Plasencia Reserva 1898 Robusto

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Me dijo un señor… Lo voy a poner en mayúscula.

En una ocasión, me dijo un Señor, padre y maestro mágico, un Verlaine de la comunicación al que tengo en enorme gran aprecio:

Javier, en comunicación, la ironía te la metes por el culo“.

Quizá he exagerado un poco, pero sé que cuando lo lea, si es que lo llega a leer, se va a reír. Ya se sabe que “cualquier tiempo pasado fue mejor“.

Yo era bisoño y quise usar la ironía para una ¡GENIAL! campaña de concienciación que, por supuesto, no cuajó porque… Porque era una mierda ilusa, porque la ironía es digna del emisor, pero debe contar con la inteligencia del receptor que, en la mayoría de los casos, brilla por su ausencia.

Por eso el mensaje debe ser claro: “¡Distínguete!”.

Porque a mí me encanta la ironía, me parece la forma más fina del humor, pero es cierto que la mayor parte de las veces, cuando la uso, sólo me río yo (ya no se ríe ni mi mujer).

“¡Distínguete! ¡Sé diferente!” es un mensaje claro, directo y conciso. Y parece fácil, pero es jodido de cojones. Quiero decir que la línea entre lo que es original y lo que resulta esperpéntico es muy fina.

Entonces llegan los Plasencia. Y ya que he sacado a dos poetas a relucir, a Paul Verlaine y a Jorge Manrique, me voy a atrever con el romance anónimo castellano:

—¡Rey don Sancho, rey don Sancho!,   no digas que no te aviso,
que de dentro de Zamora   un alevoso ha salido;
llámase Vellido Dolfos,   hijo de Dolfos Vellido,
cuatro traiciones ha hecho,   y con esta serán cinco.
Si gran traidor fue el padre,   mayor traidor es el hijo“.

No para llamar traidores a los Plasencia, cosas de poeta, entendedme (Juan se está revolviendo en su jubilación), sino porque como Vellido Dolfos superó en alevosía a su padre, Néstor Andrés Plasencia no sólo sigue la estela del suyo sino que promete… O ya es un hecho… superar al gran Néstor Plasencia.

Y esto no lo pueden decir muchos padres.

A Néstor padre lo conocí en Honduras, en el valle de Jamastrán, al sur, pegadito a la frontera con Nicaragua. Recuerdo que al Paso de las Manos, el punto fronterizo entre ambos países, nos vino a buscar su hermano Conrado. Jesús Llano y yo nos habíamos bajado de la guagua (¡qué raro!) y estábamos tomando una cerveza. Ya no tenían Toñas. Ya era territorio Port Royal. Me acuerdo bien de aquella atmósfera irreal y un tanto opresiva de la frontera, de la interminable cola de camiones, de la guasa de Jesús con las toñas y del chiste del manco. Del chiste no me olvidaré nunca.

Jorge Padrón le pidió a Eduardo Mencía que se grabara en vídeo y se lo mandara.

– Está un hombre en el salón de su casa haciéndose una toña – contaba Eduardo – y justo entra su mujer y le dice: “¡Pero, Manolo! ¿Te ayudo?”. “No, que no sabes por dónde voy”.

De hecho, me compré una camiseta. La cerveza… Llámenme paleto, pero yo sigo siendo muy de Mahou. Integrista Mahoumetano.

HondurasBeer

– Vengo a lo de la oferta: “Polvo y cerveza por 5 euros”.
– De acuerdo, pero es conmigo y no tengo clítoris.
– Es lo mismo. Ponme una Voll Damn Doble malta.

Y si no, me hago una Toña.

Con Néstor Andrés he coincidido un par de veces. En México, creo recordar, y en República Dominicana seguro (porque tengo esta foto). No puedo decir que lo conozca, aunque hemos charlado, pero lo que me han contado de él, y me lo ha contado gente de mucho peso, me produce admiración.

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Néstor Andrés es el de la derecha. El de vuestra derecha. Claro. Conciso. Directo.

En el mundo de los cigarros, más que en ningún otro, pesa la cuestión personal. Los cigarros, como piezas artesanas, son cada vez más obras de autor y a los consumidores les gusta saber quién está detrás del cigarro que saborean. Este joven ingeniero de la foto, hijo y nieto de grandes del tabaco, y su empeño por distinguirse, es quien está detrás de Plasencia Reserva 1898 Robusto (120 mm x 52). El abuelo, Sixto Plasencia, era cultivador de capa en Vuelta Abajo, Cuba. Él y su familia, tuvieron que dejarlo todo en los sesenta e instalarse en Nicargua. ¿Todo? No, evidentemente, la sabiduría en las difíciles técnicas del cultivo del tabaco se la llevaron consigo.

