La Aurora 1903 Ed. Ecuador, canela fina

Antes de meterme en camisas de once varas, cosa a la que tengo más afición que mi perro Asesino a cavar tumbas para deshacerse de sus cadáveres y que nunca, nunca, nunca me ha beneficiado, al contrario, os recuerdo a todos que sigue abierto el plazo para votar por el Pepinazo 2018.

Título que se otorgará al mejor cigarro de este año, lanzado en 2018 o en años anteriores, en opinión y según el selecto y muy personal gusto de los más que apreciados señores y señoras (¡que ya han votado dos mujeres!) lectores de Burkina [J’Adore] The Revist, que Dios guarde mucho tiempo y les procure salud y tiempo para seguir leyendo mis tontunas.

La mecánica es simple: email a jblancourgoiti@burkinajadore.com con vuestro nombre y tres cigarros (marca-serie-formato).

Rechazaré todos los votos de aquellos que tienen relación directa o indirecta con el mercado de cigarros, como ya advertí la primera vez. Sólo acepto votaciones de fumadores de cigarros.

El plazo está abierto hasta el día de la Lotería de Navidad y, después, entre los participantes sortearé un premio genial que consiste en…

¡Tener el honor de capitanear la partida de búsqueda de mi tortuga fugada Steve McQueen!

Y una sorpresa que tengo preparada. Así que ánimo y a votar que si os azuzo al chucho y ya os digo que está entrenado para matar sin piedad.

Ayer tuve la suerte de asistir a una cena digna de Falstaff en un buen restaurante de una ciudad que suelo visitar y que no os diré cuál es ni dónde está porque pertenece al mundo clandestino y esperanzador de gente buena que te permite fumarte un puro y hasta dos mientras cenas.

Y cenamos de cojones: el tomate era tomate, creo que hoy por hoy es el mejor elogio que se le puede hacer a un tomate; el foie, delicioso, cremoso, potente; los pimientos rojos y verdes, en plan piperrada, tremendos; la merluza al horno estaba tan fresca que las tajadas de la cabeza se podían sacar con un palillo y el chuletón de bicho cadáver, entreverado de grasita, tierno y como a mí me gusta: muerto pero caliente. Además, vino como tenía que venir (y no me refiero a que viniera andando aunque estaba tan poco hecho que casi hubiera podido): con patatas fritas como para una boda. Nueces, queso, membrillo, café…

Sí, bueno, estoy a régimen todavía, porque tengo que perder 15 kilos más pero no os fiéis nunca de una dieta que no permita excepcionalmente un pequeño exceso, un a tomar por culo la bicicleta, un Daisy acércate un poco más que quiero otro filete… Muuuuuuuuu

Todo con la gente grande (en ambos sentidos de la palabra) de Buenos Humos con los que me encanta quedar de vez en cuando porque sólo con verlos disfrutar de las cosas buenas de la vida, uno ya disfruta. ¡Y hasta me tratan bien!

Ha venido a España mi buen amigo Luis López, maestro tabaquero de La Aurora, persona sabia y discreta, humilde como sólo quien lleva más de 40 años trabajando en el tabaco puede ser (recordad que el tabaco siempre te pone en tu sitio) y ha estado haciendo exhibición de su discreción y de su saber estar. No en vano, Luis se ha recorrido el mundo, no exagero, ¡el mundo! torciendo cigarros de cara a los clientes y la verdad es que mola verlo trabajar porque, coño, lo hace con tal parsimonia que parece fácil.

Me gusta mucho verlo trabajar porque te das cuenta del oficio del tío que sabe, pero de verdad, y sin presunción ni etiquetas: sabe porque es a lo que se ha dedicado toda la vida y no tiene más que mirar el bonche en el molde para decir: “le falta molde” y no le pone la capa. Yo le pregunto que cómo sabe que le falta tiempo en el molde y ya me da una explicación que yo pueda entender y que a él le ha sobrado totalmente: lo ha sabido en cuanto ha abierto el molde.

No podía, además, darme más en el gusto: estaba torciendo La Aurora 1903 Edition Ecuador Robusto, en mi opinión, uno de los cigarros más ricos del mundo y, desde luego, junto al Fernando León, el que yo elegía para fumar cuando trabajaba allí. En la cena, se sentó a mi lado un hombre muy amable y educado (perdóname, de verdad, que he olvidado tu nombre y no tengo perdón) que, a la hora de fumar el cigarro, me preguntó si yo era de los que le sacaba frutas del bosque al cigarro.

– No, no -le contesté-, pero haz una cosa: dale una calada al cigarro y echa el humo por la nariz y, al hacerlo, piensa en el arroz con leche que hacía tu madre cuando eras pequeño.

El hombre me hizo caso y ambos quedamos de acuerdo en que ese cigarro tiene un recuerdo a canela delicioso, que está en la nariz, no en la boca, y es por la capa que, como siempre digo, es la capa de Supermán: Ecuador Sumatra, sembrada en Ecuador al nublado sol del valle del Guayaquil.

En mi opinión, y no fui el único, los cigarros que hace un torcedor en el estanco delante del público no están nunca para fumar inmediatamente. Otro Luis, Luis Gómez, dijo algo así como que la capa estaba mojada y, claro, la capa está húmeda por encima de lo que es fumable porque se moja para trabajarla bien sin que se rompa. Cuando la capa está húmeda, fermenta y da sabores agresivos al principio y puede quemar mal. Después, la misma fumada la seca y vuelve un poco a su ser. Por eso, aceptar mi consejo, si un torcedor alguna vez te da un cigarro recién torcido, guárdalo unos días.

La serie 1903 Edition de La Aurora se lanzó antes del centenario de la compañía, que fue fundada precisamente ese año, 1903, curiosamente, el mismo año que el Atlético de Madrid, con el objetivo de recuperar el formato original de los cigarros de La Aurora, que eran doble figurados: los preferidos. Esa historia es un poco larga y no me voy a meter ahora. Quizá un día les dedique una entrada.

Ahora por 7’50 euros, ¡sólo!, los consumidores españoles pueden disfrutar del este barco insignia de la fábrica más antigua de Dominicana en formato parejo. Lleva capa Ecuador Sumatra, capote y tripa cien por cien Dominicano que le da una fortaleza de media a alta llena de sabor.

 

Además de la opípara cena, antes nos tomamos un cóctel de whisky (de momento secreto porque se lo voy a copiar al brand ambassador de Diageo, Jorge Pineda, para publicarlo en The Revids) y de postre, La Aurora ADN Robusto con ron Zacapa 23 años, una combinación que es ganadora siempre porque al sabor, aunque parezca increíble, siempre es posible ponerle más sabor.

Que sí que estoy a régimen y que sí, que es verdad, que vivo fuera de Madrid y luego me tenía que ir conduciendo, pero yo me bebí mis dos vasitos de ron y me quedé a gusto pensando para mí: si me ha de multar la Guardia Civil, que no sea por medianías.

Gran noche, Tomaso. Buen viaje, Luis. Espero verte pronto por aquí. Gracias Gonzalo, hermano. Un abrazo a los Buenos Humos, que me río mucho con vosotros.

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