Pepe, un purito

José Martínez Franco – La Cava de Magallanes
Calle de Magallanes 16

Madrid

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No sé si les pasa a ustedes, a mí sí, que cuánto más respeto le proceso a un personaje más cercano me siento a él, menos lo veo como a ese intocable Don José y más como Pepe, el cómplice de todo; menos ganas me dan de hacerle su merecida genuflexión y más de sentarme a fumar con él y decirle la famosa frase: “Pepe, un purito”.

Acaba de regresar de República Dominicana, del Festival Procigar, donde la familia Quesada (Casa Magna, Fonseca Dominicano), una de las de mayor tradición tabaquera de Santiago de los Caballeros, le ha rendido un merecido homenaje.

Otro homenaje más, le digo yo.

– Muy agradecido y muy inesperado, la verdad – me dice José Martínez Franco, de la Cava Magallanes, cocinero antes que fraile, precursor, adelantado, grande del tabaco en España, levita del primer templo.

– Me vas a hacer creer, Pepe – le digo yo con un poco de cachondeo – que estás para partido de homenaje. Yo te veo estupendo.

– Bueno, hombre, estoy bien, pero ya no quiero viajar. Y el cardiólogo tampoco está muy contento con que me dedique a cruzar el Charco. He tenido dos ictus.

Pero José Martínez Franco es como el buen tabaco, que con la edad mejora y mucho. Con los años, se han matizado mucho sus aristas, se ha redondeado mucho su carácter, se ha vuelto más guajiro, más tabaquero de madrugada. Me recuerda a Imeldo Rodríguez, el maestro tabaquero de CITA, cuando en una entrevista que le hice hace muchos años, con motivo del lanzamiento del Condal Maestro Tabaquero, me dijo aquello de: “Todo el mundo habla del tabaco, pero ¡ay si el tabaco hablara!”.  Así que se lo digo. Sin contarme.

– Pues, Pepe, ¿qué quieres que te diga? A lo mejor eso te ha hecho ver la vida con otra perspectiva. De unos años para acá yo te he notado mucho más tranquilo, más relajado, con más ganas de disfrutar…

Pero, Pepe, que se las sabe todas, me mira no sin cierta ternura, de soslayo, y me lanza una media sonrisa con el cigarro humeando en la mano. Un gesto de búho antiguo de enorme memoria. A su lado, soy un aprendiz. Él ya estaba aquí cuando yo llegué. Ya estaba cuando llegó mi padre, Luis Blanco Vila, del que, por cierto, siempre habla con cariño. José Martínez Franco fue el primero de muchos en muchas cosas y casi todos los demás hemos sido “followers”… Seguidores.

– Es verdad, pero eso lo piensas porque ahora eres tú el que sabes más.

La marca de cigarros por definición, Cohiba, llegó al tabaco en 1966, hace 50 años. Pepe Martínez Franco lo hizo en 1968: hace 48.

Hombre Habano del Año

La primera idea no fue montar una cava de cigarros, ni mucho menos, pero Martínez Franco siempre quiso ser rompedor, diferente, y en eso ya se le debe dar el título de “primero”. José quería hacer un estanco como un supermercado, con sus carritos, pero “entonces la gente de Davidoff me llevo a Suiza a enseñarme sus tiendas y me propuso hacer algo en Madrid como lo que ellos tenían allí: una cava”.

La idea de montar un estanco diferente deriva en la primera cava de cigarros, José el primero, que hoy también es el primer estanco que tiene su propio congelador de cigarros. “Todos los puros que entran en la Cava de Magallanes tienen su propio proceso de ultracongelación y descongelación paulatina para control de plagas”, me cuenta. Insiste mucho en esto, Pepe. En eso, también es el primero.

Su apuesta por el mundo de los cigarros y la especialización no sólo le llevó a la fama nacional, como estanquero, sino internacional como tienda experta en un producto que requiere de una atención específica y muy profesional. Tanto que en 1999, en el seno del Festival del Habano, se le otorgó el premio Hombre Habano del Año al Comercio Minorista. Habanos SA reconoció en el 99 la de Pepe Magallanes como la mejor tienda de Habanos del mundo.

Después ha habido dos premiados más, ambos buenos amigos de la Cava Magallanes y grandes estanqueros: el ya fallecido Ricardo Aramburu, de Irún, y su prácticamente vecino, Jesús Llano, de Cardenal Cisneros.

Pero el primero, fue Pepe.

Donde esté Pepe

Yo no veo a Pepe Martínez Franco para partido de homenaje, aunque entiendo los muchos que se merece, pero creo que ese estanco desea, independientemente de su alma mater, llegar a sus Bodas de Oro, para redondear una efeméride que sería, o debería ser, muy celebrada por todo el sector. Sus hijos no le han seguido, y él no es inagotable, ya le ha dado unas cuantas vueltas a su pilón de tabaco, a su troja, lo de dentro fuera y lo de fuera adentro, como para saber que el tiempo ya ha hecho su trabajo, que el tabaco está más que listo para disfrutarlo y que es hora.  Por eso, pienso yo, sentarse con Pepe Martínez Franco en la plaza de Quevedo, en Madrid, por la mañana, tomarse un café y fumarse un purito con él es ese gran placer.

Cuentan las crónicas que un periodista preguntó al gran escritor alemán, Thomas Mann, autor de “La montaña mágica” y de “Muerte en Venecia”, a la entrada de su exilio en Suiza, donde se vio empujado por el nazismo, qué iba a hacer ahora sin su querida Alemania.

– Donde esté yo – contestó Mann –, estará Alemania.

No importa lo que pasé con Pepe. Donde esté él, estará el tabaco.

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5 comentarios sobre “Pepe, un purito

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