Procigar 2019. Día 1. Viaje al pasado

Cuando me preguntan si tengo facilidad para dormir en el avión siempre pienso lo mismo: yo sí, los que están a mi lado… Ronco. Mucho. Ronco desde que me subo al avión. He desarrollado una especie superpoder que muchos envidian, y no me extraña: me monto en el avión, me acomodo en mi sitio, me abrocho el cinturón de seguridad y, ¡tacatá!, me quedo fritanga. Sin tregua. Sin piedad con quien está a mi lado. Anoche me vine a República Dominicana, ocho horas y pico de vuelo, para el festival Procigar, el mejor festival de cigarros del mundo, y no creo ni que el avión hubiera arrancado todavía cuando yo ya estaba roncando.

Así que llegamos a Santo Domingo, Raimundo de los Reyes y yo, y no me había enterado. Esa especie de agujero de gusano que es un trayecto transoceánico en avión, pasó por mí sin que yo pasara por él. En el aeropuerto, en inmigración, vi la primera señal de un pasado, el de mi trabajo en La Aurora, que aún permanecía intacto: a República Dominicana te recibe un anuncio de Preferidos de La Aurora que yo quería haber cambiado. Le llamaba «Los dildos». Es horrible y ahí sigue. Nadie lo ha cambiado. Un póster enorme lleno de tubos de cigarros más o menos sexys en el que sólo falta un texto que diga «Pilas sumistradas aparte». Yo quería haberlo suprimido para poner un bonito campo de tabaco y un lema: «La Aurora-León Jimenes le da la bienvenida a la República Dominicana, el país del tabaco«.

Porque ésa es la verdad: estoy en el país del tabaco.

El país que más cigarros premium fabrica del mundo. Y el que más exporta.

Esta mañana no había opción. He agarrado a Raimundo y me lo he llevado a La Aurora. No es una cuestión de negocio. Aquí no se viene a hacer negocio. Se viene a vivir el tabaco y de eso, en La Aurora, saben un huevo.

Ya en La Aurora, no me he llevado más que abrazos, como pasaporte obligado para un viaje al pasado. Todos me recuerdan, y yo a ellos, y quienes no me conocieron, han oído hablar de mí y eso, amigos, da mucho, mucho gusto. Ha sido como volver a casa. Me he tomado mi cafesito en la oficina de Manuel Inoa

En la tienda estaba Eduardo León, el sobrino de Guillermo, que me ha vuelto a recordar la vez que, haciendo él el camino de Santiago, se quedó sin puros en León y que yo, por teléfono, le conseguí una caja de La Aurora 107.

Llegué al estanco y dije que iba de parte de Javier y el estanquero me dijo, «Ah, sí, tome» y me dio una caja de puros y cuando la fui a pagar no me la quiso cobrar. «Está pagada», me dijo.

Grande Eduardito. Qué gran tipo.

Y después ha llegado el inefable Eugenio Polanco.

Este hombre se hace el tour de la fábrica en cinco idiomas. Y flipas. Antes de arrancar, para poder ver una fábrica de tabacos como Dios manda, nos han ofrecido unos Preferidos Camerún Robusto.

Entramos en el showroom y lo primero que hace Eugenio es ponerme el vídeo e irse, que es su costumbre, yo lo entiendo, es lo que hace con los turistas que acuden en gran número a ver la fábrica, pero cuando regresa me dice: «Pensaba que estabas viendo el…» y antes de acabar la frase se da cuenta de que ese vídeo lo hice yo, que yo participé activamente en todo el montaje del showroom de La Aurora.

Y os digo una cosa: merece la pena. Merece mucho la pena. Si vienes a Santiago de los Caballeros, no puedes perderte el tour de la fábrica de La Aurora. Aquello que hicimos, en lo que yo metí tantas horas, quedó muy, pero que muy bien: te explica todo el proceso del tabaco de una forma práctica y pormenorizada y se entiende todo muy bien, muy claro, muy directo, muy visual. Y, no es por nada, pero llegar y ver que ahí siguen mis textos y mis fotos (porque algunas de esas fotos las hice yo con mi cámara), da mucha satisfacción.

