisos, 18 hojas, y las hay que dan seis cortes, 12 hojas.

En Dominicana hay un corte que se llama «Barresuelos», que ahora mismo ignoro si se llama así en otro país, es el más bajo, no se usa para premium porque quema bien y poco más, pero pertenece al conjunto de cortes que están incluidos en el volado. No sé decir si es el que en Cuba llaman «Mañanitas», porque no lo tengo claro. He visto muchos campos de tabaco ya, en muchos sitios por fortuna, y lo que tengo más claro es que cada uno llama a los «primings», cortes, pisos, como le sale de la polla.

NO ES ESTÁNDAR Y NO PUEDE SERLO

Además, dependiendo de la semilla, de la calidad, del rendimiento, de la cosecha, del clima, del suelo… Lo que en un sitio se considera «seco», en otro lo consideran «viso». Así que, al final, el que lo decide es el propio tabaco y es un cabrón porque no aplica una ley de la física ni nada que permita que se pueda cuantificar o medir de manera alguna.

Eso lo decide el veguero en conversación íntima con la planta. Y los que no hablamos, por desgracia, el lenguaje del tabaco, que se aprende día a día en el campo, cosecha tras cosecha, nos tenemos que conformar con la traducción que nos llega y la interpretación, siempre errónea, de los que se empeñan en aplicar las matemáticas al arte.

Yo lo entiendo mucho mejor cuando fumando un cigarro torcido por el mismo Eladio Díaz, master blender de Davidoff, (y ganándole al dominó a él y Don Chepe) acaricio con fruición la capa de ese cigarro que me acaba de regalar, recreándome en el leve roce de su grasita sobre las yemas de mis dedos, consciente de que es la capa del puto supermán y Eladio, con su voz de cueva, me dice: «Es un sexto corte«. Se empieza a contar, por pares o mancuernas, desde abajo.

Un sexto corte es una capa de muy alta calidad, por su posición en la planta.

FORTALEZA, NO SABOR

Vuelvo a Saúl…. Picor y amargor no definen fortaleza, sino sabor. La fortaleza de la planta la da un alcaloide que está en el tabaco de forma natural, como el amoniaco (que no hace falta añadirlo para enganchar a los niños pequeños, que ya está en todas las plantas de la familia de las solanáceas), y que no voy a citar porque no me sale de los cojones, que ya se le echa la culpa de todo y no tiene culpa de nada, y porque en cuanto lo nombre, vais a pensar en los cigarrillos.

Y un cigarro, siendo tabaco, no tiene nada que ver con un cigarrillo.

DIEZ RAZONES PARA DEJAR DE LLAMAR CIGARRO AL CIGARRILLO

Las hojas de la parte alta de la planta, de la corona, el ligero, son las que reciben en mayor medida el efecto de los rayos del sol y, por tanto, son las que más curran en la planta, las más musculadas, las que más fotosíntesis hacen y, por tanto, las más gruesas, las que más nutrientes tienen, las que más alcaloides producen, las de más calidad, las que más aceites esenciales poseen.

Pero son las que peor queman.

Además, su función no es sólo currar más que sus compañeras sino que, encima, tienen que darle sombra a las vagas de abajo de forma que a los primeros cortes, apenas les da el sol, lo que hace de esas hojas sean todo lo contrario: más finas, más señoritingas, más presumo de tacón pero piso con el contrafuerte, con menos grasas, menos sabor, menos fortaleza… Pero mejor combustión. Las fuertes, el ligero, se colocan en el centro de la tripa, del cigarro, en definitiva, y las más suaves, que dan menos sabor pero facilitan la combustión, se van poniendo alrededor, de manera que un cigarro bien torcido quema formando una montaña de brasa en la punta. Así.

La combinación de los distintos cortes en las ligadas, algo que corresponde a la sabiduría inmensa de gente como Eladio Díaz, Arnaldo Bichot, Ernesto Pérez Carrillo, Manuel Inoa, Henke Kelner… da como resultado un equilibrio entre la fortaleza y el sabor.

LAS ALUBIAS DE LA ABUELA MARI

Y en esto tampoco hay una fórmula matemática. Hay años de experiencia, buen ojo, maestría, «sabuarfer», que es lo que tenía mi abuela Mari con el puchero de alubias rojas de Tolosa, que bordaban la perfección y, como dicen los cubanos, la «exelensia», y ni había receta ni cantidades fijas de ingredientes ni pollas en vinagre.

El trabajo del maestro tabaquero es combinar los distintos cortes para que, una vez que el cigarro está ya añejado ofrezca equilibrio de sabor y fortaleza. Perdón, ofrezca siempre el mismo equilibrio entre sabor y fortaleza, independientemente del año de producción y de la vitola o formato, y a eso, que es la quintaesencia del mundo del tabaco, se le llama CONSISTENCIA.

LA FORTALEZA DEL CIGARRO ES UNA PERCEPCIÓN SUBJETIVA

Cuanto más alto el corte, por tanto, más fortaleza y más sabor. Creo que después de la Biblia que me he cascado arriba, eso ha quedado claro. Vaya tela.

Pero la percepción de fortaleza de un cigarro es algo que está sometido a un increíble número de variables que hacen que sea, de nuevo, imposible darle un valor numérico cierto, confiable y estándar.

Vamos que hay que ser menos ingeniero y más poeta.

