Procigar 2019. Día 2. Música, maestro

No sé si muchos de vosotros sabíais que Ernesto Pérez Carrillo es músico. Tocaba la batería en un grupo y andaba por ahí, en los años 80, dándole que te pego a los palillos cuando su padre, Ernesto Pérez Carrillo, que estaba bastante enfermo, le llamó para decirle que iba a vender la compañía. Ernesto Junior, este señorazo, no había cumplido aún los 30 años.

Era su único hijo. Ellos eran tabaqueros cubanos de larga tradición. Su padre tenía una fábrica en San Antonio de los Baños, la misma ciudad donde está hoy el Instituto Cubano del Tabaco. Su marca se llamaba El Crédito. Pero, además, estaba metido en política, con Batista, así que cuando triunfó la Revolución, en 1959…

Todo esto no es nuevo. Lo que es nuevo es que Ernesto Pérez Carrillo dejó «esa mierda de música», que le decía su padre y que seguramente era su vocación juvenil irrenunciable, para hacerse cargo de la fábrica de cigarros que su padre había levantado con mucho esfuerzo, de la nada que le había dejado la Revolución Cubana que, además, lo hizo pasar algún tiempo en cárceles castristas. En cuanto pudo, cogió a su mujer y a su hijo y se instaló en la Pequeña Habana, en Miami.

Todo esto no es nuevo, repito, ni es algo que sólo le sucediera a los Pérez Carrillo. Lo que es nuevo es el espíritu con que el hijo sucedió a su padre. Una mentalidad nueva, abierta, dispuesta a probar, a equivocarse, a rectificar. En 2004, creo recordar, Ernesto cumplió un viejo propósito: traer sus cigarros a España para que los fumaran los españoles, a los que considera unos entendidos. Su cigarro, El Crédito, ya lo fabricaba la General Cigars y era nuevo. Distinto. Un cigarro dominicano como ninguno otro que hubiera venido antes a España.

Yo, desde luego no era un entendido, pero no paré de decirlo. A las pruebas me remito CLIC y voto a Pedro Rosado.

Este año vuelve a España y premiado, nada menos, como el Mejor cigarro de 2018 por la revista Cigar Aficionado con Encore. Esta maravilla

Esa capita sumatra sungrown que, bien trabajada, es un gustazo de tabaco, que te llena la boca de sabor con una ligada de tabaco nicaragüense pero fuera de todo tópico, porque Ernesto Pérez Carrillo hace sus cigarros y está deseando que te gusten, pero no los va a cambiar. Son distintos a todo y no necesitan compararse con nada. Complejidad, sabor, evolución dulzor, un amarguito delicado en el paladar, un humo cremoso y levemente especiado (pero no picante, especias), un toque cítrico…

Ernesto no ha dejado la música. Cambió de instrumento, dejó los palillos de la batería (¡se despalilló!), pero ahora compone sinfonías.

Y como la cosa iba de música, nos hemos ido a visitar a PDR Cigars, Abraham Flores. Jejeje… ¿Queréis ver su despacho?

Ahí lo tenéis. Ligando tabacos en la mayor. Y aunque en Burkina [J’Adore] The Revist somos sordos de una oreja, pero carecemos de vergüenza…

Es genial porque no sólo es buen músico Abraham, que toca el bajo como un maestro (no como yo la guitarra), es que además todo el peso que ha perdido, ¡lo he ganado yo!

Aunque no lo parezca, estamos trabajando duro. Luego, si tengo un rato, os cuento el pedazo de puro que me he fumado mientras me desgañitaba con Abe a quien, lo he dicho ya muchas veces, pero insisto, lo considero uno de los mejores ligadores de tabacos y con la misma filosofía que Ernesto: cigarros de autor, su propuesta, su composición, su música de jazz.

Y un rato bueno, bueno que hemos echado allí… Salvo cuando he empezado a cantar yo, pero, es verdad, me he venido arriba. Música maestro.

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