La nueva generación de Plasencia, Néstor Andrés, en el campo ha hecho milagros con el avance hacia el tabaco 100% orgánico y, de hecho, ahí están los Plasencia Orgánicos fabricados con unas hojas cuya obtención representan un reto más para nuestro mundillo que, si ya de por sí el cultivo de esta planta es complicado, no se pueden ni imaginar la vuelta de tuerca que supone conseguir que, encima, el tabaco sea orgánico. En La Boutique del Fumador hemos publicado, en el pasado, alguna entrevista con Néstor padre contándolo y en Cigar Journal de junio sale una entrevista con Néstor hijo dando detalles.

El Reserva 1898 lleva alguna hoja de orgánico (sin especificar cuál), pero ese no es su fuerte. La capa, como las cultivaba Don Sixto, es de un precioso carmelita oscuro seleccionado, aceitosa, brillante y prometedora. Uno se puede pasar un rato acariciándola antes de prenderla. Es más: yo os recomiendo que lo hagáis, porque un cigarro, un buen cigarro, se empieza a fumar con las yemas de los dedos. Ese tacto de talco recién puesto comienza a activar las pupilas, es como el arranque de la máquina, el calentamiento, el camino de la taberna. Leo, y no me extraña, que es una capa de semilla Corojo sembrada en Jalapa, Nicaragua. La Corojo es una semilla cabrona, que lo sepáis. Es del tipo havanensis, pero pocos la quieren trabajar porque su rendimiento es bajo, su planta es pequeña, se expone a quebraduras fácilmente pero su resultado es brillante, apabullante y, en fin, enormemente caro.

La Corojo hoy por hoy es una de las más apreciadas joyas entre las capas. Por eso los gringos se pegan por ella. ¡Ay estos gringos que no saben nada de tabaco! ¡Qué va! (Esto es una ironía, Juan).

En su interior, tabacos de Honduras y Nicaragua están dispuestos a desmentir, a todos aquellos que se presten a creerlo, que existen caminos transversarles entre lo que ya es sabido y está más que demostrado y lo que se ignora por completo. Sabores y aromas distintos, un rato en el que el tabaco acompaña, no perturba, no protagoniza, no centra la conversación, sino que la engrasa, la hace fluir, la aromatiza con su perfume amargo y delicado, elegante como el cacao, profundo como el cedro, persistente como el ozono, el olor de la tierra antes de la tormenta.

Es una opción diferente que hará que, si tienes un fumador de cigarros cerca, se llegue a ti a preguntarte qué estás fumando.

Una delicia que, sin embargo, te deja con ganas de más. A pesar del formato, yo no veo que sea un cigarro para un gran fumador después de una gran comida o cena. Entiendo que puede satisfacer mejor a alguien que está buscando un acompañamiento amable o un aperitivo fuerte (como hice yo, que me fue perfecto) o si eres muy guajiro rehuevón, un robusto de madrugada.

Eso ya, de nota. Y con Flor de Caña no te digo nada y te lo he dicho todo.

En sabores está muy bueno, quizá algo cojo de evolución. Se pasa uno la fumada esperando a que explote el cigarro, pero lo cierto es que no va a más. Es amable, lineal y punto. Y no necesita más. Recomiendo buscarle su momento en el día que es, para mí, insisto, el aperitivo.

Esa cosa a la que en España todavía nos aferramos mucho de que un cigarro es un tío vivo de sabor, cada puro es una sorpresa (“¡El mío sabe a naranja!” y “¡Coño! ¡Pues el mío sabe a limón!“) es muy discutible. Dos cigarros, independientemente de su procedencia, sobre todo si vienen en la misma caja, tienen que saber igual o muy parecidos. Lo demás es mito o ganas de que despidan a un maestro tabaquero.

Esto será tema para otro día, lo prometo, con anécdota graciosa incluida.

De fortaleza media, me voy a ahorrar cualquier comentario con respecto a la construcción, el tiro y la combustión porque para qué. Da gusto fumarlo. Tampoco me voy a meter en matices, eso se lo dejo a los buenos, pero sí os voy a decir que yo me lo fumé en exquisita compañía (dos rubiazas de quitar el hipo y un buen amigo), tomándome un Campillo Crianza, ese vino de Rioja que me encanta y que es más seguro que la Sepulvedana, con rayo de sol filtrado entre las nubes que me permitió sentirme, por un día, capa corojo.

PLASENCIA RESERVA 1898 ROBUSTO
Longitud: 120 mm
Cepo: 52
Tripa: Honduras y Nicaragua.
Capote: Nicaragua
Capa: Semilla Corojo – Jalapa  (Nicaragua)

Categoría: Segemento Medio – Puntuación – 8’25.

Punto fuerte: increíble capa Corojo que ya te da media fumada antes de encenderlo. Lo siento, y siento ser pesado con este tema, pero la capa es sagrada. Todo cigarro que se presente con una capa así, ya merece cuando menos la oportunidad de ser fumado.

Punto débil: plano en evolución, lo cual a mí nunca me ha parecido un defecto del todo, pero sí es verdad es un cigarro de una fortaleza media, con un sabor muy definido y que uno espera un poco más de él.

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