CINCO CIGARROS QUE DESPIERTAN A LOS MUERTOS

En esa entrada tenéis ejemplos de cigarros que yo considero FUERTES, pero puede pasar que cualquiera de vosotros los haya fumado y piense que no es para tanto. La circunstancia en que te hayas fumado el cigarro, la hora del día, tu estado de nervios, lo que hayas comido, la velocidad a la que te lo fumes, el tipo de corte que hagas, el estado de conservación del puro, tu gusto personal, a lo que tú estés acostumbrado… Todo eso influye a la hora de que tú percibas que un cigarro es más o menos fuerte.

YO SOY FLOJO, ¡QUÉ PASA!

Así, yo que soy un flojo y busco las fortalezas medias antes que las potentes, encuentro que Plasencia Alma Fuerte o La Aurora ADN son cigarros demasiado fuertes para mí. Muy ricos los dos. Excelentes tabacos. Muy sabrosos y complejos. Pero, para mí, fuertes. A Ernesto Pérez Carrillo, que le gustan según dice los cigarros que pegan en el pecho, al estilo caliqueño, pues igual le parece que esos cigarros son suaves.

Preciosos. Son una pasada. Ambos. De una calidad indiscutible.

LA CLAVE ES LA NAPIA

La fortaleza se percibe a través de la nariz, no de la boca. A mí los cigarros fuertes me parecen balsámicos, porque su paso por nariz es, digamos, «hiriente», despejan la napia más rápido que haciendo vahos con el vick vapurub. A mí (daos cuenta de que no digo más que «a mí» y «para mí»), un cigarro fuerte, si lo fumo demasiado rápido, me agarra enseguida en la garganta y lo noto en el pecho, a pesar de no tragarme el humo. Cuando paso el humo por la nariz, no sólo me la despeja, sino que además me despierta los lagrimales. ¡Y hay quien estornuda! Mientras que un cigarro suave, me pasa por las fosas nasales como una seda.

Pero como creo que ha quedado claro, un cigarro suave tiene menos sabor y si tú estás acostumbrado a la fortaleza, te puede hasta parecer aburrido. De hecho, como yo soy fumador de cigarrillos, si el cigarro es muy aburrido, a la mitad me tengo que fumar un Lucky, porque no me llega.

Y en todo esto, no tiene nada que ver el sabor. Un cigarro fuerte, ofrece más complejidad de sabores y más evolución, y eso debe compensa lo otro.

AMARGOR NO ES FORTALEZA

El amargor es un sabor fuerte, intenso, pero no tiene nada que vez con la fortaleza, a no ser que confundas el amargo, que debe ser untuoso en boca, del cacao, por ejemplo, que es elegante y largo en el postgusto, con la sensación amarga también, pero chispeante, de hierba verde, de un cigarro que no está suficientemente añejado. Que viene «verde» y necesita reposar para acabar de «botar» elementos agresivos que están de forma natural en el tabaco.

Por todo esto, sucede que cuando añejas un cigarro en buenas condiciones de humedad y temperatura, el tabaco sigue trabajando, «botando» elementos agresivos, se redondea el sabor, pierde fortaleza, pero gana en equilibrio. Digamos que permite que por esa autopista que es la fortaleza circule el sabor justo para que haya un tránsito abundante, pero ligerito.

Aunque si te pasas de añejamiento, lo mismo la empresa concesionaria de la autopista quiebra y la tiene que rescatar el Estado (y esto es un ejemplo, no una opinión política).

Si con este rollo, que ahora tengo que corregir, no te he contestado, me la corto. Y fúmate ese Monte 2, por favor, dale un corte pequeño, ponte un roncito ligero cubano y, después de comer, dale candela.

Ite misa.

6 comentarios de “Fortaleza sin sabor, una autopista vacía: otro básico

  1. Diego J. Galán dice:

    Qué buen post de aprendizaje. Por ejemplo, a mí él Partagas Short y el ADN no me parecen muy fuertes y son de mis preferidos. El ADN siempre lo fumé bebiendo Gin tonic, no se si tendrá algo que ver. Fuertes en mi corta experiencia me parecieron un Aurora 107 aniversario con un cepo brutal y muy cortito y el H. Upmann Half Coronas que no los disfruté.

    Saludos

    • JAVIER BLANCO URGOITI dice:

      Pues ya ves, no se puede haber más subjetividad. Partagás Short yo lo tengo clasificado en medio fuerte; ADN, fuerte; el 107 Sumo Short Robusto, que es al que te refieres, de medio fuerte a fuerte y el H.Upmann, medio y maravilloso. Pero por lo que dices, apuesto a que fumas despacio. Y eso está muy bien. Un abrazo

      • Diego J. Galán dice:

        Pues sí, así es, fumo despacio. Normalmente un robusto se me va casi a una hora y cuarto o más, sé que es mucho tiempo, pero no soy fumador en el sentido estricto del término y nunca he fumado cigarrillos por lo que entiendo que ese «ansia» por dar caladas no lo tengo. Me gusta saborear cada calada y pasar el humo por la nariz desde que aprendí es algo que tb me satisface.

        Un saludo

  2. Esteban Marín dice:

    Olé olé. Madre mía que Master class. Gracias por responder siempre y estar pendiente de esta obra maravillosa llamada BURKINA J’adore. Genial mientras me fumo un Factory Smokes etiqueta amarilla. Un muy buen puro. Saludos

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