Haz tu momento

Ayer se presentó en Madrid, por fin, Macanudo Inspirado White y tuve la suerte de ser invitado a la presentación, a la que, efectivamente, llegué 20 minutos tarde como es mi costumbre, ¿qué le voy a hacer? Tengo 46 años y ya no veo capaz de mejorar en algunas cosas sino de aprender a vivir con mis defectos. Álvaro Garrido sabe mucho de esto.

Tuve mi castigo, claro, porque algún cabronazo hizo público mi retraso: “Ya ha llegado Javier Blanco (Urgoiti), ya podemos empezar“. Suena a privilegio, pero no lo es. Que yo soy consciente de que llegaba tarde y que la cortesía son diez minutos, no más, y todo lo demás es sacarme los colores.

Pero, bueno, estábamos entre amigos. Muchos buenos amigos. Estoy tentado de mencionaros a todos, pero seguro que se me olvida alguno, así que… Que os den.

Voy a mencionar sólo a Stephan Brichau, porque es guiri, porque es un tío grande, lo veo muy de vez en cuando y me da mucho gusto verlo, aunque sólo charlé con él dos minutos. Al final, para los profesionales de mover el rabo, como yo, estos eventos lo que tienen es que no estás con nadie para estar con todos.

Los buenos amigos lo entienden.

El cigarro ya lo fumamos en exclusiva en las Catas Ciegas de Burkina y salió bastante bien parado CATA CIEGA 

No voy a incidir mucho más en él, aunque sí que voy a decir que a mí me gusta y que estoy casi, casi, casi de acuerdo con lo que dijo Perico Rosado, el (cabronazo) promotor de STG que hizo la presentación, del puro y de a quién está dirigido. Casi, pero no del todo.

A Pedro, que lo quiero mucho (y él lo sabe), os lo recomiendo vivamente, en primer lugar porque es del Atlético de Madrid, en segundo lugar porque tiene la maldita costumbre de llamar a las cosas por su nombre y es un tío que se viste por los pies. No en vano es uno de los comerciales más valorados del sector en España y, después de tantos años, mantener ese cartel es muy difícil. Yo me iría al Himalaya con él, casi sin dudarlo, si no fuera porque me han dicho que luego te tienes que pasar una semana encerrado en la tienda de campaña en el campo base y eso acaba como el rosario de la aurora… Imaginad. Cada perrete lame su pijo al principio, pero después hace ilusión que te lo trabaje el de tu derecha y tú al de la tuya, más tarde se acuerda que nada de besitos y, al final, llega el “total, nadie se va a enterar” y lo que sucede en el Brokeback Mountain, se queda en Brokeback Mountain. No, amigo.

Chistes aparte, perdonad el inciso, presentar Macanudo Inspirado White como un cigarro para nuevos fumadores es correcto. A mí me gusta compararlo con la lectura: si a alguien que está empezando a leer le sueltas de golpe el “Ulises” de Joyce es probable que no se vuelva a acercar a un libro. La fortaleza indicada para los que empiezan a fumar, los que dan su primer paso, es, sin duda, la del Macanudo Inspirado White.

Las fortalezas de los cigarros, como todo en este mundo, son absolutamente subjetivas y están sometidas a tantas variables que se hace difícil medirlas. Yo me cogí un pedo de puro (con lo malo que es, que te poner lívido, notas como los pelos de los brazos se te erizan uno a uno, te mareas y lo acabas echando todo) con un Balboa. ¿Os acordáis del Balboa? Pues me mató y no, yo no lo olvido, aunque soy un fumador experimentado y ese no era un cigarro especialmente fuerte, pero… Las circunstancias.

Cuento en numerosas ocasiones la anécdota de Manuel Inoa, master blender de La Aurora y superpana de este humilde escritor, que alucinó con un señor en Alicante (y Manuel tiene ya recorrido en esto) que, fumando los cigarros en grado puro, se paró en el que está hecho sólo de tabaco ligero:

Este es el cigarro que me gusta a mí -dijo entusiasmado-. ¿Por qué no comercializáis este cigarro?

Y se lo fumó entero.

Para mí es infumable. Para mí, claro, pero quizá este señor está acostumbrado a fumar caliqueños y, en fin, busca metralla.

En la fortaleza de un cigarro influye, y no poco, la cantidad de ligero que se ponga en la liga, el tipo de capa, tu estado de ánimo, lo que hayas comido, la hora del día, lo que estés bebiendo para maridar, la compañía, el clima, si estás de vacaciones… Todo influye. Puede que el cigarro sea muy consistente, como lo son los Macanudo, son las personas las que cambian a cada minuto.

La mejor definición de un cigarro que he escuchado en la vida se la oí a Eladio Díaz, el alma máter de Davidoff, un señor como la copa de un pino que regala sus pirámides con dos manos, como si fuera un sable samurai, y te obliga a la cortesía de recogerlo igualmente con las dos manos y una pequeña reverencia. Una buena muestra de respeto por el tabaco. Eladio, a quien admiro y añoro, dice que “un tabaco tiene que ser un buena amigo, una buena compañía” y tiene toda la razón. Fumar no es una competición de a ver quién es más macho, es un placer y cada uno debe buscar su propia manera de satisfacer ese deseo: si te gusta la dinamita, dinamita; si no, pues lo que más te guste. Sin complejos.

Macanudo Inspirado White es una buena compañía para un cigarro de media mañana, por ejemplo, cuando te tomas un cafecito y tienes un rato para mirar por la ventana cómo llueve en Madrid en el mes de junio (bendita lluvia, que no pare).

Porque una cosa es la fortaleza y la agresividad y otra, muy distinta, el sabor. Hay cigarros que sólo tienen fortaleza, y a mí personalmente no me gustan, y cigarros que tienen sabor, aunque no tenga fortaleza. Si eres capaz de entender esto, serás capaz de disfrutar de Macanudo, una marca top en el mundo que lo es por su garantía de calidad y consistencia y por su seriedad fabricando.

Tal vez no sea el cigarro para escoger en ese gran momento, pero yo lo veo capaz de hacer de un momento cualquier su propio gran momento. Es cuestión de encontrar el tiempo y la compañía correcta. Ayer, un cóctel muy rico del que apenas comí (sigo a régimen), una copita de vino (para esto sí me salto el régimen), rodeado de amigos en la fantástica terraza del Hotel Sardinero de Madrid, Macanudo Inspirado White me regaló una rato muy bueno, fue un buen amigo.

Y eso es lo que cuenta.

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