Lo caro, lo valioso

Hoy, vuestro amigo Supercoco os ha preparado un largo sermón sobre lo que es caro, lo que es barato y lo que es valioso. A ver cómo lo hago para que no os resulte un coñazo. Se trata, sobre todo para los que se inician, de empezar a formarse un criterio válido que les ayude a distinguir lo que de verdad tiene valor cuando se fuma un tabaco.

Compartimos el mercado de lo viejo. No de lo nuevo. Lo viejo. Una semilla, para convertirse en tabaco premium, pasa (dependiendo de quién lo cuente), de dos a tres años mínimo en un proceso inenarrable de cultivo, secado, fermentado, reposo, moja, selección, construcción, añejamiento, más añejamiento… imposible de resumir en una frase.

Esto hace que el gran valor del tabaco, lo que lo hace verdaderamente valioso, sea el tiempo. El tiempo es el ingrediente más caro de un puro y si el proceso se hacen bien, con sus tiempos, el resultado no puede ser barato.

Pero tampoco tiene por qué ser caro.

ABRAZAD EL RELATIVISMO

Quiero decir que lo caro o lo barato, como todo en el tabaco, es relativo. No se puede limitar a una cifra. Si un señor tiene 40 millones de dólares en inventario de materia prima para garantizar la calidad contra catástrofes naturales y la consistencia de sabor durante hasta cinco años, como pasa con Davidoff, que te vendan un cigarro como el Winston Churchill Late Hour Churchill por 18 euros es barato.

WINSTON CHURCHILL LATE HOUR CHURCHILL

Que me imagino que tú estarás diciendo ahora: «Joder, que 18 lereles por un puro, es dinero». Sí. Es dinero. Yo mismo no me lo puedo permitir todos los días. Ojalá. También tengo un Citröen C3 (peó).

Parte del tabaco de este cigarro se añeja en barricas de whisky a baja temperatura, volteándolo una y otra vez para que tenga un proceso lento, uniforme y que la hoja no sufra ni pierda aceites esenciales. Es como el cocido de mi abuela. ¿Estaba bueno? Ni comparación con el que hago yo en la olla rápida, pero, claro, mi abuela estaba toda la mañana pendiente.

El resultado es indiscutible. Para mí, uno de los mejores cigarros del mercado.

No es sólo una cuestión de marca, porque si a la marca no la sostiene una calidad, una materia prima excelente, un proceso impecable, una buena presentación (por supuesto, también cuenta)… Entonces es caro.

Y creo que es importante aprender a diferenciar entre lo que es caro y lo que es valioso y por eso, en este mundo tan complicado como el tabaco, entra en juego otro valor exigible: la honestidad.

EXIGE HONESTIDAD

No importa el modo en que el puro sea fabricado. Yo ya no sé la cantidad de fábricas que he tenido la suerte de visitar y en todas he visto algo distinto. No existe una receta magistral. No hay un «el tabaco se fermenta durante 36 días y ocho horas a 45 grados celsius«…

Hay tantas recetas como fabricantes. La magia se produce cuando conoces a gente como Ernesto Pérez Carrillo, que ve el tabaco en el campo y, como conoce bien su idioma, puede hablar con él. Lo recibe después en su fábrica procesado y listo para trabajar, pero él prefiere darle más proceso hasta llevarlo al punto que él necesita para que su cigarro dé el resultado que está buscando.

¿Cómo lo hace? Yo que sé. Años de experiencia. ¿Cómo hacía el cocido mi abuela? Años de experiencia.

Es un auténtico domador de tabacos. Y todo el tiempo que esté el tabaco parado en su fábrica, le cuesta dinero. Te puede gustar más o menos, eso no entra en la ecuación, pero el resultado, la calidad, es indiscutible.

EP Carrillo La Historia El Senador. 8’90 euros. Este cigarro es barato.

