Ración cuádruple

Que me gusta una buena juerga más que a un tonto un pizarrín y no lo puedo evitar: soy de los que se lían fácil, de los que apuran el vaso hasta que el último aliento empaña el cristal del culo. Como decía mi amigo Sergio Galindo, si voy por la carretera y veo la señal de «Atención: bandas sonoras», me pongo contento porque me figuro que estamos alcanzando a la charanga. Y esta semana he tenido ración cuádruple y, aunque sé por dónde empezar, no creo que tenga horas para contarlo todo.

Es falta de tiempo, no censura. Os confieso que, por desgracia, todo lo que he hecho esta semana se puede contar. Lo que he pensado ya… Pero nadie está a salvo de sus temores ni de sus deseos.

El jueves noche, fumamos el nuevo Quai D’Orsay 54 (VG Edmundo Grueso. 135 mm x 54) en la cena del Club de los 100 Puros en De La Riva, un lugar castizo y recomendable, de los mejores para probar la casquería madrileña (que es lo típico) y para pasar un buen rato, a pesar del madridismo irredento de su propietario, Pepe Morán.

SI QUIERES INFORMACIÓN SOBRE QUAI D’ORSAY SIGUE ESTE LINK

Las cenas del club de De la Riva siempre tiene un toque especial: el de la cuerna de caza que usa Pepe para hacer callar a la gente cuando alguien, ya sea el presidente del Club, Bernard Soulier, o el brand ambassador de la marca de destilados invitada, se disponen a dirigirse a los asistentes.

El jueves me llevé una alegría al entrar en De la Riva porque, aunque ya tenía noticia de que cenaba con nosotros, me encontré frente a frente con Carolina Gómez, brand ambassador de Glenrothes que es una mujer fantástica y muy divertida que garantiza un rato muy bueno de risas y whiskies.

Pues ración cuádruple.

No me lo pensé: busqué sitio a su lado y del otro brand ambassador, Jesús de los Mozos, al que no conocía, porque esta gente siempre te desasna en materia de maltas. Estuve charlando mucho rato con Jesús sobre ese mundo del que estoy deseando conocer más porque me da la impresión de que, como en el tabaco, tiene esa profundidad que sólo la excelencia ofrece y que hace que cuanto más penetras, menos sabes.

Nos trajeron cuatro whiskies con la idea de acompañar la cena con cuatro propuestas diferentes para aperitivo, primer plato, segundo y postre y, la verdad, después de pensarlo mucho, pero mucho, no sé con cual quedarme.

A Auchentoshan el único defecto que voy a ponerle es que pedirlo en la barra de un bar, con ese nombre gaélico, pero que parece armenio, es difícil incluso en la sobriedad. Lo tomamos de aperitivo con el Rafael González Márquez Petit Corona (¿o era Perla?)… En cualquier caso, mil veces referenciado en Burkina The Revist como excelente cigarro de apertivo

SIETE CIGARROS, SIETE PECADOS DULCES

Auchentoshan (me quedaré con el nombre Jesús, te lo prometo, soy torpe pero tenaz) fue una gratísima sorpresa. El más delicado de lo cuatro, el más suave, pero, al mismo tiempo, el más sabroso, con un intenso avainillado largo que acompañaba muy bien al puro, pero también al jamón, que, con su untuoso umami, te dejaba la boca perfecta para el trago y le aportaba al whisky cuerpo y contraste. Delicioso. De lo mejor de la noche. Es un whisky urbano, destilado (tres veces) en Glasgow, es decir, de las Tierras Bajas.

Con el primer trago, me pareció algo yodado, medicinal, una característica que, tal vez, sea más propia de la turba recogida en las costas de las Hébridas. Jesús fue prudente y no me quiso llevar la contrario, aunque él, y su criterio es mejor que el mío (que no tengo ninguno), no lo encontraba. Al rato, me di cuenta de que el aporte salino en boca me venía del jamón y, joder, lo complementaba muy bien, porque le daba una complejidad fantástica.

Muy bueno Auchentoshan. Leed lo que dice Jesús Bernad en su guía de whiskies Spirits International

Después, Jesús y Carolina nos llevaron de la mano a Irlanda donde, al parecer, sólo quedan tres destilerías vivas, con este Connemara turbado y diferente, con un sabor muy original en el que prima un ahumado contenido que no lo ocupa todo y que da pie a otros sabores más delicados, dulces, melosos y florales. Me gustó mucho también. Es diferente.

Según parece, Kilbeggan es la destilería más antigua de Irlanda y ahí entramos en la discusión de si el whisky lo inventaron los irlandeses o los escoceses, en la que yo no tengo nada que aportar (porque no tengo ni idea), pero me vino a la cabeza la última noche que pasé en Edimburgo. La ciudad estaba invadida de irlandeses (borrachos) quienes, abrazados a una tropa también numerosa de escoceses (borrachos), velaban la noche antes del partido del Cinco Naciones (hoy Seis, entonces Cinco) que enfrentaría al día siguiente a Escocia e Irlanda en el mítico Murrayfield.

