La Aurora (Camerún) Rothschild

No es que sea la hostia en bote ni el recopete. Es un humilde robustito, más corto y de menor cepo. La Aurora Rothschild (100 mm x 50) que es un formato fantástico que se puede resumir en una palabra: proporción.

laaurorarothschild

Os lo presento como joya de mi humidor, sin que, insisto, sea el recopete (me encanta la palabra recopete, la voy a repetir mucho) porque tiene su historieta y porque así incido más en lo que dije en la entrada del martes: si el tiempo define a un cigarro valioso y lo distingue de uno caro, imaginad si estamos hablando de un cigarro de 2’80 euros.

Precio oficial.

No recuerdo el año, la verdad, pero probablemente haga ya más de 15 años, La Aurora desembarcó en el mercado español de la mano de la entonces Swedish Match (hoy, STG). Entonces se cometió un error que hoy ya casi nadie comete: traer todo el vitolario al mercado, con lo que se consigue marear al estanquero, llenar las cavas de un tabaco que no rota y confundir al consumidor.

Los precios eran imbatibles, el cigarro es bueno, dulce, suave-medio, bien equilibrado, de una fumada cremosa y amable. Quiero decir que no es un Partagás Lusitanias ni lo pretende, ni tiene su precio, ni compite con Partagás (si acaso, con Partagás Short, pero ni siquiera). Es otro producto indicado para otra gente y para otro momento, uno que requiera de una fumada de una dimensión diferente.

Muchos estanqueros comprendieron el concepto, pero, después, cosas del mercado, a pesar de su precio, el cigarro no tuvo la rotación que se supone a su precio. Así es el mercado del cigarro: el precio importa, desde luego, pero los precios deben ir sujetos a un prestigio que hay que trabajarse. Y, así, el primer intento de La Aurora de desembarcar en España murió en la playa hasta que, más tarde, se lanzó la serie 1495, sobre todo el Sumo Short Robusto.

El santo olvido. Pienso en lo bueno que resulta a veces echarse a un lado y dejar que el tiempo pase. Fumarse un Lucky en el andén y dejar que el tren se vaya.

Allí quedó el cigarro, en un rinconcito de las cavas españolas, cogiendo polvo y soltando amoniaco.

Visité en el verano de 2014 a mi buen amigo Fermín Armero, en Albacete, y tenía La Aurora… Buffffff… Cajas y cajas. Era junio y yo ya sabía que me iba a trabajar a La Aurora y recuerdo que pensé que había un buen marrón allí. Sólo esperaba que no hubiera muchos más con tanto stock de La Aurora. El problema del mercado de cigarros en España, que lo sepan, es la baja rotación del producto frente a la enorme cantidad y la variedad de marcas que hay que tener a la venta para poder ofrecer un surtido decente al consumidor. Eso hace el negocio inviable, por el coste financiero, y de los estanqueros que se dedican al cigarro, unos románticos empedernidos.

Cuando vayas a tu cava de siempre a comprar un cigarro recuerda lo que te digo, cuantos más puros tenga tu estanquero, más dinero pierde, y dale un sentido abrazo porque se lo merece.

Ya llego, ya llego.

Visité mercado en 2015 con Guillermo León, presidente de La Aurora. Estuvimos en Madrid, Barcelona, Ibiza, La Coruña, Santander, San Sebastián… Ya no me acuerdo. Muchos sitios. Muchos buenos amigos.

En uno de los estancos se me planteó el problema que yo esperaba, aunque no era muy grave: “Tengo aquí un par de cajas de La Aurora Rothschild que no se venden” y yo, sin pensármelo mucho, se las compré. Las dos cajas. ¿Lo imagináis?

Cuarenta cigarros de gran calidad, añejadas durante más de diez años en uno de los mejores estancos de España, al cuidado de uno de los mejores estanqueros que yo conozco, un top, por sólo 112 euros.

Os preguntaréis si está bueno… Cojonudo. Regalé cigarros como el tío rico que viene de visita de las Américas y aún me queda alguno. Un espectáculo de cigarro.

Tiempo. No tiene más. Y si no estuviéramos tan ansiosos los fumadores por probar “lo nuevo, lo nuevo, lo nuevo” y lo dejáramos descansar y que el estanquero hiciera su trabajo, descubriríamos que en esa caja olvidada de arriba, a la izquierda, en lo alto de la cava, nos esperan unas joyas delicadas y espectaculares que tienen el tiempo antes de fabricación, el del proceso primario, el secundario, el reposo en aging, la espera en almacenes y, finalmente, el sello de la profesionalidad de tu estanquero.

 

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