Eso es lo que cuenta. Tú puedes tener un tabaco de la máxima calidad, pero si no lo procesas bien… Y creedme que si con un mal tabaco es imposible obtener un buen cigarro, de un buen tabaco es muy fácil hacer un mal puro.

Por eso, yo insisto tanto en que la honestidad (un cigarro honesto y sin pretensiones, suelo decir) es un valor exigible en el tabaco.

FIJAOS EN LAS CAPAS

Soy «capista». Mucho. No por la estética. Es importante, sin duda, que la capa sea bonita a la vista, el vestido del cigarro, lo que lo maquea y tal. Pero también hay capas de calidad que, a la vista, son más bien feuchas.

La capa es la hoja más cara del tabaco. Hay capas que ya en la paca sólo una hoja vale más pasta que todo el cigarro. Esto requeriría una entrada larga hablando del tema y no sé si debo. Pero para que os hagáis una idea, ya en el campo, los cultivos para capa específicos, tienen un rendimiento muy bajo. Depende quien te lo cuente y del moco que se quiera pegar en la solapa, pero sólo entre el 10% y el 20% de las hojas serán seleccionadas para capa.

Después, como es una hoja más delicada, en el proceso sufre mucha merma y en los sorteos siguientes, dependiendo de la exigencia del fabricante, ese rendimiento baja más todavía.

Y todos los tabacos llevan una capa.

Otros, llevan la capa de Superman.

La Flor Dominicana La Nox

CIGARRO DE SEPTIEMBRE EN BURKINA [J’ADORE] THE REVIST

Perdonad que insista. Ya sé que no hace una semana que lo saqué. Pero no os perdáis esa capa, esa grasa que tiene que denota un proceso largo y cuidado y caro no, carísimo. El cocido de mi abuela.

Son 16’10 euros por cigarro y lo vale.

COCINERO, COCINERO

Hay marcas que cocinan las capas. ¿Eso es malo? No. Es un proceso natural que tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La hoja de capa se cocina al baño maría para oscurecer su tono y conseguir uniformidad de color. Se gana tiempo (y el tiempo es dinero) y apariencia, se lleva el tabaco más rápido hasta un punto en el que, de hacerlo por un proceso largo, se tiene mayor merma y se emplea mucho más tiempo.

Merma y tiempo, que es dinero.

Eso sí, tiene menos calidad, porque en el cocinado, la capa pierde buena parte de sus aceites esenciales.

Lo malo no es cocinar la capa. Lo malo es intentar hacer creer al consumidor, vía precio, que esa capa ha sido sometida a todo el caro y largo proceso de maduración que lleva a la hoja a adquirir tonos oscuros manteniendo su aspecto graso y brillante. Un proceso que, como digo, es mucho más caro porque requiere más tiempo y pierde productividad.

Cuando por un tabaco con la capa cocinada te quieren cobrar 5 euros, no hay problema. Ni siquiera es necesario declararlo. Como digo, es un proceso más, tan natural como el largo. El problema es cuando sacan la fabada Litoral de la lata, te la calientan en el microondas y te la ponen en el plato como si fueran esas fabes del paisano que llevan en la olla desde antes de ayer. Y te las cobran.

No, amigos, no. A mí la fabada Litoral me encanta. Y me soluciona más de una vez la comida de mi troupe cuando, por la razón que sea, la mañana se me ha echado encima y hay que resolver.

Pero yo no les digo a los míos cuando llegan a comer como tigres que llevo toda la mañana como un esclavo del hogar moviendo la olla y asustando a la fabes.

¡No, no! En el tabaco, hay pocas cosas que sean absolutas y definitivas. A esos absolutos del tabaco se les llama un «NO, NO».

De estos tres cigarros, y de algunos cigarros más de estos tres fabricantes, Davidoff, La Flor Dominicana y La Alianza, en Burkina [J’Adore] The Revist se va a hablar mucho este año.

Y de alguna marca más.

Son honestos y sus cigarros, valiosos. Y para mí, eso es lo que cuenta.

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