No ignoraba que el señor que estaba sentado a la derecha de Carolina, de nombre Oliver, era inglés y por eso intervine en la discusión:

En verdad no importa -dije-, si el whisky se inventó en Irlanda o en Escocia. De hecho, estoy convencido de que un irlandés y un escocés discuten sobre ese asunto no más de cinco minutos para llegar a una conclusión que reconcilia ambas posturas. ¿Sabéis cuál?
No -dijeron.
¡Muerte a los ingleses!

Jesús Bernad, en Spirits International, califica el Connemara como EXCELENTE. AQUI.

Para la carrillera que elegí yo de plato principal, gelatinosa y exuberante de sabor, Carolina y Jesús pusieron sobre la mesa el Bowmore 12 años, el Islay más antiguo de todos, con su turba, su yodo y su cuerpazo, que Jesús Bernad también califica de EXCELENTE, porque lo es. Tanto, que mi amigo Eduardo Mateos, que me acompañó a la cena, decidió abrazarse a él.

En la foto salimos horribles (cosas de estos cepos modernos que tantos os gustan a vosotros, pero que son incómodos en boca para los que mordemos el puro como si fuera la oreja de un amor loco). Lo importante de la fotos, además de la amistad, los cigarros y el Bowmore, es que Pepe Morán, madridista irredento, como he dicho, ha puesto una camiseta del Atleti en la ventana. Y Eduardo, otro madridista (algún defecto tenía que tener), sin saberlo, posa con el rojiblanco de fondo.

Bowmore es un whiskazo que, como he dicho, le iba muy bien al sabor siempre oscuro de la carrillera, pero… Al puro se lo merendó.

Pepe Aguirre, alma, corazón y vida del Club, me aceptó de buen grado la crítica. A Pepe lo quiero, él lo sabe, tanto que este mes va en la foto de portada del bog (arriba a la derecha, junto al lema «Los puros van al cielo»).

El Quai D’Orsay es un habano suave, tal vez el más suave que he fumado, o al menos ésa es mi impresión, y hay que buscarle su sitio más a media mañana, incluso en el desayuno, y no después de una cena. Y eso que la cena no fue, en absoluto, excesiva. Fue la justa para las edades que gastamos en el club. El 54 da picante y dulce, no es muy largo en boca, y algo balsámico en nariz, pero se mantiene en una fortaleza baja durante toda la fumada y un Bowmore 12 años, con su turba de Islay anula mucho el sabor del cigarro.

Y, para rematar la noche (por si os lo estáis preguntando, fui en taxi), otra exquisitez difícil de pronunciar: Laphroaig 10 años. 93/100 puntos para Spirits International. ¿Qué os voy a decir? Que me tomé tres.

Ya había abandonado el cigarro y me había entregado a los Luckies con fruición, porque si Bowmore anulaba al puro, os podéis imaginar el «Lafroya», que es como dijo Chimo Escrig que se pronuncia el nombre en verdad, conclusión a la que ha llegado después de meses y meses de exhaustiva investigación.

No tengo que volver a decir que es una cuestión de gustos, no de calidades. La calidad es excelente y no se pone en entredicho.

Laphroaig 10 años es también Islay y, como corresponde, ahumado, intenso en la turba que se usa para maltear la cebada que, además, como es una destilería que está pegada a la costa, tiene una salinidad muy viva y el característico toque de yodo, algo medicinal, que a mí siempre me recuerda a lo que dijo una vez el gran Abraham García: «Sabe a travesera de ferrocarril«.

Como podéis comprender, estoy deseando volver a encontrarme cono Carolina y Jesús. De hecho, el 1 de junio me voy a Nicaragua con el Noi y El Viejo Continente y, a mi vuelta, hemos quedado en juntarnos los tres e investigar entre el humo de los puros y los efluvios del whisky, antes de que los ángeles se lleven su parte. Ya lo dice Rainer María Rilke en sus elegías de Duino:

«Todo ángel es terrible«.

6 comentarios de “Ración cuádruple

  1. Julio Alberto Heredia dice:

    Precisamente le dimos fuego a los Quai D’Orsay 54 el sábado y coincido contigo, quizá sea el habano más suave que he probado jamás, en mi caso siguió a una copiosa comida y acompañó a un Lepanto O.V. me dejó tan a medias que hubo de echarle mano a unos H. Upmann añejados que estaban a mano. Un cigarro agradable pero para disfrutar una mañana con un café mientras se mira a todo y a nada.

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