Habrá merecido la pena

Ellos no tienen la culpa. La culpa es toda nuestra. El otro día, dije, y es verdad, que estoy procurando educar a mis hijos en la libertad de elegir, incluso aunque elijan mal, algo de lo que no vais a librar a vuestra prole. Hagáis lo que hagáis, elegirán mal antes o después y se van a pegar el hostión, uno del que un chaval de 10 años se recupera mucho más rápido que un niño de 30 años. De nada van a servir vuestros desvelos ni que viváis encima de ellos, controlando todo lo que hacen o, incluso, haciéndolo por ellos. Esa manera de formar a los chavales, que en casa se lo hacemos todo y van a ser unos inútiles y en el colegio le insertan axiomas que se tragan sin masticar, me recuerda siempre a la anécdota de mi amigo Sergio Galindo en la mili.

Yo no pienso- dice siempre-. No pienso desde que hice la mili.

Al parecer, estaba de guardia y tomó alguna decisión que a su sargento le tocó los cojones y casi se lo come:

¡Galindo! ¿Por qué has hecho tal cosa? – no recuerdo qué era, pero de todas formas no aporta nada a la historia.
Mi sargento, es que pensé que…
¡Pensé! Tú no estás aquí para pensar, Galindo. ¡No vuelvas a pensar!

Y como su sargento nunca le dio contraorden, pues hasta ahora…

Se me acerca un amiguito de mi hija. Once años. A esa tierna edad y ya están agilipollaos con los móviles. ¡Agilipollaos! ¡Quitadle el puto móvil a vuestros hijos! Hacedles ese favor. Me estoy fumando un EP Carrillo Core Plus con mi amigo Eduardo Mateos en la terraza habitual del viernes noche, abrigaditos e intentando que el camarero, Willy, que está de mala leche, nos ponga un trago para acompañar.

Es un cigarro que, de momento al menos, no va a venir a España, pero yo tengo un mazo, o tenía, regalo de mi pana Emmanuel Díaz, mi hermano pequeño que, por cierto, hoy cumple 30 años. Felicidades panilla. El mismo día que mi ahijado Gonzalo.

Fortaleza media a alta y con mucha personalidad, que da sabores a caballo entre un dulce discreto y un amargo muy vivo, una dulzura más bien especiada y un amarguito cítrico muy rico. La conversación con Eduardo, como siempre, animada y polémica, porque a este hombre lo que más le gusta es provocar y a mí me encanta seguirle el rollo y si, encima de fondo, hay un cigarro con presencia y cuerpo… Sólo me falta el trago.

Willy, tronco, ¿qué pasa? ¡Que estamos de maratón y necesitamos hidratarnos! – y Willy mira mal y pasa.

Lo estaba disfrutando a tope, pero como decía mi tío Carlos Urgoiti, siempre llega el sordo y te jode la orquesta. El amiguito de mi hija, que se me acerca comiendo un paquete de mierdecitas, y me dice con voz de repipi algo que ni siquiera ha pensado:

¿Por qué fumas? Fumar es malo-, una frase que, como digo, ni ha masticado, se la han metido en la cabeza a fuerza de repetírsela una y otra vez y que, en mi humilde opinión, es lo que enciende la mecha de un futuro fumador. “Tú sí que eres malo, niño”, me dan ganas de contestarle. “De la piel de Satanás. Fumar es bueno, lo malo es no fumar porque se tiene miedo a vivir. Eso sí que es malo”. Pero, en vez de eso, le señalo la bolsa amarilla y le insto a pensar:
Y tú, ¿por qué comes esa mierda? – pero el chaval se encoge de hombros, se me queda mirando como diciendo, “¿y este gilipollas?” y sigue masticando su cóctel de plástico crujiente con aceite de palma. Sanísimo. No le veo la advertencia sanitaria al envoltorio, así que pienso que debe de ser muy bueno para el corazón.
Te vas a morir – me replica el niño y yo no soy quien para decirle la verdad al chico porque, además, no sé quién es su padre y lo mismo mide dos metros diez y me corre a leches de aquí a Santander, pero la respuesta correcta a ese “te vas a morir” es:
Y tú también, chaval, pero, al menos, en mi caso, habrá merecido la pena.

Me acabo de leer una novela fantástica de Alfonso Mateo-Sagasta. Os la voy recomendar porque se lee de una fumada. “Mala hoja”, se titula. Le quiero dedicar una entrada completa, pero aún no ha llegado su momento. Sólo voy a copiaros aquí un párrafo, como filosofía de la vida en general:

Hay quien dice que el tabaco era la planta del bien y del mal, el árbol de la ciencia; ¡el tabaco! ¡Qué le parece! Nada de serpientes y manzanas, resulta que Adán pecó porque no pudo resistirse a una fumada. ¿Se imagina? El hombre ahí tumbado en pelotas viendo la Creación y metiéndose un Condesa de Cameros entre pecho y espalda y diciendo: ¡Coño, aunque me echen de aquí, habrá merecido la pena!“.

Mira, niño, el paraíso de los vivos no es ese que vendrá, es este, el que habitamos todos los días, el que formamos estando juntos. Dos formas hay de enfrentarse a él. La primera es fácil para muchos: consiste en adaptarse, convertirse en paraíso hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es peligrosa y requiere entrenamiento continuo: buscar y localizar aquello que, en medio del paraíso, no es paraíso, y hacerlo durar, y darle espacio. ¿Te queda claro? Pues, hala, a tomar por culo de aquí que te azuzo al perro.

La cita, claro, es de Calvino. Bueno, la cita… Más o menos recordada y adaptada. Pero es curioso como paraíso e infierno son el mismo sitio con percepciones diferentes. En fin, que es lunes. Recordad que los puros van al paraíso sí o sí.

Por cierto, hablando del destino de los puros. Os anuncio que los premios de Burkina The Hat ya han sido enviados. Espero que los destinatarios los reciban en breve. Ya me diréis.

Ernestico llega a España, si quieres leer la entrada en que se anuncia el acuerdo entre EP Carrillo y la Casa del tabaco.

Vosotros, que entráis, abandonad toda esperanza. Es otra historieta mía.

3 comentarios de “Habrá merecido la pena

  1. Luis Gómez dice:

    No dejes de escribir nunca Javier, me lo paso de lujo. Seguro que nosotros, de pequeños, fuimos tan gilipollas como ese crío, sólo que nosotros podíamos pensar con más independencia que ahora. Antes no teníamos tanta información, ni tan a mano. Sólo espero que a esta generación y las siguientes les dé tiempo a poder pensar y decidir por sí mismos.
    Lo dicho… no dejes de escribir, es muy bueno para nuestra salud mental, y a tí…, que te den… desde el cariño y el respeto. Un abrazo fuerte Javi.

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