Siento decirlo así, pero ha sido un pequeño viaje al pasado, un viaje al centro del ego.

Después hemos visto la moja, el rezago, el despalillo, la confección de bolas, la sala de los barriles…

donde el tabaco se extra añeja, todo el tabaco, antes de ser seleccionado para ir a los torcedores. Casi todo está como yo lo dejé y, claro, me ha dicho Wascar Aracena, el brand ambassador de La Aurora, mi hermano: «Si sigue como tú lo dejaste es que está bien hecho«. Será, aunque yo le aplico otro baremo: quizá es que otros no le dan la importancia que yo le daba y tiene otras prioridades, pero incluso lo que dejé pendiente, ¡sigue pendiente!

Y pendiente estaba, por supuesto, tomarme ese cafesito con mi pana Manuel Inoa. Este

Que me ha regalado unos caramelitos de esos que no se consiguen y que yo, gustosamente, compartiré con quien me mande un vídeo para Burkina The Hat. Ya tengo cuatro vídeos, por cierto, pero son pocos. Y esos cuatro señores, tendrán su caramelo.

He tenido la oportunidad de saludar a muchos amigos, pero, por supuesto, al gran Luis López, una institución en el mundo del tabaco, que me ha regalado unos monos. Los monos son un producto muy especial y lo tienen todo para ser un cigarro de éxito: tradición, nombre, tabaco… Son estos.

Después nos hemos ido a la sala Fernando León, un cigar lounge con un ventanal precioso desde el que se ve buena parte de la fábrica. Todo eso lo inauguramos cuando trabajaba yo en La Aurora, en 2015, y me entusiasma ver que sigue igual, que no ha cambiado nada porque, en cierto modo, y así me lo han dicho Wascar y Eugenio, es un poco obra mía. No sólo mía, desde luego que no, de mucha gente, pero también mía.

Nos hemos fumado un Diamond, La Aurora 1903 Robusto Diamond, con una preciosa capa broadleaf maduro. Un cigarrazo que es pura dulzura, allí sentados, con Wascar, disfrutando de una pequeña estación del pasado. Y es curioso que pasa el tiempo, y han pasado ya tres años, y sólo recuerdo lo bueno: cómo me gustaba pasearme por la fábrica todos los días, saludando a la gente, repartiendo sonrisas, con el olor del tabaco trabajando metido en la nariz y el ajetreo loco de una fábrica en la que trabajan cada día más de mil personas.

Al final, por supuesto, hemos ido a saludar a Guillermo León. Dos minutos. No más. Sé que está muy ocupado, pero sólo quería decirle que, por un momento, he vuelto a casa.

5 comentarios de “Procigar 2019. Día 1. Viaje al pasado

  1. Diego J. Galán dice:

    Buenas,
    Disculpa por repetir la pregunta pero me he dado cuenta de que he hecho la pregunta en una entrada de noviembre.
    Si no me equivoco PROCIGAR y El Festival del Habano se celebran en la misma semana. ¿Es por cuestiones de competencia o ha sido casualidad este año?
    Un saludo y gracias por regalarnos Burkina

  2. Diego J. Galán dice:

    Gracias Javier, por tu contestación. Eso mismo pienso yo, aunque como en todos los negocios la competencia es palpable, creo que la gran variedad y posibilidad de probar tanto y bueno hacen que el tabaco o los cigarros premium no sean un producto que se ciñan a una monopolización en un cliente de un determinado cigarro o marca. Creo el aficionado lo que quiere es probar cosas diferentes lo cual no está reñido con la preferencia de cada uno sobre una determinada marca o puro. No creo que un cigarro descarte a otro. El tabaco premium es una afición de búsqueda no de encuentro.
    Perdón por la parrafada y un abrazo.

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