Winston Churchill Late Hour Churchill: cigarro de mayo de 2019

Voy a dejar de lado, por un rato, El Noi Tours, para cumplir con uno de los compromisos que me he hecho a mí mismo en Burkina [J’Adore] The Revist: ponderar debidamente la mejor fumada del mes de mayo. Contarás cuál ha sido el cigarro que más me ha gustado y por qué en el mes que acaba de terminar. El cigarro de mayo de 2019.

Y no ha sido fácil. De verdad que no. Este mes de mayo se ha dado la circunstancia de que he fumado mucho, más de lo normal, y muy bueno y decidirme por uno no es sencillo. Pero, sobre todo, ha habido dos tabacos que aún ahora, que ya estoy decidido, antes darle a «publicar» la entrada, estoy dudando… porque el Winston Churchill compite con un grandísimo habano.

Pero está decidido.

Me vais a decir que soy muy de Davidoff, y es verdad que lo soy (mucho). Es una marca que me ha gustado siempre, por muchas razones, y porque hace su propuesta con calidad indiscutible, seriedad incuestionable y elegancia.

Sobre todo elegancia.

Eso yo lo valoro mucho. Así que sí, Davidoff es una camiseta que me pongo con gusto, tantas veces como sea necesario, porque es una gran marca. A ti te puede gustar más o menos, no hay pega en eso, pero esas tres virtudes, calidad, seriedad y elegancia, están escritos en el ADN de cada uno de sus puros.

DAVIDOFF WINSTON CHURCHILL LATE HOUR CHURCHILL

Quizá sería bueno empezar por un prejuicio, es decir, por un juicio o una opinión anterior al conocimiento: el viernes, 31 de mayo, día mundial sin tabaco, quedé a fumar, como tantos viernes hago, con mi amigo Eduardo Mateos, en la terraza del Trotaconventos.

Esto es De La Riva, en la cena del Club 100 Puros

Llevaba unos cuantos viernes faltando y tenía muchas ganas, la verdad. Es un rato muy bueno y quería bajar algo que diera garantías de que nada, nada, iba a fastidiarlo. Por eso digo que hay que partir de un prejuicio: Davidoff nunca falla. Eso lo sabía yo antes de encenderlo.

Revolví bastante en el humidor de casa antes de bajar, pensando en que tenía que bajar el mismo cigarro para los dos, y aparecieron allí, en una de las cajas, brillando con su anilla negra y su preciosa capa habano Ecuador, oscurita, tersa y grasa.

Era el ideal para compartir con Eduardo porque, otro prejuicio mío: en mi humilde opinión, hoy por hoy, es el mejor cigarro de Davidoff en el mercado. Este, con este formato 178 mm x 48 que dan una fortaleza media a fuerte, que activa todos los sabores de la boca, no puede ser más complejo, con matices dulces florales y tostados, con cítrico en los lados de la lengua, un picantito elegante que va y viene y un humo cremoso y denso que proporciona una untuosidad larga como la del cacao.

Un cigarro que hizo que Eduardo callara y que, sublimado, sólo fuera capaz de decir, de vez en cuando:

¡Qué puro más bueno, Javier!

Atolondrado como sólo se queda un hombre ante la máxima belleza, concentrado en el cigarro, como un boxeador antes del tercer aliento.

Yo lo acompañé con un gintonic de una ginebra excelente, london dry, que también sé que siempre está a la altura (otro prejuicio): Fifty Pounds con Schweppes premium tonic y una rodadura de lima. No le aporta nada a la fumada, pero te limpia la boca con esa burbuja chiquitica y cremosa, te refresca y te da descanso para volver al ring.

Son 18’00 euros bien gastados. Una maravilla que obtuvo seis votos en El Pepinazo 2018, que le hicieron ocupar el puesto 25 del ránking. Capa HVA Ecuador, capote San Andrés (México), tripa nicaragüense y dominicana.

EL PEPINAZO 2018. TOP 25

¿Tú qué dices, Eduardo?

¡Qué puro más bueno, Javier!

Se ha queda pillado. No me extraña.

PARTAGÁS SERIE D ESPECIAL EDICIÓN LIMITADA 2010

Como hago siempre, por aquello de que la decisión me sea menos dolorosa, porque elegir es descartar, acompaño al cigarro del mes con otros dos cigarros que han merecido, al menos, la mención.

El Partagás Serie D Especial Edición Limitada 2010 lo tenía todo para ser cigarro del mes también. Primero, fue una fumada excepcional. Habano puro, llena de sabor, con una fortaleza un poco domada por los años, pero aún media, equilibrado, dulce como sólo un buen habano puede ser.

Me lo regaló un buen amigo al que quiero mucho, Javier Rodríguez Lera, por mi cumpleaños; me lo fumé con unos amigos el domingo 12 de mayo, después de comer unas paellas en la terraza de casa de mis suegros. Lo regué bien, pero bien, con ese whisky Auchentoshan que, con su calma de espirituoso urbano, complementaba a la fumada con una armonía perfecta.

Tan perfecta que me bebí media botella en plan Capitan Hadock. Whiskazo.

Banda sonora de Extremo duro con Ángelico a la guitarra y voz.

Es un gordito, 141 mm x 50, 100% Vuelta Abajo Cuba, con el añejamiento extra que se da a todas las limitadas de Habanos más los años que ha pasado en el humidor de Javier; que salió al mercado a un precio de 13’55 euros y al que el paso del tiempo le ha dado un equilibrio y una redondez fantástica y, encima, me daba pie a recordaros que si no votáis al concurso de las limitadas de habanos, mi perro os va a arrancar la carótida.

CONCURSO DE LAS LIMITADAS DE HABANOS.

En fin. Como veis, lo tenía todo para competir con el que, finalmente, he elegido y la decisión no ha sido nada fácil, porque ambos me han ofrecido una tarde memorable y este Partagás es un gran, gran, gran tabaco.

Pero, al final, la lógica me ha podido: este Partagás ya no lo vais a encontrar. No hay.

BELLAS ARTES MADURO

Ha sido, como digo y por suerte, un mes de mayo prolijo en buenos tabacos. Tanto que me voy a decidir por razones circunstanciales por un cigarro que ha llegado muy limitado a España y que está sensacional. Bellas Artes Maduro Toro de AJ Fernández.

Que el cigarro esté bueno, equilibrado en fuerza y sabor, y es fuertecito, que dé sabores oscuros y cremosos, tostados, cacao, aroma a establo, a cigarro bien fermentado, complejidad y fuerza… Todo eso es esencial y es innegablemente un enorme tabaco pensado para fumadores de puros.

Pero la circunstancia fue determinante. Dispuesto, como estaba, a ponerme a trabajar en la terraza de mi casa, en cuanto lo encendí, quizá porque yo no tengo costumbre de fumar currando, me tuve que poner un gintonic de Bombay

Y agarrarme a la mejor novela que he leído este año: «Ordesa», de Manuel Vilas, para invertir la tarde en algo que es tan importante como entregar mis encargos a tiempo: yo mismo y mi salud mental. Un maridaje a tres que lleva la armonía a nivel poético, a mi propia esencia de rapsoda, de cigarra… Espero que cuando llegue el invierno, la hormiga de mi casa que es mi mujer, no me deje en la calle.

Pero me voy a arriesgar.

Capa Arapiraca, Brasil; Capote San André, México; Tripa, Nicaragua. Precio 14’50 euros. Vino muy limitado y no creo que queden muchos, pero aún llegas.

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